Desde hace ya varios años, México has sido víctima de numerosos saqueos patrimoniales. Las cifras han aumentado en los últimos años[1] por lo que es necesario hablar del tema que ha sido considerado tabú por mucho tiempo y por diversas razones.

El patrimonio cultural, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se entiende como todo conjunto u objeto que posee en sí mismo características representativas. Estas deben tener relevancia en la cultura de la que forman parte, permitiendo el estudio de la historia de la sociedad a la que pertenecen, por lo que protegerlo es de vital importancia[2].

El patrimonio cultural mexicano es abundante y diverso, pero lamentablemente desde 2009 México es considerado por la Policía Internacional (Interpol) como uno de los países con más incidencia en casos de robo patrimonial cultural eclesiástico y arqueológico[3]. Esto solo se entiende por la alta demanda de coleccionistas y extranjeros, que convierten al saqueo en una profesión que genera grandes cantidades de dinero. Por lo tanto, la venta y compra clandestina de piezas patrimoniales se puede dar en cualquier parte, específicamente en mercados y aeropuertos.

El saqueo patrimonial de nuestro país se remonta hasta el año de 1872, cuando Sebastián Lerdo de Tejada confinó los bienes de la Iglesia al Estado, con la intención de que la Iglesia perdiera injerencia sobre lo referente al Estado y la administración pública; pero esto derivó en un el responsable poco concreto de los bienes eclesiásticos. Este problema sumado a otros, como archivos poco precisos por parte de la Iglesia y el Estado fomentan que nuestro patrimonio vaya desapareciendo conforme pasan los años.

Existen varias leyes y disposiciones que procuran la conservación e investigación del patrimonio cultural mexicano, pero a pesar de éstas el problema continúa pues los objetos son vistos como elementos particulares y no como parte de una sociedad cambiante y fluctuante. El concebir estas piezas patrimoniales como elementos constructores de historia, propiciaría que los habitantes de las zonas que los albergan puedan protegerlos como elementos fundamentales dentro de sus comunidades.

Actualmente se desconocen las cifras exactas de los bienes culturales desaparecidos, pero se estima que aproximadamente tres mil objetos son robados anualmente de las distintas iglesias y zonas arqueológicas del país[4]. Cabe señalar que no existe regulación alguna que prevenga la extracción ilegal de bienes culturales del país* (repetición de la oración anterior), puesto que hay leyes que sancionan el delito pero son letra muerta por la inexistencia de un estado de derecho.

El saqueo de piezas patrimoniales según la Coordinación Nacional de Restauración del Patrimonio Cultural (CNRPC) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se puede dividir en tres. En primer lugar, robos originados por ignorancia de los ciudadanos, los cuales desconocen la reglamentación. En segundo lugar, por negligencia de instituciones que deberían de salvaguardar el patrimonio como el personal de aduanas, museos, zonas arqueológicas, templos, archivos, entre otros. Y finalmente, la delincuencia organizada, la cual incluye operaciones de gran escala. En la mayoría de los casos se manejan como pedidos o por búsqueda de piezas de gran demanda[5].

El problema del saqueo patrimonial es real y no cabe duda de ello, pero el tema está en poder dimensionar la complejidad de este. El saqueo patrimonial es un problema complejo, que depende de los diversos acuerdos que iglesias y gobiernos estatales tienen con sus comunidades.

En mi opinión, la solución recae en el comprender que cada situación necesita una respuesta distinta, y solo en la combinación y personalización de estas se podrá reducir el saqueo en nuestro país.

El robo y el comercio ilícito de piezas son una situación real que nos afecta a cada uno de los mexicanos, pues del patrimonio surge el entendimiento sobre qué es ser mexicano. Una sociedad con ojos abiertos ante el saqueo patrimonial es la clave ante el problema.

Notas y bibliografía

[1] Mendoza, Elva. “Puebla: imparable saqueo de arte sacro”, Contralínea (2012), recuperado el 15 febrero 2018 http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2012/10/24/puebla-imparable-saqueo-de-arte-sacro/.

[2] UNESCO, “Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural”, 17ª, reunión celebrada en Paris del 17 de octubre al 21 de noviembre de 1972.

[3] Torres Lopez, Fabiola. “Diplomáticos y coleccionistas bajo sospecha en el tráfico de arte latinoamericano”, Animal Político (2016), recuperado el 10 de febrero 2018 http://www.animalpolitico.com/2016/10/diplomaticos-coleccionistas-sospecha-trafico-arte-latinoamericano/.

[4]  Sánchez, Luis Carlos. “No coinciden datos oficiales de saque de piezas prehispánicas y de arte sacro”, consultado el de Excelsior el 15 Febrero  de 2018. http://www.excelsior.com.mx/expresiones/2014/12/22/998982.

[5] Campaña de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural para la prevención de robo y tráfico ilícito de bienes culturales: Restauradora Magdalena Morales Rojas y Kimberly Schmeits.

Sobre El Autor

Camila Bassol Manzur (México, 1995), posee estudios de Licenciatura en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana. Presidenta de su licenciatura durante el periodo 2017. Sus temas de interés son el saqueo arqueológico y robo de arte sacro en México. Ha colaborado con galerías renombradas como Galería CarrerasMugica de Bilbao y Galerie Lelong & Co., durante los dos últimos años de Zona Maco. Ha colaborado en libros referentes al arte y ha escrito artículos sobre los mismos temas. Asimismo fue ponente en el Simposio de formación en museología y patrimonio con la Université du Québec à Montréal (2018). Y cuenta con un diplomado en Roma Antigua por la Università Cattolica del Sacro Cuore Campus Roma (2017).

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