La Antigua Grecia, cuna del pensamiento occidental, dejó un gran legado científico, tecnológico y sobre todo filosófico al mundo moderno. Su cultura desarrolló las más antiguas doctrinas filosóficas de occidente, a través de las cuales se sentaron los principios de muchas teorías científicas vigentes; por ello, estudiar a esa antigua civilización es fundamental para comprender nuestro mundo actual.

Durante los siglos de esplendor griego, el diálogo y la participación activa de la ciudadanía en la resolución de problemas era fundamental para las ciudades; mientras que, en los tiempos modernos, el pensamiento reflexivo ha perdido su valor, los espacios de diálogo se han cancelado, e incluso se ha generado una tendencia educativa que implica excluir la filosofía de los sistemas de enseñanza. Además, en las mismas Facultades de Filosofía ha sido premiado el estudio de la lógica por encima de la ontología, la ética o la epistemología, lo cual ha generado el desarrollo de pensamientos distantes de los problemas reales que aquejan a nuestra sociedad.

Preocupados por la situación actual de la filosofía en nuestro país, entrevistamos a la experta en filosofía antigua, María Teresa Padilla Longoria, quien es Doctora en Filosofía por la Universidad de Durham, y ejerce como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y miembro de la Asociación Filosófica de México.

 

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En la actualidad, la filosofía es considerada una disciplina improductiva e incluso innecesaria, por lo que países como España y México han planteado eliminarla de sus planes escolares. Desde ese marco, ¿por qué consideraría importante continuar promoviendo el estudio de la filosofía?

Desafortunadamente, los criterios que rigen las políticas educativas se han centrado en informar y no en formar a las personas. Informar sin formar ha dado por resultado que tengamos una “barbarie ilustrada”.  La abdicación de la filosofía implica la abdicación del hombre mismo. No hay formación de hombres cabales, esto es, conscientes, sin filosofía. Ella nace como una vocación autoconsciente que se pregunta, como parte de su propio quehacer, por su esencia y fines. En nuestra época se ha pretendido superar las crisis, por la vía fácil, esto es, por la vía pragmática que es insatisfactoria. La merma vital que implica el engendro de hablar de una educación o paideia sin filosofía significaría la contradicción de una filosofía que fuera inconsciente de su misión educadora. Cuando el filósofo Eduardo Nicol habló del para qué o ethos de la filosofía se refirió al principio vocacional, existencial, vital o antropológico que nos remite a la disposición frente al modo de ser por el que se ha optado responsablemente.  La vocación humana es un llamado a la búsqueda de la excelencia o areté que implica, por tanto, un plus antropomórfico. El ethos específico de la filosofía la define como una vocación de verdad o una philía que se busca por pura sophía. Ya desde la filosofía presocrática y, particularmente, con Sócrates, Platón y Aristóteles, la filosofía evidenció su naturaleza como una búsqueda amorosa o desinteresada de la verdad por amor a los demás hombres o por dilección ontológica a lo real y por fidelidad antropológica. Dicho en otros términos: la filosofía es paideia, humanitas o humanismo porque busca formar, de veras, al hombre cuando éste se sabe hombre. Sin filosofía el hombre no puede ser consciente del acto de libertad que significa que la esencia del humanismo se halla en el acto mismo de filosofar: de saberse hombre y de traducir el saber en una forma de ser. El planteamiento de la pregunta ha sido equivocado.  Se cuestiona para qué sirve la filosofía. Pragmáticamente hablando, para nada. Pero si se plantea correctamente diríamos: ¿cuál es el servicio vital que la filosofía le presta al hombre? El de hacerse hombre a cabalidad.

La institucionalización de la Filosofía, la distribución de recursos a las áreas de investigación humanística y los propios intereses de las importantes cúpulas académicas han conducido el estudio de la filosofía hacia ramas y autores específicos, mientras que otros han quedado reducidos a las simples menciones o incluso han sido olvidados. ¿Qué filosofías y/o autores considera importante rescatar del olvido y por qué?

La filosofía debe ser entendida como tradición, como un continuo histórico de problemas. Hablar de tradición filosófica significa partir de la consideración de que ella ha de comprenderse como un proceso dinámico y, por ende, continuo, acumulativo y que se va renovando. La filosofía ha ido forjando su historia a través de un conjunto de autores que se denominan clásicos de todos los tiempos desde la presocrática hasta nuestros días. Esto es lo que hay que rescatar. El filósofo debe tener cultura filosófica basada en el estudio de estos hombres que han investigado sobre los problemas fundamentales del filosofar. La filosofía no debe ser una especialización ni una moda.

En su libro, La filosofía como dialéctica: El modelo dialógico del filosofar socrático-platónico, plantea la importancia de los métodos socrático y platónico para la filosofía, y señala cómo en la actualidad la labor filosófica se ha transformado en una actividad solitaria. Desde esa perspectiva, podría decirnos, ¿qué valor tiene el diálogo en el quehacer filosófico?

Sócrates y Platón plantearon que la mejor manera de hacer filosofía era por medio de la búsqueda y examen conjuntos a base de preguntas y respuestas con vistas a descubrir lo que las cosas son en sí mismas, y a nuestro juicio, esto permea a toda la filosofía. Todo interlocutor representa el reto necesario para someter a prueba nuestras ideas. A solas somos capaces de cualquier dislate. La naturaleza del método filosófico es conversacional o dialéctico. Más aún: Platón consideró que la mejor manera de llevar a cabo el proceso de indagación filosófica era el diálogo en vivo por el hecho de que los dialogantes constituyen el desafío imprescindible para que nuestras ideas pasen por el más riguroso escrutinio.

