El regreso a las fuentes originales del conocimiento humano es condición “sine qua non” para comprender las contradicciones del tiempo actual. La Filosofía y sus descendientes, léase Ética, Bioética y demás no pueden ser examinadas con imparcialidad si no se tienen nociones básicas acerca del devenir histórico de ellas.
Insistir en este tiempo en la Ética y ahora en la Bioética debe verse desde perspectivas diferentes; en la actualidad es muy sencillo, al calor de la moda, declararse ¿Bioeticista? No importa la ignorancia de la Historia, ni el respeto al trabajo que debería tenerse hacia la Filosofía y los filósofos profesionales; desde las llamadas “ciencias duras” se pontifica hacia las humanidades y se da como verdad absoluta una base empírica con la que se justifica esa posesión de la verdad.
La moda justifica como “cajón de sastre” incluir en la Bioética, todo aquello que se les ocurra presentar del tema. A esta confusión, contribuyen también los profesionales de la Humanidades, al presentar un mundo completo de confusiones: autores, problemas, teorías éticas y más, creando con ello una barrera difícil de superar.

Volver a las fuentes originales es retomar el problema esencial del ser humano: la capacidad de preguntar, y las preguntas pueden ser tan variables como lo son los pensadores, ¿Es necesaria una Bioética?, ¿Cuántas Éticas y Bioéticas hay?, ¿Son éticos los científicos de las ciencias naturales?, ¿Quién debe poseer la información de las personas?, ¿Las pruebas y tamizados son éticos? El mayor conocimiento de la naturaleza biológica del hombre, ¿era benéfico para la especie humana en su totalidad?, ¿Los animales sienten?, ¿Puede el ser humano ser sujeto y objeto de la investigación? Y se podrían hacer muchas preguntas más.

La realidad es compleja sin más explicación; su complejidad reside en los miles de elementos de lo que se llama cotidianeidad: las cuestiones políticas, el acceso al empleo, la oportunidad de estudio, la posición económica, la transformación acelerada o no de las relaciones sociales, los determinantes socio-económicos en relación a otras sociedades, el avance innegable de las ciencias físicas y naturales y su repercusión en el aumento de las desigualdades internas y externas, estas cuestiones necesitan y exigen reflexión. Los temas alrededor de la vida se hacen complejos por intervenir otros elementos, el hecho biológico trasciende esos límites y están involucradas otras disciplinas varias como la antropología, sociología, creencia religiosa, psicología y economía.

La información de la ciencia, sin descuidar sus bases de rigor y precisión, se entraman en un tejido complejo de valores con efecto en la visión del mundo. Sin embargo, ¿dónde ocurren estas discusiones? En todas partes, pero especialmente donde hay los elementos sociales que permiten esta discusión. A veces nos enteramos por los medios de información masiva de los avances de las ciencias y de los beneficios para los seres humanos; sorprenden las promesas de una vida mejor, más sana, más pacífica; contrastan tales promesas con la presencia de nuevas enfermedades, o antiguas que han vuelto con más fuerza, las plagas con mayor y más extendida virulencia, resistencia a fármacos inducida por el uso indiscriminado de antibióticos, sustancias supuestamente terapéuticas, cuyos resultados son a veces peores que la enfermedad y así, lo que prometía un mundo feliz , se transforma en una pesadilla.

Para Engelhardt (1995): El pensamiento actual se caracteriza por un creciente distanciamiento de una orientación y propósitos últimos, supervivencia vs. trascendencia. No encontramos un camino de expresión y nos refugiamos en deformidades del mundo, de una creencia religiosa a una religión de la ciencia, sin encontrar el camino. Mucha de la construcción del mundo, de la cosmovisión secular, se despedaza, a veces lenta y otras rápidamente, confrontada con las nuevas apariciones de supuestas y exageradas bondades de la ciencia y la tecnología.

El ordenamiento que nos daba paz se mueve constantemente, cada vez estamos más ante hechos consumados; no somos ya el paciente, el enfermo en el hospital, sino un número que significa ingresos económicos, o bien, de un olvido de los valores, de la moralidad de los actos que sustentaban un tejido social humano, se pierden las marcas del camino, las que guiaban, protegían y daban paz a nuestras vidas. En consecuencia, nuestro lugar en el universo, en la naturaleza, quedó mediatizado. Lo económico resulta útil y la ética o moralidad, carece de sentido y no se percibe como necesaria.

