Resumen: En el siguiente artículo es reflexionado el tema de la escritura creativa, mediante un estilo que alude a la narrativa de ficción pero que no por ello deja de plantear con seriedad los conceptos elaborados.

 El viejo corrector leía y observaba, en lugar de un argumento o una figura bella, cada momento en que el autor había fracasado al redactar; todos los problemas no resueltos o ni siquiera percibidos que acabaron por agruparse y cubrir, de alguna manera, la vacuidad del texto.

–Lo que algunos escritores parecen no advertir– se dijo –es que detrás de la composición hay ideas a las que podemos buscar o ignorar, amar u odiar, sublimar o reducir… pero que no dejan de estar ahí, semejantes a imágenes fantasmagóricas con las que jugamos mediante el signo. Este arte, el hacer literatura, versa en combinar órdenes (palabras) y seguir patrones (gramática, discurso) con la finalidad de alterarlos para crear disrupciones relevantes o memorables en un medio interpretativo capaz de notar semejanzas y diferencias según parámetros propios. Pero, ¿qué implica interrumpir lo mismo con alguna diferencia? Una noción intelectual de cambio a partir de una expresión memorable, porque buscar la singularidad que da la expresión es querer una voz en el instante (derrotar el vacío, por así decirlo) mientras que la búsqueda de la expresión singular es posterior a aquella primordial victoria, y consiste en desear marcar la memoria prolongadamente. Hablando de quienes desean crear literatura, la marca será realizada con palabras, y es aquí donde radica la dificultad inherente al hecho de buscar ser un poeta, novelista, cuentista o ensayista sobresaliente, dado que las mismas palabras están ahí para todos, absolutamente todas, mas la infinitud de sus combinaciones corresponde al individuo; es a ella o él a quien le toca superar sus propios balbuceos con prosapia, y a su prosapia con arte. Cuando el escritor se genera un estilo (siendo el estilo la cúspide del arte literario) se ha convertido en un conocedor de lo mismo (el lenguaje), entonces capaz de intuir la diferencia y atraparla con presteza, igual a un músico inspirado por las musas; ellas le indicarán de qué manera exaltar a la belleza, cómo destruirla, sortearla o estar a su lado. ¡Ese es el momento de tener ideas!; entregarse a la alquimia del lenguaje conlleva el peligro de olvidar esto, aunque tal entrega también es necesaria para alcanzar a tratar con ellas; en este sentido, los escritores inexpertos deben experimentar sobre la forma todo lo que puedan, pero sin omitir el hecho de que hacer literatura es un ejercicio de perfeccionamiento en pos de nuestros propios pensamientos; decirte con claridad es el reto y, así, la buena escritura es brutal, porque desnuda y expone las ideas que tenemos, y tal imagen puede parecernos genial o insulsa.

Cerró el libro y pasó una mano sobre su larga barba. Luego lo abrió de nuevo y volvió al inicio, pensando que ahora poseía una impresión de dónde se hallaba aquella belleza.

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