Etimológicamente, la tanatología es el estudio de la muerte (thánatos=muerte y logos=estudio). La tanatología como disciplina se concentra, por lo tanto, en estudiar todo lo referente a la muerte y, desde la perspectiva psicológica, en abordar el proceso de duelo o pérdida. Existen diferentes tipos de enfoques tanatológicos como el psicológico, filosófico, forense, religioso, bioético y jurídico, entre otros, cada uno con su particularidad y prioridades; sin embargo, uno de los más conocidos y recurridos hoy en día es el psicológico, porque ayuda a superar y sobrellevar el proceso de la muerte ya sea propia o de un ser querido.

Para saber más de esta disciplina entrevistamos a la psicóloga y tanatóloga, Gabriela Morales[1].

 

¿Qué es la tanatología?

La tanatología es la disciplina que se encarga de encontrar el sentido al proceso de la muerte y busca el reconocimiento de la persona como un ser integral, es decir, biológico, psicológico, social y espiritual, mediante la consciencia de la propia vida para poder vivirla en plenitud y aceptar su fin, a través de una muerte pacífica y tranquila.

Hay que ubicar que la tanatología tiene dos principales objetivos. El primero es el acompañamiento de pacientes terminales, a través del cual se busca mejorar la calidad de vida, tener una muerte digna y en paz, además de ayudar a la familia o dolientes a elaborar sus procesos de duelo.  El segundo es apoyar y acompañar, a cualquier persona que lo necesite, a través de la consejería o terapia en procesos de duelo por una pérdida significativa; ésta puede ser la muerte de un ser querido e incluso de una mascota.

 

¿Cuál es la relación de la tanatología con la psicología?

En algunas personas, la presencia de conflictos psicológicos tiene su origen en la imposibilidad de procesar adecuadamente algún duelo, es aquí donde surge la relación. La tanatología complementa a la psicología para que la persona pueda comprender su experiencia de pérdida, reestructurarla y encontrarle nuevamente sentido a su vida.

 

¿A qué se le llama proceso de duelo?

El duelo es un proceso de adaptación normal y necesario ante una pérdida significativa, se vive de manera única e individual ya que intervienen las características de la persona, el tipo de relación con el ser que ha perdido y la etapa de vida del doliente.

La doctora Elizabeth Kübler Ross identificó que el proceso de duelo está caracterizado por las siguientes etapas:

  • Negación emocional ante la pérdida y aislamiento.
  • Enojo o ira que puede presentarse contra sí mismo, la vida, el fallecido, Dios, etc.
  • Regateo o pacto, en la que se busca negociar para poder evitar la pérdida.
  • Depresión, fase en la que puede aparecer un rompimiento de la rutina, o actividades normales.
  • Aceptación, finalmente el reajuste a la nueva situación de vida y el reconocimiento de lo que sucedió, es una adaptación a la ausencia.

¿Cuál es la diferencia entre un psicólogo común y uno que se ha especializado en tanatología?

Un psicólogo especializado en tanatología tiene mayor número de herramientas y técnicas para tratar procesos dolorosos, llevando al doliente, mediante el trabajo terapéutico, a aceptar la situación, sus emociones y el dolor de la pérdida, hasta adaptarse a la nueva realidad.

 

¿A qué se le llama cuidados paliativos y cuáles son las funciones que en ellos desempeña el tanatólogo?

Los cuidados paliativos son la atención integral brindada a enfermos de gravedad o crónicos que están en peligro de muerte y que ya no responden a medidas curativas. En los países más desarrollados en la materia, el equipo de cuidados paliativos incluye médicos, enfermeros, psicólogos especialistas en tanatología y como apoyo auxiliar, un abogado o asesor legal y sacerdotes, pastores o guías de cualquier religión que el enfermo practique. El objetivo de estos cuidados es ofrecer la mejor calidad de vida posible, controlando o evitando el dolor y manejando los síntomas físicos sin alargar o acortar la vida, además, brindar apoyo psicológico, social y espiritual. Los cuidados paliativos pueden brindarse en una institución de salud o en la casa del enfermo

El tanatólogo, dentro de los cuidados paliativos, acompaña al enfermo en la elaboración del duelo por la pérdida de su vida y a darle sentido al sufrimiento; a la familia le asiste en el proceso de elaborar su propio duelo.

Ya que el duelo es diferente para cada persona, ¿existe un tratamiento distinto para cada miembro de una familia, o el tanatólogo puede tratarlos por igual?

