La música es un camino bello y suntuoso. Quien decide entregarse a los placeres de Orfeo está condenado, de alguna manera, a nunca renunciar a ellos. No se trata de una profesión nada sencilla, quien decide dedicarse a la música sabe que se requiere de sumo compromiso, disciplina y entrega.

Jorge Hernández Hernández nació en San Luis Potosí en abril de 1992. Comenzó sus estudios musicales a la edad de 10 años en el Instituto de Niños Cantores del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, y desde entonces la música ha sido parte inherente de su vida. Actualmente forma parte del Conservatorium van Amsterdam, en los Países Bajos, donde continúa con sus estudios y desde donde nos concedió cordialmente la presente entrevista.

Eres un músico muy joven, ¿cuándo empezaste a tocar?

Desde niño me gustó la música. Mis primeras lecciones, aunque informales y sólo por curiosidad, las tomé cuando estaba en 3er año de preescolar con el piano. Tenía mucha curiosidad por el instrumento y la maestra del coro de la escuela me enseñó las notas por medio de colores en el pentagrama y en el teclado del piano. Después de eso fue hasta 5to de primaria que surgió de nuevo mi interés y entré al Instituto de los Niños Cantores Prof. Francisco González Sanchez. Estaba interesado en el piano, pero tomé clases de guitarra, violín, y lo principal era el coro. Estuve tres años ahí hasta que empece a tomar clases particulares de piano con la maestra Karla Fernández y posteriormente, por su recomendación, ingresé a la Escuela de Iniciación Musical Julián Carrillo, donde podía tomar mas clases teóricas como solfeo, armonía, historia de la música, etc. En esa escuela estudié  por casi cinco años hasta que me mudé a la Ciudad de México para tocar en la Orquesta Carlos Chávez y estudiar en la Escuela Superior de Música.

¿Qué te inspiró a estudiar música?

En realidad siempre me gustó mucho la música y gran parte de ese amor se lo debo a mi padre, pues cuando él fue joven también tomó clases de canto, guitarra y algo de piano. Mi papá siempre ha tenido ese gran amor por la buena música, ya sea mexicana, en inglés, de películas y, por supuesto, la música clásica. Recuerdo que de vez en cuando asistíamos a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí, cuando, a decir verdad, aún era muy niño y los conciertos no eran tanto de mi interés. Cuando éramos pequeños, mi hermana quería aprender a tocar el piano y mi papá compró un teclado eléctrico, al poco tiempo mi hermana perdió totalmente el interés pero a mí me lo despertó. Fue cuando empece a buscar clases de piano. En algunas ocasiones pasaba las tardes con mi papá, en las que tocaba la guitarra y cantaba para mí. En realidad él nunca estudió música profesionalmente, sólo de manera “lírica”. Cuando comencé a tocar más el piano, me compró un piano vertical con el que pude estudiar, y en el cual también tocaba de “oído” todo lo que él quisiera. Todo eso me llenó de inspiración para seguir en esta magnifica y hermosa profesión.

¿Por qué elegiste el contrabajo?

Siempre tuve muchísimo interés en el piano, de hecho aún me encanta. El problema fue que en la Escuela de Iniciación Musical Julian Carrillo, el piano y el violín son instrumentos muy demandados, por lo que tuve que escoger otro. Siempre tuve alguna afección con los sonidos graves, fue por eso que decidí comenzar con el fagot. Mi maestro era Mikhail Mamedov, músico en la OSSLP. Por aquel tiempo yo padecía una pequeña enfermedad cardiaca llamada Síncope vasovagal, la cual afortunadamente desapareció con el tiempo y tratamiento, pero por recomendación de mi cardióloga tuve que dejar de lado los instrumentos de viento. Por un momento pensé en el violonchelo, pero además de que también tenía cierta demanda, escuché el sonido del contrabajo y quede “flechado”, así que no lo dude más y comencé mis clases con el maestro Francisco Rodríguez Landeros.

¿Qué sentiste la primera vez que tocaste en otro país?

Desde que comencé a tocar el contrabajo, algo que me encantó de todo lo que implicaba la música orquestal era que, de alguna manera, el hecho de viajar siempre está conectado a ello. Cuando pertenecí a la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México perteneciente al SNFM, empezaron los viajes y conocí casi toda la República. Después, cuando pasé a formar parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez, también perteneciente al SNFM, vino el primer viaje a otro país: Argentina. La orquesta asistió a una reunión de mandatarios de Iberoamérica donde había diferentes personalidades, entre ellas el maestro José Antonio Abreu (creador del Sistema en Venezuela). Tocamos en Mar del Plata y en Buenos Aires. Aquel viaje lo recuerdo con muy buenas experiencias tanto musicales como personales, la pasamos muy bien. Cuando aterrizamos en suelo argentino recuerdo estar muy emocionado, tenía unos 18 años y era la primera vez que salía del país. Fue algo increíble, una experiencia inolvidable que, como ya dije, sin la música no sé si hubiera ocurrido. El segundo viaje internacional que hicimos con la orquesta fue a Chicago, donde asistimos como invitados a un festival realizado en conjunto con la Chicago Symphony Orchestra. Para ese mismo año, por medio de apoyos que la OSJCCH nos brindaba, hice mi primer viaje a Europa donde asistí a un curso en Italia. Fue una experiencia inolvidable también y de verdad me sentí muy conmovido de estar en esos hermosos lugares.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacer una estancia en Ámsterdam?

