“Existen más yos que el yo mismo”.

(Ricardo Reis)

 

Fernando Pessoa fue un creador de personajes o quizá fue muchas personas habitando un solo cuerpo. Este poeta, nacido en Lisboa el 13 de junio de 1888, fue el creador de más de 70 heterónimos, es decir, personajes con cualidades y aspecto particular, creadores de una obra propia, “distinta a la de su creador”. Es curioso que esa habilidad creativa haya caracterizado a su obra entera, pues en portugués el apellido Pessoa quiere decir “persona”.

Pessoa consideró a todos sus heterónimos como “otros de él mismo”, con estilos y vidas propias, que, aunque diferían, todos tenían algo en común: en alguna parte de su obra expresaron su pluralidad.

 

“Me he multiplicado para sentirme,

para sentirme he necesitado sentirlo todo”.

(Álvaro de Campos)

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La tendencia de este escritor a crear heterónimos fue, quizá, algo natural a su esencia, incluso algo necesario para él. El mismo Pessoa explica en una carta a su amigo y poeta, Adolfo Casais Monteiro, el origen de estos personajes, de este modo:

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“[…] el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y la simulación. Estos fenómenos –felizmente para mí y para los demás– se mentalizaron en mí; quiero decir, no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de contacto con otros; hacen explosión hacia dentro y los vivo yo a solas conmigo”.

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Desde niño, Pessoa comenzó a crear mundos distintos al real, lo mismo que personas y amigos imaginarios; probablemente su historia de vida le condujo de algún modo a la creación de más “yos” que él mismo para pasar el tiempo. Este poeta fue hijo de Joaquim de Seabra Pessoa y de Maria Magdalena Pinheiro Nogueira. El padre de Pessoa murió cuando el pequeño Fernando tenía sólo cinco años, dejándolo a él y a un hermanito que venía en camino, huérfanos. Su hermano también moriría pronto, antes de cumplir un año.  Así, el escritor se quedó sólo con su madre y su abuela, quien tenía problemas mentales. Su primera creación fue Chevalier de Pas, un amigo imaginario de la infancia, con quien intercambiaba correspondencia.

A los dos años de haber enviudado, su madre se volvió a casar con el comandante João Miguel Rosa. El padrastro de Pessoa era cónsul de Portugal en Durban, Sudáfrica, por lo que el poeta vivió allá hasta el fin de su adolescencia. Sin embargo, siempre amó su natal Lisboa, ciudad a la que regresaría para pasar allí el resto de su vida. Así lo expresó en una de sus primeras coplas, escrita a su madre a los 8 años.

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“¡Oh, tierras de Portugal,

oh, tierras donde nací;

por mucho que yo las quiera,

mucho más te quiero a ti!”

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En su estancia en Sudáfrica aprende muy bien inglés, lo cual le permitirá, en su vida adulta, vivir de la realización de traducciones de cartas comerciales, rechazando trabajos mejores, que no le permitían dedicarse a la literatura, misma que era para él lo más importante.

Fernando Pessoa fue un hombre solitario y misterioso. Frecuentaba a sus pocos amigos en los cafés de Lisboa y con ellos expresaba un particular humor y gran cordialidad. Durante su vida tuvo una novia, Ofelia de Queiroz, con quien mantenía correspondencia, mas algunas veces las cartas que la joven recibía eran firmadas por alguno de los heterónimos de Pessoa, entre ellos, Álvaro Campos, a quien ella odiaba.

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“Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.

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Durante la última década de su vida, debido a la muerte de su madre, Pessoa comenzó a beber mucho alcohol, lo cual lo condujo a desarrollar “cólico hepático”, de lo cual murió a los 47 años en el Hospital de San Luis de los Franceses.

En vida publicó únicamente un par de trabajos, pero dejó una extensa obra firmada por muchas expresiones de él mismo. Entre sus creaciones destacan los escritos de sus heterónimos: Bernardo Soraes, Alberto Caeriro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis, todos excelentes poetas.

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“Si después de morirme quisieran escribir mi biografía no hay nada más sencillo. Tiene sólo dos fechas la de mi nacimiento y la de mi muerte. Entre una y otra todos los días son míos”. (Alberto Caeiro).

 

 

 

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