Helen Keller fue una escritora y oradora de fama mundial, defensora de los derechos de las personas con discapacidad y de las mujeres. Conoció a grandes personajes como Alexander Graham Bell, Mark Twain y Charlie Chaplin, mismos que llegaron a admirarla y apoyarla. Hoy en día es reconocida y recordada por su labor en el área educativa y social con personas con capacidades diferentes, sobre todo las sordociegas.

Helen Keller nació el 27 de junio de 1880 en Alabama, Estados Unidos. Durante sus primeros meses de vida contrajo una enfermedad, identificada en ese momento como congestión cerebro-estomacal, misma que le traería como consecuencia la pérdida total de la visión y la audición. Durante su niñez se mostró como una niña enojada e incontrolable, debido a su situación de aislamiento y falta de comunicación. Este hecho cambió al comenzar su educación.

Gracias a la buena posición económica de su familia, Helen pudo tener una educación privilegiada y particular durante prácticamente toda su vida. Cuando tenía 7 años sus padres contactaron a Alexander Graham Bell, quien en ese momento trabajaba con sordos. Fue él quien los vinculó con el Instituto Perkins para Ciegos, institución que le asignó a la profesora Anne Sullivan, quien se convertiría en su principal compañera de vida.

Sullivan le enseñó a Keller la comunicación de señas, por medio del deletreo de palabras en su mano. La comprensión del lenguaje le llevaría a Helen varios meses; sin embargo, este aprendizaje le salvó de su soledad y le permitió tener un verdadero contacto con el mundo. Tras dominar el lenguaje, aprendió a leer y a escribir con el sistema braille; además recibió clases de zoología, botánica y aritmética. Finalmente, mediante el tacto, también logró aprender a leer los labios.

A los 8 años Sullivan y Keller se trasladaron al Instituto Perkins para Ciegos en Boston, lo cual le permitió a Helen hacer muchos amigos. Dos años después conoció a Ragnhild Kâta, una sordociega que sabía hablar, lo que provocó en Helen el deseo de lograr lo mismo. Con este objetivo en mente, ella y su maestra acudieron a la Escuela para Sordos Horace Mann, en donde Sarah Fuller, directora y educadora de esa institución, comenzó su instrucción en el habla, por medio del método Tadoma para enseñarle a vocalizar. Helen siguió practicando este método de manera independiente junto a Sullivan, por lo que finalmente consiguió pronunciar sus primeras palabras.

Con tan sólo 14 años, Helen y Anne ayudaron a Juan D. Wright y al Dr. Thomas Humason en el establecimiento de una escuela para sordos en Nueva York. Colegio al que ella misma asistiría durante un par de años, hasta que ingresó en la escuela de señoritas de Cambridge en Massachussets. Después entraría al Radcliffe College, donde se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

Durante sus estudios profesionales Keller se fue formando una ideología política con tendencia izquierdista. A partir de este momento comenzó su interés por los derechos laborales y el feminismo. Debido a su postura política, más tarde se afilió formalmente al Partido Socialista, lo cual le generó bastantes críticas debido a su origen acomodado y a que su padre había sido esclavista; por otra parte algunos reporteros la tacharon de incompetente para comprender de manera objetiva la política, debido a su condición, a pesar de que antes se habían pronunciado como admiradores de su gran inteligencia.

Es también durante este periodo que Helen Keller comienza a escribir sus primeras obras, entre las que destaca su autobiografía titulada: La historia de mi vida. Al concluir sus estudios, Keller continúa con la redacción de sus textos. Escribió más de una docena de libros como: El mundo en el que vivo, Canción del muro de piedra y Fuera de la oscuridad.

En 1912 concedió que Ernest Gruening realizara el primer reportaje de su vida, con lo que adquirió mayor fama y prestigio. A partir de entonces Keller se convirtió en una activista y filántropa destacada; se incorporó al Industrial Workers of the World, recaudó dinero para la Fundación Americana para Ciegos, promovió el sufragio femenino y los derechos de los trabajadores. Se pronunció en contra del racismo y la guerra, y a favor de la revolución Rusa, lo mismo que del socialismo. También cofundó la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Sin embargo, en 1924, decide concentrarse en la lucha por los derechos de las personas con discapacidades, actividad que le valdría la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada por Lyndon Johnson en 1964.

Keller también fungió como profesora en la Fundación Americana para Ciegos, organización que peleaba para cambiar las condiciones de personas con ceguera. A los 52 años fue nombrada vicepresidente del Real Instituto para Ciegos en el Reino Unido y años después embajadora en Relaciones Internacionales por parte de la American Foundation for Overseas Blind. Con este nombramiento comenzó a viajar por todo el mundo haciendo conferencias y organizando programas pacifistas y de recaudación de recursos para los ciegos.

El activismo de Helen –sobre todo sus movimientos pacifistas durante la guerra– llamó la atención de los cineastas, por lo que a partir de entonces se han realizado varios documentales y películas sobre su vida. Helen Keller murió en 1968 a la edad de 87 años.

Su vida marcó la historia de la educación, inspirando a escuelas especiales y generando un gran avance en este ramo educativo. El presidente Jimmy Carter decretó en 1980 el día de su natalicio como el «Día de Helen Keller», para honrar su lucha social. El 27 de junio también se celebra –en honor a ella– el Día Internacional de la Sordoceguera, conmemoración que tiene como propósito exponer a los gobiernos las necesidades de la personas con estos padecimientos y generar una mayor conciencia social.

 

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