ResumenEl poder del arte radica en la creación o reproducción de imágenes capaces de transportarnos a nuevos mundos y sensaciones; en su capacidad de abrirnos a nuevos horizontes y de crearnos nuevas formas de ser, sentir y pensar

 

“El arte consiste en evitar todo lo que impida a nuestra fantasía recorrer el universo en un instante                                                         para engendrar de él caballos alados y dragones de fuego.”

Deleuze-Guattari, ¿Qué es la filosofía?

 

El mundo se ha desarrollado junto al arte, a la par de imágenes fundadoras del cosmos. Los mitos descansan en figuras imaginarias que ordenan y sostienen el universo; en ensoñaciones que se conceptualizan y transforman en realidades, con el tiempo. Las imágenes se vuelven metáforas y éstas mundo; la mente ordena con ellas los cuerpos que aparecen a su alrededor, desarrollando estructuras en el pensamiento. Cada nueva forma concebida ilumina un espacio más del caos que se descifra y acomoda, que “se conoce”. La cultura por lo tanto se desarrolla a partir de esas imágenes fundadoras, de sus primeras creaciones, del arte.

El poder estructurante de la imagen, resulta, sin embargo, de algún modo peligroso, el artista fundador del mundo opaca con su luz a las miradas, que difícilmente observan más allá de la propia imagen proyectada. La creatividad y el pensamiento se asocian a las figuras de tal manera, que lo establecido se solidifica en formas que ya sólo pueden cambiarse a través de violentos movimientos que las rasguen. La metáfora se instaura de esa manera durante largos periodos culturales.

La cultura occidental se desarrolló, durante mucho tiempo, a partir de estándares fijos, con los que otorgó valor sólo a figuras detalladas; propiciando la imitación y el deseo de lograr una representación exacta del mundo. El naturalismo, reducido a imágenes reales, existentes, precisas y verídicas; se convirtió en la gran escuela del arte, y éste último en una especie de reproducción de instantes y formas.

El mundo constituido a partir de la reproducción fue limitado y carente de tolerancia, pues la cultura en la que yacía, se desarrolló a partir del criterio de la reproducción imitativa de imágenes preexistentes; hasta que, a principios del siglo XX, se dio el descubrimiento del arte negro[1]. Este suceso, aunado a la aparición de la fotografía, cambió radicalmente el pensamiento de los artistas europeos, las formas de hacer arte y el modo de concebir la realidad.

“El pintor ya no necesita preocuparse por detalles insignificantes, pues para eso está la fotografía, que lo hace mucho mejor y más rápido. Ya no es la misión de la pintura el representar acontecimientos históricos, éstos se encuentran en los libros. Nosotros tenemos una opinión más alta de la pintura: ésta le sirve al artista para expresar sus visiones interiores.”[2]

Gracias a estos acontecimientos, el arte se transforma, deja de ser la reproducción de modelos dados, y se convierte en producción creativa. A partir de entonces, se desarrollan otros tipos de arte como el surrealismo, el cubismo y el dadaísmo, artes que surgen de las emociones y a los que no les preocupa deformar la realidad. Aparecen imágenes nuevas, ya no necesariamente pertenecientes al mundo. Dichas imágenes, ajenas a nuestros sentidos, buscan asociarse con otras imágenes, creando en el espectador simbolismos que le transportan a universos y emociones distintas, abriendo paso a nuevos horizontes culturales, por lo que la realidad se modifica.

Los autores surrealistas, los poetas dadaístas y en general todos aquellos que se atrevieron a salir de la representación cotidiana logran, lenta y sigilosamente, transportarnos a través de sus imágenes a su propio universo, a sus historias, que algunas veces pueden ser también las propias. De esta manera, el arte abre las posibilidades, la interpretación se expande y los valores se transforman, pues la imaginación se multiplica.

“En la pintura, los contornos se vuelven irreconocibles; las figuras se alargan en dimensiones desproporcionadas desde la viscosidad de los sueños, mostrando una realidad alucinante que toca todas las tonalidades…”[3]

Daddy longlegs of the evening hope!

El impacto y la fuerza de las imágenes radica en su carácter rizomático[4], que las extiende hacia infinitos sentidos. Junto con las nuevas creaciones, saltan a la realidad seres fantásticos producidos por la imaginación, creaturas, provenientes de mundos extraños, que contaminan el nuestro, que nos atraviesan y nos obligan a expandirnos, a sobrepasarnos, a conquistar la materia y convertirla en forma, a hacernos artistas.

“Nosotros operamos con cosas que simplemente no existen: líneas, superficies, cuerpos, átomos, tiempos y espacios divisibles –¡cómo sería posible la explicación, si antes nosotros todo lo reducimos a una imagen, a una imagen nuestra!”[5]

Mundo y arte están íntimamente ligados, el ordenamiento de la vida, su composición y la organización de sus cuerpos, se da a partir de la creación artística, estado en el que las cosas se constituyen y transforman. Los cuerpos caóticos y las formas desorganizadas en el universo adquieren sentido con y por el arte. Las imágenes fundan grandes mitos, y a su vez los grandes mitos se convierten en imágenes que dotan de significado a la realidad, que la organizan y la relacionan. Atribuimos símbolos-imagen a lo cotidiano, convirtiendo a la realidad en un universo imaginario, en un cosmos inestable, susceptible de cambio.

“Este proceso, que es producción de la apariencia, puede partir del juego con las imágenes del mundo empírico en la excitación visual del sueño, se obtienen imágenes transfigurando imágenes, o bien se llega al estado donde desaparece toda imagen, al estado de unión con la voluntad, a partir del cual se obtienen imágenes no ya de imágenes, sino de lo que no tiene figura.”[6]

Ya sea a través de figuras conocidas o fantásticas, la imagen dota al hombre de significados y organizaciones que lo remiten a pasados personales y colectivos. El arte captura los instantes, en imágenes-concepto, imágenes-sonido, imágenes-movimiento, etc., que se repiten siempre diferentes, por lo que nos deslizan hacia nuevos territorios y nos permiten percibir diferentes horizontes.

Notas y bibliografía

[1] Los europeos llaman arte negro a las creaciones de artistas africanos, descubiertas en el S. XX. El arte africano les presenta criterios propios y muy diferentes a los clásicos en escultura, pintura, dibujo y música, lo que impresiona fuertemente a los europeos. El descubrimiento del arte negro supone la ruptura con la tradición occidental clásica y abre el horizonte a nuevas formas de hacer arte sin necesidad de seguir los principios descritos por “la Academia”.

[2] Matisse, H. La pintura en el siglo XX, España, Salvat, 1975, p. 87

[3] Torres, Sonia. Deleuze y la sensación. Catástrofe y germen, México, Editorial Torres Asociados, p.35

[4] V. Deleuze, G y Guattari, F. Rizoma. Introducción, España, Pre-textos, 2010.

[5] Nietzsche, F. La ciencia jovial, Madrid, Colofón, 2001, p. 207.

[6] Nietzsche, F. Estética y teoría de las artes, comp. Agustín Izquierdo, Madrid, Tecnos/Alianza, p.29 .

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