Ya sea en grabaciones o de forma directa, muchos hemos observado desplantes deportivos que alcanzan un nivel y una plástica tales, que se les llega a referir como verdaderas “pinceladas” del juego: genialidades pocas veces vistas; movimientos que provocan un efecto de belleza entre sus espectadores.

Otros incluso van más allá y afirman que determinadas disciplinas deportivas constituyen un arte por sí mismas –con figuras y valores estéticos definidos–, de manera que quienes las practican se introducen en el ejercicio de técnicas deportivas y artísticas a la vez; un ejemplo sería el caso de aquellos considerados gimnastas, patinadores o nadadores, “artísticos”.

¿En qué se distinguen arte y deporte? Los registros de este último se remontan hasta 4000 años a.C.; se considera que en las culturas antiguas el deporte cumplía con diversas funciones sociales, tales como el entrenamiento para la batalla, la honra a los dioses, el desarrollo de habilidades, etc. El arte, por su lado, también ha sido vinculado con ciertas funciones sociales, que se distinguen con claridad de las del deporte: el teatro para los griegos era concebido de un modo diferente a como lo eran las olimpiadas; la Capilla Sixtina y el Coliseo representan cosas diferentes para los romanos, lo mismo que el Louvre y el estadio del Paris Saint-Germain para los franceses.

Estos espacios manifiestan formas y técnicas disímiles, y son interpretados de manera distinta por las personas que se introducen en ellos o que pasan caminando a su lado. En este sentido, del arte se ha dicho a través de la historia que debe obedecer a fines identitarios, deconstructivos, revolucionarios, hedonistas, expresivos, etc., mientras que del deporte se suele decir que fortalece lazos comunitarios y habilidades de competencia. Socialmente, arte y deporte son investidos con discursos que les distinguen como instituciones independientes una de la otra.

Tomando en cuenta lo anterior, cabe preguntar ¿en qué punto arte y deporte se vuelven más próximos? ¿Cómo pueden llegar a ser desplegados juntos?

Para realizar su acto, una bailarina de ballet requiere primordialmente del cuerpo y de las técnicas de la danza, al igual que una competidora de gimnasia rítmica. Sin embargo, la interpretación de ninguna trascenderá en el mundo del arte si no es a través de una técnica depurada, que les permita imprimir un matiz personal a cada movimiento y gesto, de modo que se proyecte perfectamente el argumento planteado en los ensayos y además se transmita un estilo.

Aún con toda la pasión y el genio asociados al personaje, si Beethoven se hubiera plantado como director ante una orquesta teniendo ninguna formación musical, poco habría alcanzado a producir que fuera considerado gran arte. Por el mismo motivo, tampoco puede decirse que los cientos de estudiantes que ingresan a las academias de música, pintura, danza… sean artistas desde que toman la primera lección, como no puede afirmarse que esté haciendo deporte profesional cada aprendiz que ingresa en una escuela de taekwondo, gimnasia, soccer, etc.

El arte nace entre estas multitudes cuando alguno se apropia una técnica hasta tal punto, que es capaz de dominarla y jugar con ella, llevándola a desplegar figuras nunca antes vistas ni imaginadas por los espectadores. Entonces aparece Nadia Comăneci realizando un salto perfecto, Lionel Messi anotando un gol definitorio y Michael Jordan encestando como solía hacerlo.

La “diferencia” es la ocupación primordial del artista que supera a la técnica, porque a esta última la transforma y la lleva hacia nuevos horizontes. En el deporte, el arte aparece con intempestividad y violencia cuando lo hace, pero siempre es una fuerza que genera belleza por medio del movimiento y la forma, que le son conferidos por un estilo conquistado a través de la práctica, con el potencial plástico para desplazar a la técnica.

Del cuerpo puede decirse que posibilita la existencia misma del deporte y del arte –de la cultura, la sociedad y aún del pensamiento–, ya que el mundo se vuelve real a través del cuerpo, que crea formas y juega con ellas, habitándolas y luego superándolas.

El cuerpo es la entidad en que arte y deporte coinciden con mayor fuerza, porque cuando en el deporte llega a haber desplantes plásticamente notables, sucede que un cuerpo imprime su imagen en la memoria del público por poseer un estilo definido y diferente, que además transmite un sentimiento estético.

El elemento lúdico que implica crear formas y luego transformarlas; la superación de la técnica a través de su dominio y su desplazamiento; la potencialización de un cuerpo que puede llegar a proyectar una imagen bella… Son algunos elementos que deja la reflexión sobre el surgimiento del arte en ciertos momentos del deporte, considerando que ambos terrenos han sido siempre “piedra de toque” de las culturas.

Nadia Comăneci, 1977.

Nadia Comăneci, 1977.

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