Resumen

El presente artículo es una reseña general de las reflexiones permanentes del pensador alemán Boris Groys (cuyos dos últimos libros de 2015 y 2016 han sido publicados en castellano con los nombres Volverse públicos y Arte en flujo respectivamente). Como pretexto de la revisión de sus dichos en un artículo de 2010, reflexionaremos sobre el estatuto del arte y la especificidad de lo estético en el contexto de internet y redes sociales.

De este modo, pondremos como anticipación de trabajos futuros, las bases de una reflexión que, creemos, puede ser valiosa en el marco de una readaptación de categorías analíticas para el momento actual. La globalización  y los procesos culturales que se dieron en llamar “posmodernos” han quedado cualitativamente desfasados respecto de las formas y contenidos en que manifiestan hoy los sujetos sus aspiraciones expresivas. Así obtendremos más variadas y ricas tradiciones filosóficas y de pensamiento puestas al servicio de una actualización de sus premisas que no por nuevas impliquen un desfasaje en lo referente a sus concepciones más importantes.

 

Abstract

The present article is a general review of the permanent reflections of the German thinker Boris Groys (whose last two books of 2015 and 2016 have been published in Spanish with the names Go public and Art in flow respectively). As a pretext for the review of their sayings in a 2010 article, we will reflect on the status of art and the specificity of the aesthetic in the context of the internet and social networks.

In this way, we will put as anticipation of future works, the bases of a reflection that, we believe, can be valuable within the framework of a readaptation of analytical categories for the current moment. Globalization and the cultural processes that came to be called “postmodern” have remained qualitatively out of date with respect to the forms and contents in which the subjects express their expressive aspirations today. In this way we will obtain more varied and rich philosophical and thought traditions placed at the service of an update of their premises that, not by new ones, imply a lack of alignment with regard to their most important conceptions.

 

Todo es cambiante, todo está en riesgo y nada está garantizado

Groys, 2017

El presente artículo introduce con suma brevedad una característica propia de la actualidad: la duplicidad individual en la utilización expresiva de las redes sociales e internet, y cómo la función del arte cambia de estatuto, requiriendo más que nunca de una adaptación categorial para la nueva era.

Con la excusa de la publicación por parte de Caja Negra Editora de dos libros del autor germano, Boris Groys (Volverse público del 2015 y Arte en flujo  de 2016), nos parece importante aportar a la reflexión general sobre el estatuto del arte un aspecto obliterado o poco mencionado como es la necesidad de una renovación categorial que, sin perderse en los laberintos de una nominalidad que no considera el orden social, permita abordar críticamente el proceso actual de la expresión y relacionarlo con el contexto social del que proviene.

 En un artículo de 2010 denominado “Marx después de Duchamp”, el pensador alemán reconstruye la experiencia del cuerpo en el arte y cómo la explotación del artista muta sobre la aspiración tradicional de la explotación, y analiza el estatuto del cuerpo y el arte en la era de las redes sociales e internet.

Hasta aquí, nada nuevo. La vuelta que le da Groys y que resulta imperiosa e interesante para pensar la actualidad, es este “semblante”, esta “simulación” (como dirían Lacan y Zizek respectivamente[1]) respecto del propio cuerpo, y cómo la actualidad lleva al paroxismo en sus posibilidades técnicas la puesta en escena del “otro de mí mismo” que anida en todo ser.

Es decir, lejos de agotar las explicaciones globalizadoras o de web 2.0 como parte de una mutación de orden estructural del sistema capitalista como manotazo de una crisis del capital que la obligó a desarrollar un sistema comunicativo global (que también lo es), aquí partimos de reflexionar sobre la perspectiva filosófica de un desempeño tecnológico que, además, es una mutación cultural (Baricco, Umberto Eco).

El cuerpo -del trabajador, del artista, del sujeto- como no podía ser de otra manera, no escapa a las tendencias desgarradoras aunque novedosas de este nuevo esquema cultural. Si bien Jameson fue uno de los pioneros en la explicación contextual de un desenlace posmoderno al estatuto de la cultura, consideramos que las premisas que tendían a establecer una “tematización de sí mismo” por parte del capitalismo y una autoreeferencialidad que caracteriza a una época de “fin de grandes relatos, grandes utopías”; etc, suena incompleta a la luz actual.

Lo que embrionariamente se constituyó como las posibilidades telemáticas de comunicación a distancia y acortamiento espacio-temporal del globo que, como el dinero virtual, ya no dependen de una referencia necesariamente territorial para su desenvolvimiento, hoy lo vemos y notamos como un nuevo estatuto cualitativamente diferente que requiere en la categorización una adecuación terminológica y una crítica. En este punto se valora la obra de Groys, porque quiere demostrar el nuevo estatuto del arte basándose, por ejemplo en Volverse públicos, en la premisa marxista de que “todos somos artistas” pero cómo, al mismo tiempo, ese “todos” constituye un gesto débil a diferencia de la provocación del pasado (Duchamp, Malevich, etc).