En 2012, con apoyo de la OSJCCH, asistí a un curso de contrabajo en Galaroza, España, con los maestros Rinat Ibragimov y Luis Cabrera. Este curso marcó mi vida (como muchos otros) pues Rinat es de los mejores maestros que he conocido, tanto musical como intelectualmente, y por consiguiente lo es Luis, que es su más destacado alumno. Ellos dos son personas tan sencillas que sólo tratan de compartir todo su conocimiento sin esperar algo a cambio más que la misma música. Para el 2013 invitamos a Luis Cabrera a tocar con nuestra orquesta y a que nos diera master class. La experiencia fue inolvidable, estoy seguro que tanto para mi sección de contrabajos como para Luis. Surgió una buena amistad con él, la cual me dio más motivaciones para salir de México a estudiar. Fue entonces que hice audición en Ginebra, Suiza, donde resulté seleccionado, pero para aprovechar el viaje vine a Amsterdam a visitar a Luis, pues es contrabajista principal en la Nederlands Philarmonisch Orkest, y me presentó a Olivier Thiery (contrabajista en la Royal Concertgebouw Orchestra, y ahora mi maestro); toqué para él y me dijo que me invitaba a hacer audición en el Conservatorium van Amsterdam, a pesar de que las fechas de inscripción ya habían pasado. Fue así que hice la audición y fui seleccionado también. La decisión de elegir entre Ginebra y Amsterdam fue muy difícil, pero gracias al apoyo de Olivier decidí quedarme aquí.

¿Con qué otra orquesta te gustaría tocar en el futuro?

Hay muchísimas orquestas en las que me gustaría tocar en el futuro. El sueño de todo músico es tocar en la Filarmónica de Berlín, pero para cumplir ese sueño tendría que cambiar a técnica de Arco Alemán, y eso es algo que no tengo en mis planes a corto plazo, pero tal vez sí más adelante. Viviendo aquí en Amsterdam claro que también nace el sueño de tocar en la Royal Concertgebouw Orchestra, o en la NedPhO (Nederlands Philarmonisch Orkest), pero tengo que seguir trabajando para conseguirlo. Justo ahora sólo quisiera tocar en cualquier orquesta de buen nivel, ya sea aquí en Europa o en algún otro sitio. Claro está que tampoco descarto nunca poder volver a tocar en alguna orquesta profesional mexicana como OSN u OFUNAM.

¿Qué piensas del nivel de enseñanza de música en México?

Como en todos los ámbitos educativos, hay de todo, desde maestros excepcionales con un nivel intelectual muy alto y que hacen su trabajo por amor a la enseñanza, hasta los maestros “barco” que estoy seguro existen en cualquier profesión. Pienso que en México hay demasiado talento, tan sólo en mi instrumento hay muchísima gente que tiene talento de sobra, pero muchas veces están con malos guías, lo cual hace que la persona no desarrolle al máximo su potencial. Pienso que están surgiendo bastantes cosas muy buenas, como los núcleos comunitarios del SMFM o las orquestas Esperanza Azteca; fuera de todo lo malo oculto detrás (corrupción, etc.), creo que es muy buena idea inculcar la música en niños y jóvenes, lo malo de estos organismos es que muchas veces los maestros no son lo suficientemente buenos o muchos ni licenciatura terminada tienen, lo cual es una pena. El hecho de tener un papel no significa que eres bueno, desgraciadamente muchos maestros así pueden generar ciertos riesgos para los niños o jóvenes que apenas empiezan en la música. A nivel profesional educativo también hay de todo, por supuesto. En la Escuela Superior de Música, por ejemplo, conocí a dos maestros de teoría extraordinarios, de lo mejor que puede tener la escuela, pero sé por medio de algunas otras cátedras o algunas otras materias teóricas que hay maestros que no deberían trabajar en ese lugar y que tal vez obtuvieron el trabajo por suerte, palancas o algún otro tipo de cuestiones, lo cual me da mucha tristeza. Es muy difícil soñar con un nivel de enseñanza musical de excelencia en México y más con todos los problemas que el país está atravesando, pero creo puede ir creciendo ese nivel. Por mi parte me encantaría regresar y compartir todo lo aprendido por acá, que hasta ahora es muchísimo ya.

De no haber estudiado música, ¿qué otra cosa te hubiera gustado estudiar?

Después de la primera gira con la OSIM, a mis 16 años, yo ya había decidido que quería dedicarme profesionalmente a la música. Cuando era pequeño soñaba con ser paleontólogo y ese deseo duró muchísimos años. Con el tiempo el deseo no se fue, pero vinieron mas cosas, como el hecho de que siempre he admirado el universo. Es un tema que me emociona bastante y de niño estaba decidido a que quería ser astronauta o investigador espacial. Cuando entré al bachillerato, siendo un poco mas realista, alguna vez pensé en dedicarme a ingeniería en sistemas o a algo como turismo o relaciones internacionales, pero siempre tenía en mente que quería seguir con la música. Sin embargo, después de la primera gira con la OSIM quedé enamorado de esa vida y por nada pensé en dejarla. No lo tuve que pensar para nada, de hecho quería irme en ese instante a estudiar a la Ciudad de México con el maestro Alejandro Hernández Cadengo (quien ha sido uno de los más importantes maestros y amigos en mi carrera), pero mis padres, que nunca me negaron su apoyo, me dijeron que era mejor que terminara el bachillerato y después me fuera. Afortunadamente me mudé a la Ciudad de México para pertenecer a la OSJCCH apenas comenzando el 3er año del bachillerato, terminándolo después en la Ciudad de México.

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