Sin la relación dialógica del conocimiento la comunicación es imposible, esto es, sin intersubjetividad no hay transubjetividad. También por eso, el método de examen dialógico o elénquico-dialéctico fue considerado como el mejor en el proceso de enseñanza aprendizaje. Es a través del diálogo y por la palabra que se puede sembrar en el alumno la semilla del conocimiento y la forma de trabajar conjuntamente para tratar de batallar o bregar, de manera directa con las cosas, se hace con la finalidad de ir revelando su naturaleza misma. Ya también Sócrates en la Apología (38a) nos había dicho que una vida sin examen no merece la pena de ser vivida. También se refería al hecho de que todo debe ser examinado, incluyendo a uno mismo. La vía dialógica nos conduce, no sólo al conocimiento del mundo, sino también al de los demás hombres y de uno mismo.

¿Qué filósofo presocrático considera ha sido menos valorado por los estudiosos modernos, y cuáles piensa que son sus aportaciones más relevantes?

Pienso que Alcmeón de Crotona quien es un presocrático temprano. Él fue el primero en decir que el hombre es el único ser que posee inteligencia (syniemi) y que ésta da unidad a los procesos sensoriales. Asimismo, su revolución consistió en decir que el cerebro es el centro y el coordinador de dichos procesos sensoriales.  La forma en la que va explicando cómo se dan la visión, la audición, la olefacción y el gusto contiene adelantos sorprendentes, porque comprende los principios de dichos procesos así como la enorme proyección de hacer del cerebro el órgano receptor, aglutinante y gobernante de las sensaciones.  También, como además de filósofo era médico, hizo explícito que las enfermedades, tanto individuales como sociales, provienen del desequilibrio o dominio de una sola fuerza o poder (dynamis) a la que denominó monarquía.  Al restablecimiento del equilibrio de fuerzas a nivel individual y social lo denominó isonomía.

En la Antigua Grecia, la filosofía era muchas veces expresada a través de poemas, posteriormente se plasmó a manera de diálogo, hasta que finalmente la prosa se instauró como la forma de la expresión filosófica; hoy en día la institucionalización de esta disciplina la ha obligado a comunicarse a través de medios puramente lógicos y racionales, dejando de lado la inspiración y belleza de su composición. ¿Qué piensa de esta transformación en la expresión de la filosofía?, ¿considera que la formalización del método filosófico es positiva para el desarrollo de nuevas corrientes del pensamiento, o, por el contrario, la limita?

La formalización de la filosofía implica su muerte. Sería como una especie de implosión, porque va contra la naturaleza misma del acto de filosofar. Sería como una ruptura estrepitosa hacia dentro de la filosofía. La filosofía, en tanto ciencia o episteme, da razón de las cosas tratando de expresarnos cómo son en sí mismas, independientemente de nuestros gustos o pareceres personales. El rigor de la filosofía está en su expresión cualitativa que es doblemente valioso cuando se dice bien y bellamente. La objetividad de la filosofía es dialógica y, por ende, intersubjetiva. La lógica no puede, por sí sola, resolver ningún problema de conocimiento, puesto que sólo regula las relaciones del pensamiento consigo mismo. No se ocupa de objetos reales y es, tan sólo, un instrumento o técnica auxiliar de la ciencia.

Hay que distinguir que una cosa es la congruencia interna que debe tener toda forma simbólica de expresión científica y otra muy distinta que tengamos que ceñirnos a un sistema específico de lógica formal.  Todo sistema formal se podrá ir refinando de acuerdo con las necesidades propias de las ciencias formales, pero debe quedar claro que ningún sistema formal es autosuficiente ni tiene validez o eficacia cognoscitiva autónoma. El refinamiento y la complejidad que ha adquirido el lenguaje formal ha impuesto la idea de la autosuficiencia de la lógica. Esto ha hecho que olvidemos que la lógica está subordinada a la epistemología y no a la inversa. De forma que hemos llegado hasta el extremo de que ahora no se habla tan sólo de autonomía de la lógica formal o del formalismo, sino de su hegemonía absoluta. Así se ha instaurado como verdad incuestionable que el formalismo simbólico es el único criterio de validez de toda ciencia. La verdad es exactamente al revés. La lógica debe estar subsumida a la ontología y a la epistemología. La filosofía es ciencia de realidades y no puede someterse a la dictadura de ningún sistema lógico determinado. Esto es prueba de que la matemática –en tanto ciencia formal– tampoco es el instrumento único, exclusivo y, por ende, universal del conocimiento científico. Lógica y epistemología implican una unidad de dos aspectos complementarios, pero eso no significa la forzosidad en la asunción exclusiva de un sistema formal específico.

Son reiteradas las advertencias que varios filósofos han manifestado al respecto. El escritor alemán Erich Kästner ya había hablado con una ironía muy fina respecto a los excesos del lenguaje de los existencialistas (Erich Kästner, Ist Existentialismus heilbar? en Das Erich Kästner Lesebuch, Diogenes, Zürich, 1978, S. 76).  Si lo aplicamos –mutatis mutandis– a lo que pasa en nuestros días con la invasión y dominio de lógica formal, podríamos parafrasearlo de la siguiente manera.  Si la formalización lógica de la filosofía se generaliza, llegará el momento en que este lenguaje sea tan abstruso que nos conduzca a que tan sólo lo entiendan unos pocos, es decir, los propios profesores y sus adjuntos y no los restantes amigos de la sabiduría.

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