Efectivamente, el proceso de duelo que cada persona vive es único e independiente. El cómo se viva dependerá del tipo de vínculo que cada miembro de la familia haya tenido con la persona que ha muerto. Por lo tanto, el tanatólogo tendrá que intervenir desde un trabajo individual con cada uno de ellos, para avanzar en la reintegración de la familia reconociendo la ausencia y reorganizándose en consecuencia.

Aceptar la muerte es un proceso difícil para la mayoría de las personas; sin embargo, frente a dicho evento no siempre es necesario acudir a una terapia tanatológica, ¿en qué casos sí lo recomiendas?

Comprender, entender y aceptar la muerte es difícil para la mayoría de la gente, por ello es recomendable que las personas que están viviendo un proceso de duelo puedan hablarlo, pensarlo, sentirlo, vivirlo, hacer suyo el dolor y trascenderlo para reacomodar a la persona que se ha ido en un lugar especial y poder continuar con la propia vida.

Se recomienda que en todos los casos las personas reciban apoyo, acompañamiento o consejería de parte de algún tanatólogo, recordando que este tipo de intervenciones no son una terapia y que sólo ayudan a transitar el proceso doloroso de la mejor forma posible, para que  no se generen estados patológicos. Sin embargo, hay personas muy resilientes que logran reestructurarse sin apoyo tanatológico.

Hay que tener un cuidado especial en la atención que se le brinda a los niños y adolescentes en los procesos de duelo por muerte, ya que algunas veces, con la idea de protegerlos, se les miente diciendo frases como: “está dormido (a)”, “se fue al cielo”, “se ha marchado”, etc., o bien, simplemente no se les toma en cuenta. Las anteriores respuestas pueden generarles otro tipo de heridas, ponerlos en riesgo físico y aumentarles la posibilidad de desarrollar algún conflicto psicológico o refugiarse en alguna droga. Por ello, siempre es importante hablarles con la verdad, utilizando un lenguaje sencillo, acorde a su edad y preguntarles qué es lo que ellos sienten, observan y comprenden de la situación. Si la persona siente que no puede explicarle a un niño o adolescente lo sucedido, siempre será mejor solicitar ayuda de un profesional.

En cualquier caso, es importante estar atentos a las personas en duelo, ver si la persona puede por sí sola, o no, retomar su vida. En caso de que pasen los días o meses y la persona sigua con el mismo dolor intenso, con rabia, o apatía, será importante que se busque asistencia profesional en una terapia que le ayude en la elaboración del duelo, para evitar un conflicto psicológico mayor.

¿Qué recomendaciones le darías a una persona que está experimentando un proceso de duelo por muerte?

Que reconozca que la experiencia que está viviendo es un proceso normal que no durará para siempre, pero que requiere paciencia. Que debe otorgarse el permiso para sentir y reconocer cada emoción que experimente, con el propósito de que pueda encausarlas de una manera positiva.

Esta persona debe darse cuenta que sentirse triste, enojada o desganada es normal en este momento y que es válido pedir espacio para llorar, reflexionar o gritar sin sentir pena o culpa por ello. También debe saber que en caso de que se sienta rebasada o imposibilitada para afrontar el dolor, siempre es posible pedir y recibir apoyo de un tanatólogo.

¿Qué le recomendarías hacer a una persona que tiene un conocido allegado que está pasando por un proceso de duelo?

La principal recomendación sería que se detenga un momento para reflexionar, procurando reconocer y aceptar sus propias capacidades y límites para ayudar, ya que no debemos comprometernos más allá de lo que en realidad podemos.

Es importante que aprendamos a acompañar sin juzgar el dolor del otro y sin aconsejar, a pesar de las buenas intenciones que tengamos. Hay que tener paciencia y brindar espacio para que nuestro allegado pueda vivir su propio proceso, pero observarlo con atención para poder identificar, en caso de que se presente, signos que indiquen que requiere ayuda profesional. Hay que estar alerta para identificar si al paso del tiempo la persona sigue sufriendo como el primer día, si ha perdido el interés en la vida o en sí mismo, si no acude al trabajo o no rinde lo suficiente, si está teniendo problemas en la escuela o con sus amigos, si se encuentra muy agresivo o aislado, porque en esos casos debemos pedir ayuda profesional.

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[1] Gabriela Morales es Licenciada en Psicología (UNAM), cuenta con varios diplomados de especialización en tanatología y experiencia en el área de cuidados paliativos. Actualmente se dedica a brindar terapia psicológica y tanatológica. Contacto: psic.gaby.morales@gmail.com

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