La oscuridad, las sombras, los acordes menores y los tonos agudos son características que en nuestra cultura se le han atribuido al terror. Es cierto que el horror ha permeado en el arte, principalmente en la música, en el cine y en la pintura; sin embargo, muchos han pensado que la experiencia estética nada tiene que ver con lo que se aleja de lo bello, y el sentimiento de terror dista mucho de ser bello. Quien lo considere de esta manera, es etiquetado como un ser con desórdenes afectivos y con una percepción torcida de la realidad.

¿Qué es, entonces, lo que hace tan seductor el sentimiento de terror en el arte? La estética oscura se presenta como un hecho erótico. Como ejemplos se pueden presentar las películas y la literatura de vampiros, en donde esos seres que viven inmortales siempre bajo la oscuridad tienen un alto grado de erotismo, el modo en que muerden los cuellos de las víctimas y extraen el líquido vital para alimentarse está realmente manifestado como un acto erótico. En las películas del Santo contra diversa cantidad de monstruos se crea un suspenso que va acompañado de mujeres, lo cual busca equiparar el ideal de belleza con la oscuridad de los seres malévolos. Seres monstruosos, asesinos seriales, siempre son presentados en imágenes acompañados de mujeres catalogadas como bellas y consideradas atractivas eróticamente.

Este movimiento de relacionar el hecho erótico con el horror es más cotidiano de lo que podemos pensar. Para hacer sentir en las expresiones artísticas un verdadero terror, no es necesario recurrir a lo oscuro ni a los agudos que saltan de súbito en la banda sonora de un filme. El teatro hace estremecer con movimientos corporales, y la luz excesiva puede ser utilizada como símbolo de horror en un performance. Demasiada luz asusta tanto como la espesa oscuridad, pues ambos inhiben la visión. Los sonidos graves con los agudos contrastan de tal manera que las sensaciones cutáneas producidas por las vibraciones llevan a un estado de estremecimiento.

En cuanto a lo visual, más allá de las artes plásticas, en las imágenes que todos los días se pueden ver en el puesto de periódicos se puede sentir horror, son terroríficas en verdad, y no hay sombras, tampoco agudos ni acordes menores, sino fotografías perfectamente iluminadas con gente real mutilada por verdugos o por imprudencias vehiculares propias o extrañas. No es una forma visual de presentar la realidad que resulte tan ajena, pero lo que en verdad es terrorífico es la manera en que se está configurando la forma de relacionar lo que se considera por convención un cuerpo bello con un cuerpo mutilado.

Ver una mujer semidesnuda junto a un cadáver es de los hechos que los creadores de imágenes han utilizado desde las películas de vampiros o de asesinos seriales de ultratumba. Sin embargo, sacar esos elementos de la fantasía y llevarlos al periódico que miles de individuos observan es un hecho que realmente causa terror y configura la sensibilidad de alguna forma macabra.

Los creadores de arte usan a la imaginación como herramienta, por ello, es preciso buscar recuperar el terror para el mundo de la imaginación y extirparlo de lo cotidiano. El arte de asustar y de provocar náuseas se banaliza en las portadas de los periódicos y se exalta en la creación estética, pero, ¿quién tiene problemas con la banalización de lo anteriormente exaltado? ¿Qué puede hacer un artista para poner de cabeza al terror, si quiere?

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