Al contrario de lo que muchos podrían pensar, la música clásica nunca es obsoleta. No sólo nos permite relajarnos y propicia las condiciones adecuadas para trabajar o estudiar, también pone en marcha nuestro cerebro y nos permite afinar nuestro oído. Además, escuchar a los clásicos siempre es un deleite porque cada nota, cada arreglo y cada composición es sinónimo de maestría y virtuosismo.

¿Acaso hay algo mejor que tomar una taza de café o leer un buen libro a la luz de Bach o entre las notas de Händel? ¡Y es que no sólo se trata de escuchar por escuchar! También es divertido pensar mientras se escucha. Por esta razón hago una atenta invitación a que abran Spotify (o su reproductor preferido), pongan música clásica de fondo y se deleiten con esta entrevista.

Nacida en la Ciudad de México y egresada del Conservatorio Nacional de Música, Andrea Cortés Moreno siempre mostró un profundo interés por la música clásica; sin embargo, es hasta 2006 que tuvo la oportunidad de cantar en la Sala Nezahualcóyotl y desde ese momento su vida cambió por completo.

Actual ganadora del segundo lugar en el Concurso de Canto Linus Lerner en agosto pasado (además de obtener otros tres premios en el mismo certamen), su talento la ha llevado a cantar con orquestas de la talla de la Sinfónica del Sur de Arizona (SASO) y a visitar otros países de Latinoamérica y el mundo.

Con un humor ácido pero sincero, determinada y muy carismática, es como Andrea respondió a nuestro llamado cuando le pedimos que nos concediera la presente conversación.

¿Qué es lo que te impulsó a estudiar música?

Toda la vida me gustó la música, el canto en específico. Mi primer recuerdo acerca de un presente de cumpleaños es haber pedido un piano… Creo que era cosa del destino, por decirlo de algún modo. Siempre me gustó la música, pero como sucede en muchas familias, mis padres creían ─y digo creían porque su opinión al respecto cambió, afortunadamente─ que no podría vivir de eso y que en realidad no era algo que tuviera que estudiarse, así que decidí estudiar medicina. Fue en la preparatoria, antes de que eso pasara, que un gran amigo mío me escuchó cantar y me llevó a hacer una pequeña audición al coro de la escuela, y, como dicen, “el resto es historia”. Fue ahí cuando supe que no quería hacer otra cosa en la vida. Cantar me hace muy feliz.

¿Cómo descubriste tu potencial como soprano?

Antes de entrar al coro de la ENP No. 7 no tenía idea de la clasificación de las voces. Desde pequeña me la pasaba cantando todo lo que escuchaba, mi repertorio iba desde Elvis hasta Vicente Fernández. Recuerdo que uno de mis hermanos me hizo ver un programa de Canal 22, era una ópera; yo no sabía qué era eso y nunca había escuchado una. Ahora sé que vi Madama Butterfly de Puccini. Ya entonces me la pasaba cantando pero siempre quería hacer algo más con mi voz, y cuando escuché esas voces quedé fascinada. Cuando me dijeron que tenía lo suficiente para cantar como esas personas fue maravilloso. Pasaron cinco años para que comenzara a estudiar música. En 2005 entré al Conservatorio Nacional de Música, a la carrera de canto, y fue ahí donde descubrí todo lo que podía hacer con mi voz; fue ahí que descubrí que era soprano.

¿Has pensado en trabajar en el extranjero?

Claro que ha pasado por mi mente. Ya he tenido la oportunidad de cantar en el extranjero y es algo que te marca, poder decir con gran orgullo de dónde vienes y representar a tu patria es maravilloso. Me encantaría hacer una maestría o entrar a un Opera Studio; es algo que definitivamente está dentro de mis planes y ya tengo en la mira algunas opciones.

¿Qué significa cantar para ti?

Cantar para mí es lo mismo que respirar. Subir al escenario y hacer música, darle vida a un personaje, es maravilloso; sólo se compara con enseñar canto o pasar tiempo con mi familia. Es felicidad absoluta.

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