Conociendo a Michel Foucault

Video producido por The School of Life (https://www.youtube.com/user/schooloflifechannel)

 en colaboración con Mad Adam (http://madadam3.businesscatalyst.com/),

 traducido al español por David Enríquez.

“No me pregunten quién soy

ni me pidan que siga siendo el mismo”.

                             Michel Foucault

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Michel Foucault fue un filósofo e historiador francés del siglo XX, quien pasó su carrera criticando forensemente el poder del Estado burgués y capitalista moderno, incluyendo su policía, cortes legislativas, prisiones, doctores y psiquiatras; su meta era trabajar nada menos que el modo en que el poder opera y, entonces cambiarlo en la dirección de una utopía marxista anarquista. A pesar de que pasó la mayor parte de su vida en librerías y seminarios, era una comprometida figura revolucionaria; tuvo gran popularidad en círculos de la élite parisina; Jean Paul Sartre lo admiraba profundamente y aún mantiene un amplio seguimiento entre la gente joven que estudia en las universidades, en los rincones prósperos del mundo.

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Su pasado, del cual era extremadamente renuente a hablar alguna vez (y que por todo medio trató de impedir fuera investigado por periodistas) fue muy privilegiado. Sus dos padres eran ricos fuera de lo ordinario, viniendo de una larga línea de exitosos cirujanos en Poitiers, en el centro-oriente de Francia. Su padre, el doctor Paul Foucault llegó a representar todo lo que Michel odiaría de la Francia burguesa. Michel tuvo una educación estándar de clase alta; atendió instituciones jesuitas de élite, fue monaguillo, y sus padres esperaban que se convirtiera en doctor. Pero Michel no era precisamente como otros chicos. Comenzó a hacerse daño a sí mismo y a pensar constantemente en el suicidio. En la universidad decoró su cuarto con imágenes de tortura, de Goya. Cuando tenía 22 trató de cometer suicidio y fue forzado por su padre, contra su voluntad, a ver al psiquiatra más famoso de París, Jean Delay, en el hospital Santa Ana. Sabiamente, el doctor diagnosticó que mucho de la perturbación de Michel venía de tener que contener su homosexualidad –y en particular su interés en el sadomasoquismo extremo– lejos de la censora sociedad. Gradualmente, Foucault entró en la underground escena gay de Francia, se enamoró de un traficante de drogas y escapó con un travesti. Durante largos periodos en sus 20’s, fue a vivir al extranjero, a Suecia, Polonia y Alemania, donde sintió que la sexualidad sería menos restrictiva. Todo este tiempo, Foucault progresaba en su ascenso por la escalera académica de Francia.

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El evento sísmico de su vida intelectual vino en el verano de 1953 cuando Foucault tenía 27 y se encontraba de vacaciones con un amante en Italia; entonces se cruzó con el libro de Nietzsche, Meditaciones intempestivas, que contiene un ensayo llamado “Sobre los usos y abusos de la historia para la vida”. En el ensayo, Nietzsche argumenta que los académicos han envenenado nuestro sentido de cómo la historia debía ser leída y enseñada; ellos hacen parecer como si uno debiera leer historia en un modo desinteresado, para aprender cómo fue todo en el pasado. Pero Nietzsche rechazó esto con sarcástica furia; no tiene caso aprender sobre el pasado por su propio bien; la única razón para leer y estudiar historia es escarbar del pasado, ideas, conceptos y ejemplos, que puedan ayudarnos a conducir una mejor vida en nuestros propios tiempos. Este ensayo liberó a Foucault intelectualmente como nada lo había hecho hasta entonces. Inmediatamente cambió la dirección de su trabajo y decidió convertirse en un tipo particular de historiador-filosófico. Alguien que pudiera mirar hacia el pasado para ayudarnos a sortear los asuntos urgentes de nuestro propio tiempo.

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Ocho años después estaba listo para publicar la que es reconocida como su primer obra maestra: Historia de la locura en la época clásica. La idea promedio es que ahora tratamos a las personas con enfermedades mentales mucho más humanamente que como lo hicimos en el pasado; después de todo, los ponemos en hospitales, les damos drogas, vemos que los revisen personas con doctorados… Pero esta era exactamente la actitud que Foucault quiso demoler en Historia de la locura. En el libro, argumentó que las cosas en el renacimiento de hecho eran mucho mejores para el loco que como se volvieron subsecuentemente. En el renacimiento, el loco era percibido diferente antes que enloquecido; se pensaba que los locos poseían un tipo de sabiduría porque demostraban los límites de la razón; eran reverenciados en muchos círculos y se les permitía vagar libremente. Pero entonces, como denuncia la investigación histórica de Foucault, a mediados del siglo XVII nació una nueva actitud que, descuidadamente, medicó e institucionalizó a las personas con una condición mental; no se les permitió vivir más en el círculo de los sanos; fueron apartados de sus familias y encerrados en asilos, y fueron vistos como personas que tendríamos que intentar curar, en lugar de tolerar, sólo por ser diferentes.

