La palabra “arte” se ha devaluado de tal manera que a cualquier actividad humana especializada se le puede nombrar con esta palabra. Muchas veces hemos escuchado decir frases como “el arte de patear el balón” o llegar a extremos absurdos de decir “el arte taurino”. Esto último devalúa en tal grado la palabra que equivale a decir que un ser matando a otro ser es arte. Si a esas vamos, los blogs sádicos son arte.

Entonces, no podemos llamar actividad artística a todo, pero, ¿qué demonios es el arte? “Lo bello es difícil”, concluye el diálogo aporético de Platón llamado Hipias mayor. Lo cual quiere decir que hablar del arte, sea relacionado con lo bello o la sensibilidad, es difícil.

Podemos decir que matar toros en un ruedo es arte porque genera sensaciones de repulsión o de victoria. El problema surge cuando se relaciona a esta actividad con estatus social. La mayoría de los aficionados a esta práctica sanguinaria argumentan que sus padres los llevaban desde pequeños a ver el asesinato de un toro, es decir, es cuestión de clase, pues todos los que entienden y disfrutan ese “arte” poseen un abolengo español.

La polémica en cuanto a qué es arte y qué no lo es es aceptable, pero el relacionar una actividad con un estatus social resulta deleznable. Si algo se considera artístico porque pasa irreflexivamente de una generación a otra, entonces todo es arte y el estatus social es el fin de toda actividad humana.

Más allá de belleza o fealdad, Kant decía en la Crítica del juicio que lo bello produce necesariamente satisfacción porque el juicio de gusto no es objetivo, no busca conocimiento ni se deduce de determinados conocimientos, por tanto, no compete al entendimiento. Tampoco se realiza este juicio con la razón porque no es una conclusión de la universalidad de la experiencia. El juicio de gusto es ejemplar.

La necesidad ejemplar del juicio de gusto consiste en la búsqueda de aprobación universal de lo que se dice acerca de lo que se considera agradable. Cuando se declara que algo es bello se busca que todos deban aplaudir el objeto y que deban declararlo bello independientemente de los conceptos.

Sin embargo, por su principio subjetivo, tal necesidad de satisfacción es probable, es condicional. El principio subjetivo determina qué place o qué disgusta con valor universal sólo por medio del sentimiento, sin concepto. Tal principio se comunica basado en el sentido común, entendido como el efecto que nace del juego libre de nuestras facultades de conocer.

La satisfacción es necesaria por la pretensión de la aprobación universal acerca de lo que se declara bello basada en el sentido común. Luego, entonces, y lo triste del “arte” taurino en México, es buscar una aprobación universal no por cuestiones de sensibilidad ni de belleza ni fealdad, sino que se busca la aprobación en un círculo social privilegiado.

Este movimiento de búsqueda de aprobación universal relacionado con el estatus social ocurre en muchas actividades que son consideradas para poderosos y privilegiados. Ir a una ópera, a la Cineteca a ver películas retorcidas, asistir a instalaciones y performances de arte conceptual, muchas veces es para recibir aprobación social más que por un gusto estético, de sensibilidad. La satisfacción no es estética, sino social. ¿Cómo atreverse a disentir de lo que “todos” consideran bello o vanguardista?

El “arte”, como los toros, por ejemplo, poco tiene que ver con la experiencia estética, con la sensibilidad y el libre juego de las facultades; el disfrute o repugnancia queda en segundo plano. Estamos en el reino del estatus, si queremos. Siempre hay opción de salir y disfrutar lo que nos de la gana haciendo de lado la aprobación-desaprobación social o las vanas pretensiones de estatus. Así, el arte y la experiencia estética se reducen a un acto de voluntad, de libertad y de rebeldía contra lo que debe ser y es aceptable socialmente.

Yo disfruto lo que yo quiero, me importa poco la aprobación-desaprobación social. Si disfrutas de los toros, deléitate en ello, pero no te sientas más por hacerlo ni minimices a los demás por no compartir tu juicio de “belleza”.

Sobre El Autor

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.