Un artista de la representación, con más de 55 años en el escenario y que, a pesar de ello, aún conserva su capacidad de asombro, un actor comprometido con el público, un águila solitaria, así se define el actor Héctor Suárez, toda una institución dentro de la comedia teatral de nuestro país y quien por su conciencia crítica fue perseguido y silenciado por el régimen político que tristemente aún posee la hegemonía de las instituciones públicas.

El actor 78 años de edad aún sigue pisando los escenarios teatrales llenándolos de la magia y la energía que sólo un ser comprometido con su vocación puede hacer. Con su generosidad característica nos regaló una entrevista que les compartimos a continuación.

 

¿Cómo defines la actuación y cuál es la experiencia que tiene un actor al estar arriba de un escenario?

En el escenario existe otra dimensión. Me lo enseñaron el maestro Carlos Ancira, Alejandro Jodorowski y Marcel Marceau. El actor es un vendedor de asombros, un alquimista, un mago, que se transforma arriba del escenario, porque estamos en otra dimensión que nos protege, y esa protección viene de la magia del teatro y de todo arte de la representación, el cine, la televisión, el circo… Esa energía que está ahí es protectora, envolvente; “alquimia” es la palabra que más me gusta para llamarla. Siempre que estás en el escenario sientes la magia y un asombro.

Siempre he querido conservar mi capacidad de asombro, como un niño. A mi me gusta que los magos me engañen; contrariamente a la gente que sólo quiere ver dónde está el truco, yo sí quiero que me engañen, que me asombren desde esa otra dimensión, me encanta que los actores me engañen, me conmueve mucho ver un buen actor, lo disfruto mucho.

 

¿Qué nos puedes decir de los nervios que dan al subir al escenario?

Desde la primera obra que hice, Las cosas simples de Héctor Mendoza, hace 55 años, cuando aún era estudiante, y hasta ahora, siento los mismos nervios antes de salir a escena, y esa sensación no se acaba nunca, pues representa la responsabilidad, el peso escénico, el compromiso, el amor, la pasión, el respeto a la misma profesión, a uno mismo, pero sobre todo al público.

Alguien que se precie de ser actor o actriz siempre va a tener ese nervio, y quien no lo tenga, es un farsante, un mentiroso. Cuando tengo dos funciones de teatro seguidas, en las dos entro con la misma responsabilidad, el mismo peso, el mismo compromiso y la misma ansiedad por saber que tengo que cumplir mi compromiso con el público, que es sagrado.

 

¿Qué medio elegirías para hacer tu biografía? ¿Teatro, cine, televisión…?

Un libro. Lo estoy haciendo, de hecho. Se llamará: Las águlias vuelan solas, los ojetes, en parvada. Ésta es una frase de mi abuela, con quien vivimos mi hermano Sergio –que es mayor a mí por dos años– y yo durante toda nuestra niñez, y quien soy se lo debo a ella, soy el resultado de la educación de una soldadera maravillosa, bendita de dios, una señora fuerte, muy fuerte, pero muy tierna.

Una vez yo estaba triste, me vio mi abuela –ella era muy malhablada, creo que por eso yo soy muy malhabado– y me dijo con firmeza: “¿y a ti qué te pasa?”, y le contesté timorato: “no, nada”. Ella me respondió con molestia: “¿Cómo que no te pasa nada? ¿Qué crees que soy tonta o qué? Ándale, siéntate…”, y me preguntó con fuerza: “¿Qué caramba te pasa eh, dije qué caramba te pasa?”, Yo contesté: “No, es que Juanito…”, y me interrumpió con un grito: “¿Qué Juanito?, ¿el cabrón ése que viene a comer aquí?”. “Sí”, contesté, “ya no me habla”. Aún no terminaba yo de decir esta última frase cuando comenzó decir insultos y maldiciones contra Juanito y me preguntó: “¿Qué necesita usted vejigas para nadar?”. Me agarró del cuello y me llevó hacia ella y me dijo: “Fíjese bien lo que le voy a decir para que no se le olvide nunca: Las águilas vuelan solas, los ojetes, en parvada”. Y desde entonces soy un águila solitaria.

Soy un hombre solo. Ciertamente tengo a mi mujer, a mis hijos, pero yo soy un hombre que no cultiva muchas veces la amistad por mi soledad. Sé que no estoy solo, tengo a dios y al universo conmigo, ¡qué chingaos voy a estar solo!, estoy más acompañado que no te imaginas, pero sí soy una persona que no es sociable. La gente me pregunta que a quién le voy, al América o al Guadalajara, pero les contesto que eso a mí me importa un carajo, no me gusta el pinche futbol. Todo mundo cree que soy “pambolero” por los papeles que hago de “ñeros” y de gente de barrio, pero no, no me interesa para nada el futbol y no tengo nada de sociable.

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