Parafraseando a Lukacs, al no producirse una revolución social que coloque toda la disposición y la evolución técnica en manos de otra orientación social, el capitalismo, llegado un momento en su evolución y al no poder incorporar en este nuevo orden progresivo relaciones sociales acordes a la etapa, anula en la globalidad una fragmentación o hiperespecificidad de sus componentes culturales. Es decir, que la “red social” corona todo un desarrollo previo de “preparación cultural”[2] que funciona como el espacio adecuado a la mercancía[3] y en ese nuevo rumbo cualitativo la especie cultural de producción significativa de imágenes y palabras se ve radicalmente modificado también.

Cuánto hubo que suceder en el medio, entre las tendencias del “mercado mundial” unificado que ya había pregonado Marx a mediados del siglo XIX y la actualidad donde desigualmente se corona todo un proceso globalizador; sin embargo, eso es materia de otro artículo[4]. Lo que nos interesa aquí es subrayar cómo, en el propio cuerpo, la duplicidad virtual-real que añade sobrevida a la expresividad corporal-carnal manifiesta en la cotidianidad un efecto real de masas que no lo genera cualquier otra actividad humana.

Desde distintos aspectos se ha analizado la característica de internet como ventana al mundo, sea el “goce escópico” lacaniano hasta el “show del yo”[5] como representación narcisista de lo juvenil. En el caso de Groys, que mencionamos al principio del texto, directamente considera que aunque “todos somos potencialmente artistas”, la ruptura del código convencional inscripto en las vanguardias artísticas del siglo XX son imposibles de imaginar hoy “porque el formato y las reglas no las pone el artista sino internet”.  La estetización actual, en tal caso, viene dada por la desacralización del arte que permite la multi expresividad en las redes, que produce inflación de categorías otrora reputadas (artista, periodismo, estética) con la consiguiente deflación de la significación real de dichas expresiones (como diría Beatriz Sarlo, la supuesta equivalencia entre todas las propuestas artísticas –“todo es arte”- deja a los individuos disponibles para el más igualador y equivalencial de todos los espacios: el mercado[6]).

Podríamos decir en un tono dialéctico que todo progreso tiene su reverso, pero como diría Chesterton, “progreso” mismo fue malversado como concepto en tanto se pensó como irremediablemente positivo -cuando en verdad la progresión tanto la humana como la institucional siempre toma rumbo de vitalidad-desmoronamiento en su mismo andar.

Para otra oportunidad quedará la reflexión más crítica de este proceso y de quienes, en su mismo augurar un nuevo estado de la humanidad, olvidan o relegan al subconsciente social todo lo que tiene en común esta época con las anteriores: la predominancia del capital que como diría Benjamin “es quien pone el tono”.

Quedará para un próximo trabajo la consideración filosófica de los alcances y límites de la temporalidad en el arte tal como se pensaba hasta ahora, y cómo la mutación tecnológica imprime nuevas formas a las categorías heredadas.

____

Bibliografía

Barreda Marín, citado en Joaquín Cardoso, “Redes y política”, nota 2, página 109, Buenos Aires, 2017.

Lacan, Jacques, “De un discurso que no sería (del) semblante”, seminario 18, 1971.

Mumford, Lewis Textos escogidos, Buenos Aires, Ediciones Godot, 1009.

Sibilia, Paula “El show del yo”, La intimidad como espectáculo, Buenos Aires, Paidós, 2009.

Vilches, Lorenzo, “¿Es posible una estética de las tecnologías de comunicación?”, Mutaciones de lo visible. Comunicación y procesos culturales en la era digital, Buenos Aires, Paidós, 2010.

Zizek, Slavoj, Lacrimae Rareum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, Madrid, Debate, 2006.

Notas

[1] En el caso de Jacques Lacan nos referimos a “De un discurso que no sería (del) semblante”, seminario 18, 1971 y en cuanto a Slavoj Zizek al libro Lacrimae Rareum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, 2006.

[2]  Mumford, Lewis, Textos escogidos, Buenos Aires, Ediciones Godot, 1009.

[3] Vilches, Lorenzo, “¿Es posible una estética de las tecnologías de comunicación?”, Mutaciones de lo visible. Comunicación y procesos culturales en la era digital, Buenos Aires, Paidós, 2010.

[4] Leer, por ejemplo, Barreda Marín, citado en Cardoso, Joaquín, “Redes y política”, nota 2, página 109, Buenos Aires, 2017.

[5] Se refiere a Sibilia, Paula “El show del yo”, La intimidad como espectáculo, Buenos Aires, Paidós, 2009.

[6] Beatriz Sarlo, Escenas de la vida posmoderna, Buenos Aires, Ariel, 1994.

Sobre El Autor

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.