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Puede ser reconocida un filosofía subyacente similar en el próximo gran libro de Foucault, El nacimiento de la clínica. Su blanco aquí era la medicina, más ampliamente. Atacó sistemáticamente la visión consistente en que la medicina se ha vuelto más humana con el tiempo; pudo ver que, desde luego, tenemos mejores drogas y tratamientos ahora, pero creía que el “doctor profesional” nacido en el siglo XVIII era una figura siniestra que siempre miraría al paciente con lo que Foucault llamó la “mirada médica”, denotando una actitud deshumanizante: mirar al paciente sólo como un conjunto de órganos y no como una persona. ¿Qué había bajo la mirada médica? Escasamente un riñón o hígado realizando un mal funcionamiento, no una persona a ser considerada como una entidad completa.

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Después en la obra de Foucault vino, Vigilar y castigar. Aquí Foucault hizo algo similar sobre el castigo de Estado. De nuevo, la visión general es que la prisión y los sistemas punitivos del mundo moderno son mucho más humanos de lo que eran cuando la gente simplemente solía ser colgada en las plazas públicas; no tanto así, argumenta Foucault. El problema, dijo, es que el poder ahora luce amable, pero no lo es; mientras que en el pasado no se mostraba amable y por lo tanto podía animar a rebelión abierta y protestas. Foucault notó que, en el pasado, el cuerpo de un convicto podía convertirse en un foco de simpatía y admiración, y el verdugo, en lugar del convicto, podía convertirse en el foco de la vergüenza. Frecuentemente, las ejecuciones públicas también conducían a revueltas en favor del prisionero; pero con la invención del sistema penitenciario moderno todo sucedió en privado, tras puertas cerradas; uno ya no puede seguir viendo y, por lo tanto, resistir al poder del Estado. Esto es lo que hace al sistema de castigo moderno tan barbárico y, propiamente primitivo, ante lo ojos de Foucault.

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El último trabajo de Foucault fue el multi-volumen, Historia de la sexualidad. Las maniobras que realizó en relación con el sexo son nuevamente muy familiares; Foucault se rebeló contra la visión de que todos estamos ahora profundamente liberados y en paz con el sexo. Argumentó que, desde el siglo XVIII, descuidadamente hemos “medicalizado” el sexo, entregándoselo a investigadores profesionales y científicos. Vivimos en una era de lo que Foucault llamó scientia sexualis (“ciencia de la sexualidad”). Pero Foucault miraba al pasado con considerable nostalgia, a las culturas de Roma, China y Japón, donde detectó la regla de lo que llamó una ars erotica (“arte erótico”), donde todo el enfoque era en cómo incrementar el placer sexual, en lugar de apenas entenderlo y etiquetarlo. Una vez más, la modernidad fue culpada por pretender representar el progreso, cuando de hecho había una pérdida de la espontaneidad y la imaginación. Foucault escribió el último volumen de este trabajo mientras moría de sida, que había contraído en un bar gay de San Francisco.

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Murió en 1984; edad, 58. La contribución más duradera de Foucault es su modo de ver la historia; hay muchas cosas en el mundo moderno sobre las cuales constantemente nos están diciendo que son fantásticas, y que aparentemente eran muy malas en el pasado; por ejemplo: la educación, los medios, o nuestros sistemas de comunicación. Foucault nos anima a abrir una vía desde la arrogancia del ahora y, volver y ver en la historia muchas maneras de hacer las cosas que quizá eran superiores. Foucault no estaba intentando hacernos sentir nostalgia, quería que retomáramos lecciones de antaño para mejorar cómo vivimos ahora. Los historiadores académicos han tendido a odiar el trabajo de Foucault; piensan que es impreciso y continúan señalando cosas que no han comprendido del todo en algún documento o similares. Pero a Foucault no le importaba una total precisión histórica; la historia para él sólo era un almacén de buenas ideas, al cual quería asaltar antes que mantener prístino e inmaculado. Debíamos usar a Foucault como una inspiración para mirar a las ideas e instituciones dominantes de nuestros tiempos, y cuestionarlas mediante la observación de sus historias y evoluciones. Foucault logró algo sobresaliente: hizo a la historia beneficiosa para la vida y filosóficamente rica de nuevo. Él puede ser una inspiradora figura para nuestros propios proyectos.

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Texto en inglés -> http://aion.mx/filosofia/getting-to-know-michel-foucault

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