Nuestras capacidades no son homogéneas; los poderosos lo son cada día más, los avances de la ciencia se gradúan de manera clara; en algunos casos la conservación del medio y la salud son importantes , mientras que en otros, las poblaciones siguen muriendo de las enfermedades de hace siglos y de las nuevas producto de la civilización. Las promesas que el futuro depara ya no están a nuestro alcance porque la distancia es cada vez más amplia, en ocasiones, ni siquiera sabemos por donde van. El poder ha ido haciendo cada vez más grande ese abismo, ese poder está representado por un avance científico y tecnológico, sin precedentes y su idea de su magnitud y futuro; para unas naciones el futuro lejano o cercano, es lo cotidiano; en otras que vienen de regreso de destruir, su futuro es conservar lo que esté presente y así, se inicia un ciclo en el que la conservación es asunto mundial a satisfacción de los que antes la destruyeron.

En ese sentido, la imposición de ideologías, de reglas, una reconquista o colonización ahora basada en una realidad científica y tecnológica nueva. Ante ello, los pueblos se refugian en su tradición histórica, en su realidad actual, pero poco pueden hacer ante el embate de medios de información, sirvientes del poder. Nadie puede negar el valor de los hallazgos de la ciencia y la tecnología, los vivimos a diario y esto deslumbra, pareciera ser la solución a nuestros problemas y es tal vez el inicio de otros más complejos.
De estas ciencias y sus derivados tecnológicos surge en otro campo la Bioética, ¿Qué es la Bioética? ¿Una nueva moda a seguir? ¿Realmente hay una ética derivada, distinta cualitativamente? ¿De que estamos hablando? ¿Seremos conquistados o invadidos por una imposición de los poderosos? o ¿Seremos capaces de desarrollar un pensamiento ético y bioético propios? Este trabajo tiene como tesis principal la siguiente: Ser capaces de examinar críticamente las teorías científicas, las biotecnologías y contrastarlas con los supuestos de una bioética secular. Una Bioética Crítica implica generar un pensamiento propio, un examen de los hechos de la ciencia y la tecnología en una sociedad concreta, la nuestra.

Así, reflexionar sobre la ciencia y la sociedad, la investigación y la enseñanza de la ética y de la bioética es la tarea más acuciante y no puede ser relegada a segundo término. Quitando el aspecto de la moda, la bioética carece de precisión cuando se califica a todo lo que tiene que ver con la ética como bioético; una reflexión crítica tiene que cuestionar necesariamente las bases éticas de la bioética. La tesis de este trabajo y en general de esta línea de investigación es la siguiente: podemos hablar de bioética donde las bases fundamentales de la vida pueden ser alteradas de manera radical; la modificación del ADN, la reproducción asistida, la ingeniería genética entre otras plantean una modificación radical de los fenómenos de la vida, incluir el aborto el sida y otros temas , quedan más en una ética médica o clínica pero no constituyen una modificación radical de la vida en el sentido biológico, sin desechar que en lo social y moral tengan un gran impacto.
¿Por qué limitar la bioética a una ética de lo alterable? El mismo término se presta a una interpretación tan amplia que todo queda incluido y los riesgos de las nuevas ciencias y tecnologías quedan más para el sensacionalismo periodístico que para el examen y reflexión filosófica y científica.

Es importante para la reflexión tomar en cuenta los puntos de vista de la ética; el alegato de una nueva “ética” carece de fundamento, los problemas genéricamente hablando son los mismos, en este sentido: históricamente los avances han sido criticados por las capas más reaccionarias, sobre todo las que detentan el poder, casi cualquier avance es inmediatamente anatomizado, con argumentos variados, sin medida y sobre todo con una gran ignorancia de los verdaderos alcances de la ciencia.
Dussel (2000) lo expresa de una forma más clara: “…..el problema de lo formal es que le falta contenido. No interesa lo que se discuta; lo que interesa es que se cumplan las reglas democráticas del discurso, lo cual me parece correcto, en cuanto a lo democrático, pero no advierte el contenido fundamental”. Si no está el contenido fundamental la discusión se hace un juego de palabras y de argumentos generalizadores basados en supuestos inexistentes o mal interpretados.
Dussel propone una ética que afirma como una ética de la vida, pero no como una ética de la vida misma sino por aquellos que no pueden vivir. El deber ético de cambiar las cosas para que vivan los que no pueden vivir no se comprende si no es parte de una ética de la vida. En otro orden de ideas, la bioética se transforma de ser una ética aplicada en una supuesta ética de todo lo que pueda caber o suponerse como cuestión de decisión moral entre las ciencias y sus aplicaciones y los valores éticos, por ello, la relación médico-paciente de la ética médica se transforma en bioética, se tiene entonces una transformación de una ética clásica en ¿bioética?

