“ὦ Σώκρατες,” ἔφη, “μουσικὴν ποίει καὶ ἐργάζου.”
“Sócrates”, dijo, “haz música y esfuérzate en ello”
(Platón, Fedón, 60e)

 

“La afirmación de lo múltiple es el postulado especulativo, así como el placer de lo diverso es el postulado práctico” de la filosofía de Nietzsche. Se busca la afirmación pura. [Cfr.Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía, pág. 274]

 

¿Quién no ha encontrado afirmación y placer en una experiencia musical?

La afirmación de lo múltiple implica el derrumbe absoluto de la metafísica, ya que ésta busca la unidad, el esqueleto, la muerte, la inmovilidad, la interioridad. Buscar en el interior para encontrar lo que realmente es, lleva a la negación del movimiento, es decir, la muerte del devenir. El estatismo parmenídeo al que aspira el pensamiento metafísico proviene de la voluntad de poder apropiada por las fuerzas reactivas. El principio básico de la búsqueda de la unidad es la negación de lo múltiple.

La pregunta metafísica es “¿Qué es lo uno?”. En este cuestionamiento se encuentra ya el estatismo, pues se pregunta acerca de una esencia, de un ser. A pesar de que la pregunta se hace acera de lo uno, la respuesta implica la contraposición con lo múltiple.

Lo que vemos, lo que sentimos, es múltiple, móvil, cambiante. Estamos sumergidos en el puro devenir. Sin embargo, el malestar que provoca el movimiento, el no tener un suelo estable que permita explicar toda la existencia, el aparente vacío que genera la inseguridad ante lo cambiante, todo ello genera una pregunta sobre lo opuesto, lo inmóvil e inmutable. La historia del pensamiento occidental se funda en esta búsqueda perversa.

El placer de lo diverso, postulado práctico expuesto por Nietzsche, es el sentimiento artístico. No hay unidad en el arte, hay artes, hay mundos creados en cada melodía, en cada sonido combinado con otros, en cada color en relación con los demás, en la disposición del espacio, en el juego de luces y movimientos de una cámara. El placer proviene del sentir, el placer es sentir.

El mundo creado por el sentir es infinito y eterno es un instante que acontece en el constante devenir, es mundo único y diverso que no puede ser reducido a un argumento con sus premisas y conclusión. No hay límites en el sentir, en el placer de lo diverso. El baile de las sensaciones que provoca un mundo de sonidos estridentes y a la vez armónicos: es la esencia del hacer.

El placer ante lo diverso e inasible es el motor del actuar, del expresar y del crear constantemente. Los conceptos se sienten y se expresan en un movimiento de palabras. Las palabras se sienten y crean bailes de significados. Los significados se sienten y crean nuevos sentimientos que, a su vez, se convertirán en conceptos. El movimiento no para, el sentimiento aparece como inatrapable. No se puede luchar contra el sentimiento que causa lo diverso.

Resistirse al placer de lo diverso es el signo de occidente. Además de negar lo múltiple, se sufre ante lo diverso. Afirmar-negar, disfrutar-sufrir. Caras binarias de la existencia. Dionisos-Apolo, una misma existencia en la multiplicidad, múltiples existencias en una misma vida.

Hegel con su dialéctica aparenta haber encontrado la salida ante la supuesta contradicción entre la afirmación y la negación, lo uno y lo múltiple, el sufrimiento y el placer. La negación y lo múltiple representan un problema para Hegel. Al negar la negación encuentra su pseudo-afirmación. Con el espíritu absoluto “destruye” lo múltiple. Sin embargo, lo más perverso en Hegel se encuentra en el motor de su dialéctica: el sufrimiento.

La conciencia hegeliana es una sufriente, el síntoma de la inconformidad que se refugia en la negación para satisfacer su necesidad de movimiento. El devenir se convierte en resultado del sufrir, y no hay placer sino en el momento absoluto, inmóvil. El devenir eterno aterroriza y hace sufrir a Hegel. La inconformidad ante todo se funda en el miedo al devenir, por ello, el Espíritu absoluto es el cese del devenir, el fin de la dialéctica.

Al mostrar el placer de lo múltiple se llega a la afirmación de la vida, a la existencia alegre, móvil, creativa, danzante, afirmativa, que fluye y se mueve, que no es la misma sino siempre otra por venir. La disyunción y la negación son colocadas en el lugar que les corresponde: obedecer, pues la conjunción y la afirmación tienen el poder de mandar.

Cada nota, cada sonido percibido, cada vibración de un instrumento o una bocina, es decir, cada experiencia musical se compone de fuerzas activas, pues ninguna de estas niegan ni detienen el flujo vital de los pensamientos ni de las sensaciones. La música aparece como devenir infinito y novedoso, a la vez que estatismo finito y antiguo.

La música no aparece con categorías de la metafísica occidental. Es una línea de fuga.

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