Resumen: El arte es más que un conocimiento de técnicas aplicadas y su significación va más allá de la utilidad.

Definir el arte siempre ha sido uno de los más grandes retos que han afrontado algunos pensadores y filósofos, en algunas posturas la definición depende de un sistema que explica la realidad, y en esa realidad se encuentra el arte. En este texto se tratará de dilucidar la noción de arte en el pensamiento griego, en especial en el pensamiento aristotélico y en el pensamiento platónico.

Un acercamiento para entender qué es el arte es escarbar en su etimología: la palabra “arte” proviene del latín ars, que a su vez se relaciona con la palabra griega tekne [τέχνη]. Sin embargo, la noción de arte no concuerda, en su totalidad, con las nociones de ars y tekné [τέχνη]. Para el pensamiento greco-romano ars y tekne eran vocablos utilizados para abarcar oficios como el del zapatero, el herrero o el carpintero, mas no para el acto de ser poeta o pintor.

Las teknai [τέχναι] u oficios son la posesión de la cultura no basada en la tradición, ni en la práctica cotidiana, sino en el conocimiento sistemático que puede ser enseñable.[1] Los oficios son un conjunto de conocimientos aplicados y, sobre todo, útiles; los cuales pueden ser enseñados. Así pues, el zapatero puede enseñar su oficio a un aprendiz, lo mismo el carpintero o el herrero.

La explicación mítica que enuncia Protágoras[2] en el diálogo homónimo de Platón muestra que los oficios son un regalo por parte de Prometeo, el cual los robó, junto con el fuego, a los dioses [τὴν ἔντεχνον σοφίαν σὺν πυρί]. El motivo del hurto por parte de Prometeo fue porque Epimeteo repartió todas las cualidades a los animales y no dejó ninguna para el hombre, por lo cual era incapaz de sobrevivir en el mundo por la falta de fuerza, velocidad o algún arma natural como las garras o los colmillos.

En República, Platón define la justicia como el acto en que cada uno de los hombres hace lo que le corresponde hacer para el beneficio del Estado: el zapatero sólo tiene que dedicarse a su oficio, lo mismo el carpintero o el herrero. De lo contrario, su oficio sería insuficiente para el beneficio del Estado. En conclusión, los oficios tienen que ser útiles para la vida del hombre.

El arte no entra en este género de oficios que proporcionan utilidad para la vida de los hombres, de lo contrario ¿Cuál sería su utilidad? El arte, al igual que la filosofía, es inútil en este sentido. Algunos podrán hablar de la utilidad pedagógica del arte o de su utilidad moralista; sin embargo, si consideramos que el arte sólo tiene utilidad moralista o pedagógica nos veríamos obligados a rechazar a grandes autores que fomentan valores éticos diferentes a los que tenemos en la actualidad; Homero sería inservible por fomentar una vida de violencia, en la que los hombres bellos son los buenos, y las virtudes sólo son propias de aquellos que tienen linaje divino.[3] Si sólo consideramos estas utilidades en el arte o, mejor dicho, si sólo reducimos el arte a estas vanas utilidades podríamos justificar el veto a ciertas obras artísticas, algo que ha ocurrido en algunos Estados totalitarios, so pretexto de ir en contra de los ideales establecidos.

El vocablo griego que tiene relación con nuestro concepto de “arte” es el de poiesis [ποίησις] o creación: poeta es el que crea, y poesía es lo creado. El poeta, sinécdoque de artista, crea algo, un algo obtenido de la realidad a la que imita. El arte también es imitación [μíμεσις].

Si no produce utilidad aparente, ¿por qué existe el arte? Aristóteles considera que es por dos motivos: el primero es por la naturaleza imitativa de los hombres[4]; el segundo, por el placer que produce.[5] El arte es un producto de la naturaleza humana, es tan propio del hombre como la racionalidad o el Estado; el hombre es un animal poético tanto como es un animal racional [ζῶον λογόν] o un animal político [ζῶον πολιτικόν].

El arte sólo tiene algo en común con el vocablo tekne entendido como oficio, y es el conocimiento sistemático. Pues el artista necesita una serie de conocimientos para desarrollar aquello que hace; es decir, el pintor necesita técnicas de pintura; así como el literato, técnicas de gramática; o el músico, técnicas y saberes de cómo tocar un instrumento. Sin embargo, aquéllas no son suficientes, pues no basta el conocimiento de la gramática para ser un poeta o saber tocar un instrumento para convertirse en un gran músico: falta algo.

El artista posee cierto genio que lo convierte en lo que es, a diferencia del que sólo conoce las técnicas o conocimientos sistemáticos. Es casi imposible describir aquello que tienen los artistas para crear las obras de arte, Platón lo nombró locura de las musas, una especie de don divino que es necesario para la creación poética:

La locura de las musas que, al apoderarse de un alma tierna y virginal, la despierta y la llena de un báquico transporte tanto en los cantos como en los restantes géneros poéticos, y que, celebrando los mil hechos de los antiguos, educa a la posteridad. Pues aquél que sin locura de las musas llegue a las puertas de la poesía convencido de que por los recursos de la técnica habrá de ser un poeta eminente, será uno imperfecto, y su creación poética, la de un hombre cuerdo, quedará obscurecida por la de los enloquecidos.[6]

La locura de las musas es un arrebato divino, es cuando las musas se apoderan de un terrenal que sirve de medio para la expresión divina, así lo explicó Platón. Muchos difícilmente aceptarían la explicación divina, pero no parece haber otro nombre mejor que el de “regalo divino” para hacer referencia a aquello que tienen algunos artistas y que otros no.

Platón coloca al amor en el mismo género que la locura de las musas, en el de arrebatos producidos por los dioses; y aunque el arte es propio del hombre, sus características y sus efectos son divinos.


[1] Cfr. Ramírez Vidal, Gerardo. “La retórica y las tekhnai en la Grecia clásica” en Los ejes de la retórica. Recomiendo leer esta ponencia, la cual explica con detalle y de una forma clara el concepto de tekné en el pensamiento griego.

[2] Protágoras. 320c8

[3] Platón considera que la poesía tiene un fuerte influjo pedagógico; por lo cual prohíbe a los poetas en el Estado ideal, ya que Homero y Hesiodo fomentan una vida de vicios.

[4] Los primeros aprendizajes, dice Aristóteles, se aprenden imitando, como los niños imitan a sus padres o los oficios de los adultos.

[5] Cfr. Poética. 1448b

[6] Fedro. 244e  [Trad. Luis Gil]

Sobre El Autor

Lic. en Filosofía, UNAM. Estudiante de Letras Clásicas.

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