Cambiar de lugar el problema puede responder a muchos factores, pero no se altera lo que es en esencia, es decir, la necesidad de retomar la ética en sus acepciones varias para responder a problemas cotidianos de decisión sea médica clínica o bioética. En los siglos XIX y XX, con respecto a los compuestos para combatir algunas enfermedades como la sífilis, se opusieron asociaciones civiles y religiosas con argumentos que respondían a su ideología y no a una necesidad social, se repiten estas en el siglo pasado y en este, con el problema del SIDA, problema de salud pública; la moralidad y el comportamiento personal, así como las creencias de cualquier tipo no quedan relegadas, pero no pueden ser determinantes de la moral social o de la ética médica o clínica, esta y otras enfermedades apuntan a un problema de epidemias independientemente de la moralidad y las costumbres personales.
Según Dussel (2000): “…. La vida humana es todo lo que ella es, y este es el contenido último de la ética”. Si en última instancia la vida humana es todo lo que ella es, entonces no puede haber un sólo tema que no afecte directa o indirectamente a la vida humana; en este sentido una bioética tiene que ir ligada a los riesgos que entraña a corto y largo plazo una biotecnología, pero éticamente hablando también tiene que interesarse por los productos de la ciencia, productos de la evolución biológica y cultural.

No todas las conclusiones llegan al mismo punto, las diferentes formas de pensamiento llevan a diversas conclusiones, por ello, los puntos de vista de la magnitud o del beneficio de las biotecnologías actuales varían en función de un sinnúmero complejo de factores, de interacciones variadas. Un ejemplo serían los transgénicos, sobre todo las plantas consumidas o no por humanos; así mismo, para Irving (2002), diferentes éticas llevan a diferentes conclusiones, dice la autora, hay que tomar como ejemplo la bioética secular y la ética médica católica, por ejemplo: la bioética secular considera como ética la contracepción; el uso de abortivos; el diagnóstico prenatal con la intención de abortar fetos defectuosos; la investigación en fetos y embriones humanos; aborto, clonación humana; formación de quimeras humanas; células troncales humanas; investigación pura con enfermos mentales; eutanasia; suicidio médicamente asistido; consentimiento acerca de todo lo anterior de parte de personas vivas, etc.
En contraste, la ética médica católica, como fue expresada en la Conferencia Nacional de Obispos Católicos: “Directivas Éticas y Religiosas para los servicios de Salud Católicos” así como en la Carta para los Trabajadores de la Salud publicada por el Vaticano, considera todas esas acciones como antiéticas. Probablemente, los puntos en los que están de acuerdo son en el uso de medios extraordinarios como un ventilador para incrementar la respiración o de altas dosis de analgésicos para dolores si ello es aprobado por los médicos.

Se pregunta: ¿Cómo estos dos sistemas éticos diferentes pueden llevar a conclusiones éticas? La respuesta debería ser predecible. Cada teoría ética académica tiene sus propios principios éticos idiosincráticos. “Deduciendo que de principios éticos diferentes, necesariamente resultan conclusiones éticas diferentes”. Por ejemplo: la ética médica católica romana está basada en principios éticos incrustados en la ley moral (una combinación de ética filosófica de la ley natural, ley divina y las enseñanzas del magisterio). La bioética secular, como es predominantemente entendida y aplicada, está basada en tres principios bioeticos de respeto a las personas (ahora referido como autonomía), justicia y beneficencia como se articuló en 1978 por la Comisión Nacional en el Reporte Belmont. Deduciendo desde esos dos conjuntos, muy diferentes de principios éticos, conducen a dos conclusiones éticas y médicas distintas.

En resumen, realmente no hay una “ética per se”, o más precisamente “una ética médica per se”. Hay diferentes clases de éticas, y entonces hay diferentes clases de éticas médicas, cada una con sus principios éticos únicos, objetos, método (epistemología), y grupos de expertos. Esto es, las características inherentemente distintas de las diversas teorías éticas que se comparan y se contrastan en ética y ética médica que se enseñan en las aulas (o al menos debería ser). Así mismo, las diferentes teorías éticas o de ética médica tienen sus registros históricos únicos. La historia de la bioética no es la excepción, aunque es reciente.
Difícilmente se admite en un medio limitado, la posibilidad de una ética diferente a un pensamiento religioso por muy trasnochado que este sea, no solamente de una religión sino de todas las confesiones de un país, esto significa que en múltiples ocasiones, no es posible siquiera plantear los temas a reflexión, hay que admitir las formas distintas de pensamiento, pero cuando esas formas se acercan a las creencias difícilmente se razona.

