Debo advertir al lector que este texto es producto de una reflexión personal y no tiene como intención decir verdad alguna o abordar teorías particulares, sino únicamente exponer las conexiones que, a mi parecer, guardan arte y religión.

El arte es creación, revelación, expresión, ¿pero de qué? Martin Heidegger señala en su libro Arte y poesía que el arte es una desgarradura del mundo que nos permite ver la tierra; es decir, es una develación de la verdad. El arte nos revela la verdad a través de la contemplación de la belleza, pero, ¿cómo se relaciona esto con la religión?

Imagino al hombre primitivo, carente de conocimiento científico acerca de la naturaleza, necesitado de un sustento que le diera sentido a su mundo. Ese hombre sensible observa las estrellas, el cambio de las estaciones en el paisaje, contempla el movimiento a través de los ciclos lunares y descubre el equilibrio de la vida en su perfecta conservación y aniquilación. Este ser admira su realidad con asombro, pues le resulta imposible comprender el complejo funcionamiento del universo, por lo que comienza a reflexionar sobre la perfección de lo existente, y le parece que el cosmos no puede ser obra más que de algo supremo; piensa en el mundo y percibe no sólo el sentimiento de lo bello, sino también de lo sublime de la existencia, a la que considera no como producto de la mera casualidad, sino como la obra magna de un creador, de un artista divino.

La religión es en esencia arte, puesto que es la develación de una verdad, a la cual se le llama divina. Así, la religión se presenta como un camino, accesible a la mayoría de los hombres, de revelación de ideas como la de perfección, a través de la cual el pensamiento alcanza una de sus cúspides más altas, ya que tal idea engloba a su vez la noción de lo más bello y mejor; la emoción se desborda en uno de los sentimientos más incomprensibles ante los ojos del racionalista: la fe. Así, el ser es revelado en la contemplación de esta magnífica obra que es el universo.

El poeta canta –sumergido en la inspiración– el origen de los dioses, a la vez que los hace aparecer en el mundo; por su parte, de acuerdo con la cosmovisión cristiana, dios habla y, lo mismo que la luz, el poeta se hace real. Así, para las religiones cristianas, el verbo, la palabra, es en origen en algo divino, es la obra que genera y a la vez revela la verdad. Por su parte, dentro de los mitos sagrados de la antigua Grecia, Urano y Gea, gracias al amor, transforman la materia informe en una obra magna, el increíble cosmos, lleno de color y figuras. En el hinduismo, Visnú sueña y de su sueño emana el universo. El objetivo mitológico de los dioses ha sido siempre crear o formar el mundo; es decir, hacerlo surgir del barro más tosco hacia la luminosidad del entendimiento. De acuerdo con los textos sagrados, el mundo, el universo e incluso los distintos universos, son las obras de seres supremos, en las que existimos como una revelación de la verdad. La religión es por ello un acercarse a esta obra poética fundacional que devela la tierra, mostrándonos su aspecto sacro. Por ello, a partir de estas alegorías podemos llegar a comprender, de cierto modo, nuestra existencia, porque nos abren un paso hacia la claridad, nos revelan al ser de un modo bello, ordenado y artístico.

Bibliografía.

Martin Heidegger. (2006) Arte y poesía. FCE.

Immanuel Kant. (2004). Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. México: FCE-UNAM.

Richard Wagner. (1880). Religión y arte. 9 de febrero, de Archivo Wagner Sitio web: http://www.archivowagner.com/escritos-de-richard-wagner/177-w/wagner-richard-1813-1883/495-religion-y-arte.

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