“La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

José Guadalupe Posada

La catrina es uno de los símbolos más icónicos de México, ya que representa nuestro folclor y sintetiza la gran mezcla de culturas de las que provenimos, prehispánicas y europeas.

Calaveras mexicanas

La calavera fue un elemento muy presente en la cultura prehispánica. Todas las grandes civilizaciones precolombinas hicieron uso de su imagen para simbolizar a la muerte, con la cual tenían una íntima relación; esto se reflejó en su cosmovisión y en su arte pictórico, escultórico y poético. Estos pueblos antiguos consideraban a la muerte no sólo como el fin de la vida, sino también como su inicio, momento de regeneración y creación; por ello la muerte significaba al mismo tiempo la celebración por la renovación de la vida.

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Mictlantecuhtli (señor de los muertos) Lámina 45v, códice Laud.

A partir de la llegada de los españoles surgió una nueva cultura, consecuencia de la asimilación de lo europeo por un pueblo indígena (con su propio pasado histórico) que intentaba adaptarse y persistir ante las nuevas formas impuestas. Desde entonces hasta hoy, el mexicano no ha dejado de preguntarse por su nueva identidad, por lo que ha tratado de representarse a sí mismo a partir de diversas imágenes y símbolos que se han convertido en parte de su idiosincrasia y cultura.

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Baño de sangre de Mictlantecuhtli. Códice Magliabecchiano

Uno de los símbolos surgidos de ese sincretismo, fue la Virgen de Guadalupe, la virgen morena, que sirvió para fundir la imagen del indígena con los nuevos valores cristianos. Tanto funcionó que se convirtió en el estandarte de nuestra independencia y paulatinamente en un ídolo.

La calavera garbancera

De manera similar surgió la calavera mexicana, obra de Manuel Manilla y más tarde de José Guadalupe Posada, misma que se ha convertido en un nuevo ícono de identidad. No creo que estos artistas hayan pretendido generar un símbolo de la mexicanidad cuando dibujaron sus calaveras; sino que, probablemente son resultado de una asimilación del arte europeo, enmarcado en un contexto típicamente mexicano.

Es factible que los grabados de la Danza macabra, realizados por Hans Holbein, el joven, hayan influenciado a José Guadalupe Posada, quien, además había retomado la idea de su precursor, Manuel Manilla. De ese modo, Posada desarrolló toda una colección de grabados de calaveras, a partir de los cuales buscaba criticar y mofarse de la sociedad porfiriana, caracterizada por el deseo de afrancesarse.

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J. G. Posada, Calaveras zalameras de las coquetas meseras, S/F.

Sus calaveras fueron la manera perfecta de expresarse, ya que bajo su ojo crítico pudo exponer sus ideas sobre cualquier personaje, político o religioso, a partir de la muerte, misma que representa la igualdad, pues a todos nos llega, ricos o pobres. Disfrazados de calaveras desfilaron por sus obras todos los personajes representativos de la sociedad porfiriana.

El simbolismo de la calavera alcanzó su máxima expresión en el trabajo de Posada cuando, en 1910, con el propósito de ilustrar una calaverita literaria del Día de muertos, realizó su famosa “Calavera garbancera”, sátira del mexicano pre-revolucionario que aspiraba a adoptar las tradiciones de la aristocracia europea y renegar de las suyas. Se llamó garbancera porque así eran conocidos los vendedores de garbanza quienes eran primordialmente indígenas; sin embargo, deseaban alejarse de sus tradiciones, raza y cultura e intentaban asimilar las del viejo mundo.

 

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José Guadalupe Posada, Calavera garbancera, 1910

 

La catrina

Las calaveras de Posada han sido retomadas, renovadas y utilizadas en múltiples expresiones artísticas, entre las que destaca el mural: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, de Diego Rivera, quien, en 1947, retomó la idea de la garbancera y la convirtió en una catrina, es decir, en una elegantísima calavera que da un paseo dominical por la alameda, tal como hacía la gente de la alta sociedad.

Actualmente la catrina se ha convertido en un símbolo icónico de México, porque sintetiza una larga historia de evolución desde lo prehispánico y lo europeo, hasta lo propiamente mexicano. La asimilación de este símbolo como parte de la identidad de los mexicanos es signo de una construcción propia, que muestra nuestro humor y folclor. La catrina representa la unión de la vida y la muerte, el luto y el festejo, la pobreza y la riqueza, nuestras antiguas creencias y la fe cristiana, creación y asimilación, crítica y construcción. Es, en resumidas cuentas, uno de los resultados de todas las influencias que nos han llevado a ser mexicanos.

 

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Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, 1947.

Referencias bibliográficas.

Félix Báez Jorge. “Simbólica mexicana de la muerte. (A propósito de la gráfica de José Guadalupe Posada)”. La Palabra y el Hombre, octubre-diciembre 1994, no. 92, p. 75-100. Consultada el 15 de octubre de 2018.

María Guadalupe Reyes García “El símbolo de la calavera: la crisis pendular entre la función de ídolo en la santa muerte al ícono en la catrina”. Revista Arbitrada de Artes Visuales, Nº33, ISSN 1870-3429, 2014. Consultada el 15 de octubre de 2018.

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