La bioética es ética aplicada, y su estatus como rama independiente esta circunstanciada a factores culturales y a posiciones sociales, algunos la consideran un nuevo paradigma intelectual (Bredy 2002), para Gracia (1989), las características que debe tener son entre otras las siguientes:

Civil: secular o no directamente religiosa; aunque en ella se toquen temas religiosos.

Pluralista: no homogénea, es decir, que acepte la diversidad de enfoques y posturas e intente juzgarlos en unidad superior.
Autónoma: no heterónoma, es decir, en la defensa de de que el criterio de la moralidad es la propia persona y no alguna otra realidad ajena a él.

Racional: no bajo el criterio racionalista de que la razón, de entrada puede conocer el todo de la realidad. Racional, porque fundamentada en la razón, argumenta sus fundamentos, tomando en cuenta principios y consecuencias. Más allá de los convencionalismos: tratando en la medida de lo posible, bajo el criterio de la igualdad en la esencia de la condición humana, universalizar lo que sea universalizable; en otras palabras ser formal y no material.

Cada una de estas características tiene elementos a favor y en contra por lo que su aplicación completa llega a ser difícil; en el caso de que deba ser civil, en muchas sociedades, la bioética está dominada por dos grupos: médicos y religiosos y en ocasiones ambas actividades conforman el mismo grupo, por lo que es difícil tener una visión que no esté ligada a esos puntos de vista, muchas veces radicales. A esto hay que sumar una no pluralidad: no se aceptan las más ligeras desviaciones de un canon u ordenamiento.

Se niega el valor autónomo de la persona y se juzga sólo desde las reglas del grupo, finalmente, se niega la igualdad al dar como condición previa de aceptación social, la convención social, en este caso la ética o moral.
Para Engelhardt (1997), citando a Potter (1971), fue la primera persona o de las primeras personas, en emplear el término bioética; propuso el término para identificar una disciplina combinando biología y humanidades, tratando de hacer una ciencia que pudiera establecer un sistema de prioridades médicas y ambientales para la supervivencia global con una calidad de vida aceptable:
“Su interés era ambiental, buscaba un modo de visión moral más amplia que la que había hasta ese entonces bajo el rubro de bioética. Esperaba enmarcar el equivalente de un ethos, una ideología o un movimiento moral, que pudiese redirigir las energías individuales y de comunidades hacia una consideración para una moral global que comprendiera la vida, desde la reproducción humana a la protección del medio ambiente. Primer problema del planteamiento original de Potter, la dificultad de universalizar una forma de pensamiento más bien particular de una parte del mundo, imposible casi de generalizar, excepto en conceptos también muy generales”.

Continúa Engelhardt (1997): “las energías de Potter no fueron dirigidas primariamente al avance de algunos argumentos filosóficos sino como justificación de una explicación moral sobre las otras; se partía de las ciencias biológicas y médicas pero con un barniz de argumentación filosófica. Su enfoque se dirigió a la identificación de problemas, preocupaciones y metas que podrían atrapar el interés de individuos y comunidades y entonces, motivarlos a adoptar nuevas formas de conducta. El punto de partida dé Potter según deja ver Engelhardt, es una justificación filosófica para problemas de índole científica especialmente médicos, queda una distancia grande con respecto a la justificación ética, sin embargo, es una apertura a romper con las rigideces de los planteamientos científicos”.

Potter estaba interesado en hacer una ética de respeto a la vida, no directamente comprometida con los temas filosóficos involucrados; en todo caso, respetar la vida y proponer justificaciones para una explicación sobre la otra.
La dificultad es que enfrentamos numerosos caminos alternativos en la interpretación de la obligación de respeto a la vida; esto significa, y de hecho se da, que los argumentos se acomodan en función de intereses no siempre claros con respecto a la protección de la vida; un ejemplo de ello es el uso de las células troncales de embriones, a veces abandonados y luego eliminados bajo el argumento de la inviolabilidad de la vida, pero, ya fueron eliminados sin posibilidad de utilizarlos en investigación o en terapias comprobadas.
Significativamente, se puede pensar que lo relevante de este enfoque de la bioética guió hacia revaloraciones fundamentales de lo que serían las teorías morales, da un enfoque que se comprende en lo personal como guía de la actuación bioética; considerando los fundamentos de la bioética, no encontramos una ideología particular, si bien en lo religioso se han apoderado del término, para deformarlo y acomodarlo a intereses muy desviado de lo que sería una bioética sin condicionamientos dogmáticos religiosos.

