Resumen: Giordano Bruno (1548-1600), pensador renacentista italiano, férreo impulsor del heliocentrismo copernicano: fue condenado a la hoguera por sus ideas en torno al orden del universo, de entre las cuales en este ensayo se da seguimiento a su teoría de la continuidad y los vínculos.

Un filósofo, teólogo, alquimista y escritor muere quemado por la inquisición en la hoguera, en el año 1600. ¿Qué puede decirse de él que le vincule de algún modo con una lectura distante, buscando generar una superficie a través de la cual su genio mute y se altere? [1] Tal vez hace falta afirmar, como Ezequiel Gatto, quien dice: “[…] cabe sospechar que hubiera sido quemado dos siglos más tarde en nuevos tribunales, con otra ciencia, o cuatro siglos después, quién sabe. Giordano Bruno aparece pensamientos que incendian por sí mismos en todo tiempo”. [2]

¿Cómo generar una argumentación fecunda [3] que traiga al texto un determinado efecto, a partir de los movimientos causados por el pensamiento de Giordano Bruno? La manera en que ello suceda es convenida más certeramente, me parece, por la primera frase de su obra De los vínculos en general. En ésta Giordano Bruno asevera: “Existe la siguiente exigencia: aquél que debe ligar debe poseer una teoría universal de las cosas, para de esa manera estar en condiciones de aferrar al hombre, que de todas las cosas es, por así decir, su epílogo”. [4]

Giordano Bruno deviene con la suerte de su influencia, pues, si se atiende a lo que agrega enseguida, se observa cómo toda persona cobra un cierto sentido ‘vinculado’ en muchos sentidos. La materia se ha tenido que organizar en la luz del ordenador, bajo determinado orden, para que hayan sido posibles estas palabras que le nombran. El esparcimiento por vía de la imaginación y del pensamiento ha debido ser de tantas otras maneras —entonces y siempre incalculables— como haya ocurrido por las vías del deseo, los ánimos, los cuerpos y los personajes de Giordano Bruno:

[…] así como narran de Proteo y Aquiles, es posible imaginar un mismo argumento transmigrando de forma en forma, de figura en figura, de manera tal que para vincularlo se deban utilizar permanentemente nuevas especies de nudos cada vez. [5]

Estas ‘nuevas especies de nudos’ pueden ser consideradas vínculos de fuerzas que convergen en puntos álgidos, en los cuales se muestran (bajo la forma de un efecto): Dios y el Diablo, el Alma, el Ser animado, la Naturaleza, la Suerte, la Fortuna, el Destino y el Cuerpo. Nacen, pues, de tales tipos de fuerzas [6] las ideas, las argumentaciones y los discursos fecundos, las situaciones distintas, la realidad toda y la fuerza que ligando mueve toda realidad, llevándole a su plenitud, innombrable de una sola manera. [7]

Todo ello ha de componer a lo que ahora se desarrolla como ‘Giordano Bruno’. Una mezcla que deviene compleja y simple por su paso a través de muchas vertientes o vínculos de distintas naturalezas: unas veces lidiando con el fuego como elemento sutil, otras hormigueando en congresos académicos y mesas de debate como tema, otras levantándose mediante estatuas en las plazas públicas, y otras más derramándose por el ciberespacio.

Ser vinculante da cuenta de una fuerza notoria entre muchas más, que se deja ver tras cruzar elementos, humores, pensamientos e imaginaciones, lo mismo que cuerpos, ciudades, tiempos y vidas en torno. Por ello no puede decirse que Giordano Bruno no sea parte de las lecturas que le distienden de un modo diferente cada vez, en un espacio y en otro. Cada mirada fresca, por así decirlo, le constituye otra liga. La gran retícula de vínculos descrita por los llamados ‘nudos de fuerza’ (siempre nuevos) que se repiten en diferentes tiempos, en diferentes formas y vidas respecto a una serie de ideas que se dejan ver por un nombre; es como una serie abierta de cruces y puentes entre la energía de los cuerpos y el universo, que para Bruno vivifica, aplaca, estimula, acaricia, ordena, vitaliza, gobierna e inflama a nuestras potencias y a nuestras formas. [8]

No está resuelto cómo concebir de sus cenizas, sus libros o sus relatos, estos pliegues y repliegues interpretativos con que sus lectores le hallamos. Las ideas y los cuerpos de Bruno vuelven siempre en mil evoluciones, formas y vivencias diferentes. Para aferrar al hombre hay que aferrarse al epílogo del hombre, y éste no lleva su firma, su punto final. Ya ni siquiera se trata de él (antropocéntricamente hablando), y sin embargo, he aquí a ‘Giordano Bruno’ que aparece, retorna y deviene otro, interpelando a sus verdugos en un nuevo entorno, poblado por nuevos ojos y mentes en qué fugarse:

.

 ¡Ah!… Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;

Morir como yo muero… no es una muerte ¡no!

Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte.

Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy Yo!

Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,

Decidle que a la muerte me entrego como un sueño,

porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios…

Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones

que al hombre da la vida y al par su maldición,

Sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones

da a la materia forma, y vida a la creación.

(…)
¡Mas basta!… ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra,

¡Cobardes! ¿Qué os detiene?… ¿Teméis al porvenir?

¡Ah!… Tembláis… Es porque os falta la fe que a mí me sobra…

Miradme… Yo no tiemblo… ¡Y soy quien va a morir!… [9]

 

Monumento de Girdano Bruno en la plaza Campo de Flori, Roma, lugar donde fue quemado.

Monumento de Girdano Bruno en la plaza Campo de Flori, Roma, lugar donde fue quemado.

Notas

[1] Cfr. Giordano, Bruno. “Por qué requiere genio quien liga” en De la magia. De los vínculos en general. Trad. Ezequiel Gatto y Pablo Ires. Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007. p. 73

[2] Ibid. Introducción. p. 5

[3] Ibid. “Efectos de las fuerzas que ligan”. pp. 70-71

[4] Ibid. p. 69

[5] Ibidem

[6] Ibid. “Especies de las fuerzas que ligan”. p. 70

[7] Ibid. “Efectos de las fuerzas que ligan”. pp. 70-71

[8] Ibidem

[9] Ibid. Fragmento del Poema de Giordano Bruno a sus verdugos. p. 1

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