Lo que significa bioético es tema de discusión permanente más que urgente; como muchas otras discusiones, esta está ligada al grado de avance científico y tecnológico de una sociedad, así como a sus estamentos sociales. En una sociedad atrasada no pueden surgir propuestas avanzadas; la necesaria correspondencia hace que las discusiones en sociedades atrasadas deriven en planteamientos y propuestas fuera de lugar o radicales a favor o en contra, o bien, pueden surgir leyes y reglamentos carentes de una base sólida, tanto científico-tecnológica como social; por lo anterior, en parte la discusión de lo que es bioético o ético necesariamente se debe fundamentar en información científica sólida. De esta manera, las definiciones y lo que es o no bioético es un ejercicio para desarrollar las bases de propuestas futuras sólidas.

¿Qué es bioética? Varía en función de los elementos dados en el párrafo anterior y de otros más, pero retomando la definición de Potter de 1971 se define como: “…La Biología combinada con el conocimiento humanístico haciendo una ciencia que establece un sistema de prioridades médicas y ambientales para una supervivencia aceptable”. Para Kushe y Singer (2001), el primer trabajo de bioética fue el de Joseph Fletcher de 1954, “ Morals and Medicine”, su visión de la “ética de situación” tiene más que ver con la ética consecuencialista que con los puntos de vista cristianos tradicionales.

Para Jecker, Jonsen y Pearlman (1997), los temas originales de la Bioética, fueron la nueva biología y sus implicaciones genéticas, trasplante de órganos, y experimentación con sujetos humanos. En 1979, M. Siegler, internista de la Universidad de Chicago, acuño el término “ética clínica”. La ética clínica, enfoca temas que confrontan al médico con su práctica diaria de interacción con los pacientes, se contrasta con la “ética biomédica”, la cual, concierne en mucho a las políticas públicas. Los cambios en la medicina moderna han creado una gama anticipada de dilemas éticos que demandan una respuesta clínica, reflexiva y creativa.

Los primeros temas como ingeniería genética y experimentación con sujetos humanos están alejados de las actividades de la mayor parte de los médicos. Los problemas de cuidados para los pacientes muy enfermos o agonizantes son una parte íntima de la experiencia médica. Las cuestiones morales surgen de la práctica diaria en la cual el clínico tiene inevitablemente responsabilidad directa. No es posible en términos generales encontrar una teoría sistemática que de cuenta de antemano del desarrollo de una nueva tecnología; prever completamente las consecuencias es por lo menos ocioso además de imposible; las aproximaciones no pueden ser hechas más que desde una visión de conjunto que permita la interacción de diferentes actores y de aproximaciones de una parte de la realidad total: esto es la interacción en la relación salud-paciente; la bioética pretende ir un poco más allá, es decir, interrogar acerca de las consecuencias de la biotecnología actual y el futuro cercano.

Referencias
Brody, B. (1975) The Sanctity of Life: a philosophical view. Cambridge, MA: MIT Press
Dussel, E.; “El reto actual de la ética: detener el proceso destructivo de la vida” en Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico. La Habana: Ciencias Sociales, pp.197-207
Engelhardt, H.T. (1990). Human Nature Technologically revisited. Social Philosophy and Policy.8, 180-191
_____________(1995). Los fundamentos de la Bioética.1a. Edición. Paidós. México
_Fletcher, J. Morals and Medicine. N.J. Princeton University Press.
_Irving, D.N. What is Bioethics, in : J.W. Kotersky, Life and Learning X. Proceedingsof the Tenth University Faculty for Life Conference. Washington, D.C.
_ Jecker, N.S.; Jonsen, A.R. ; Pearlman, R.A. Bioethics. An introduction to the History, Methods and Practice. Jones and Bartlett Boston 1997.
_ Kushe, H. and Singer, P. eds. ( 2001). A companion to Bioethics. Blackwell Pub. U.K.
_ Potter, V.R.; (1970). Bioethics, science of survival. Biology and Medicine. 14, 127-53
_Siegler, M. Clinical Ethics and Clinical Medicine. Arch. Intern.Med. 1979.139: 914-15.

Sobre El Autor

Doctor en Ciencias biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana. Es miembro distinguido de diversas sociedades científicas, tanto nacionales como extranjeras. Ha publicado trabajos en diversas revistas especializadas, nacionales y extranjeras. En tiempos recientes, dirige el "Diplomado de Bioética" en la UAM-Xochimilco.

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