Resumen. En este artículo se tratará al deporte como el conjunto en que un individuo desarrolla un ethos al ejercitarse, involucrado a la vez en un sector social específico. Así, ambos elementos están presentes durante las competencias deportivas y dan origen a otros nuevos

Si rastreamos entre los filósofos que hablaron sobre el deporte encontramos escasas opiniones al respecto, aunque de una importancia especial para este texto. Entre los primeros, antes de los filósofos presocráticos, se encuentra uno de los siete sabios, un tal Cleóbulo[1] de Lindo, quien aconsejaba el ejercicio físico; es evidente que él mismo llevó a cabo esto puesto que era robusto y de hermoso cuerpo.

El emblemático Platón da una importancia gigantesca a la gimnasia[2] en la educación de los guardianes; pero hay que tomar en cuenta que Platón quiere tener un ejército para estar preparados ante una posible guerra.
 En el caso de Cleóbulo el ejercicio físico es parte de una vida ética, en el caso de Platón es un entrenamiento militar. En este artículo se intenta abordar el deporte como una competencia  con reglas determinadas  entre dos o más por medio del ejercicio físico. Las dos consideraciones previas no satisfacen la búsqueda emprendida, pero versan sobre un elemento esencial  en las competencias deportivas: el ejercicio del cuerpo.

En Grecia, aparecen las primeras competencias deportivas con los juegos olímpicos y los juegos píticos, y junto con ellas también el primer filósofo que hace un comentario sobre el tema. Este no es otro que Jenofonte, pero su comentario es completamente negativo hacia el deporte e incluso puede ser aplicable en estos tiempos; el primero en criticar la religión antropomórfica de los griegos también fue el primero en criticar las justas deportivas. La crítica de Jenofonte nos da pistas de cómo abordar el deporte, pues dice: “a la vista de sus conciudadanos sería más glorioso”, y así se puede entender que el deporte está relacionado con la vida social, en especial con los conciudadanos de la polis.

Por una parte, el deportista es un individuo que realiza ejercicio físico como una forma de vida; y por otra, está relacionado con la vida social de sus conciudadanos. Este deportista que como individuo tiene una forma de vida particular en su entorno social, se enfrenta a otro deportista que también está en las mismas condiciones. Por ende, una justa deportiva, más que ser un enfrentamiento entre un deportista y otro, es un enfrentamiento entre una entidad social con otra.

A partir de la reinauguración de los juegos olímpicos en por el barón Pierre de Coubertin en 1896, se implementará un lema que fomentará una nueva forma de vida para los atletas: “lo importante no es ganar, sino competir”; así se resalta el honor del deportista por participar en una justa de esta naturaleza. Pero más que eso, los deportistas representarán a una organización social específica, y esa organización será el Estado-Nación. Por tal motivo un nuevo concepto, ya surgido desde el romanticismo alemán, acompañará las justas deportivas: el nacionalismo.

Pierre de Coubertin

Pierre de Coubertin

 

En la Magna Grecia, las justas olímpicas eran entre ciudades griegas; en los tiempos actuales, lo son entre naciones. Las olimpiadas se han caracterizado por mostrar qué nación es la hegemónica: USA ha ganado la mayoría de ellas, pero también durante un tiempo la URSS les arrebató el título de “nación hegemónica del deporte”, en varias justas olímpicas; por su parte, la Alemania nazi también se pudo consolidar como tal, al igual que China en tiempos recientes.

Ante estas determinaciones, el deporte más famoso en todo el planeta no logra escapar, pero sí adquiere nuevos matices y otras particularidades. El fútbol también presenta la competencia entre dos entidades sociales, pero, ya no se trata de un deportista contra otro, sino de un grupo de deportistas contra otro grupo de deportistas. El contexto histórico de las Naciones aportará un importante matiz a las justas deportivas y con ellas a los juegos de fútbol: los partidos entre Inglaterra e Irlanda son apasionantes en gran parte por la historia llena de rencillas entre esos dos países, mientras que los juegos entre Alemania e Inglaterra corren la misma suerte por sus enfrentamientos en las guerras mundiales; los de Chile y Perú también sobresalen por situaciones similares, así como los de Uruguay y Argentina, o México y USA.

Otro aspecto importante es que las entidades sociales de los deportistas ya no tienen que pertenecer necesariamente al Estado-Nación; ahora surgen nuevas organizaciones sociales que, si bien algunas veces se aglutinan en una región geográfica, obedecen a una empresa: los clubes de fútbol. Muchos partidos entre clubes obedecen a sentimientos parecidos a los nacionalismos de los partidos entre países, como por ejemplo el Barcelona de los catalanes contra el Real Madrid de los castellanos; o el Celtic Gasglow de los escoses católicos contra el Rangers Gasglow de los protestantes.

Sin embargo, muchas de estas entidades sociales o clubes son franquicias que, más que fomentar el deporte por sí mismo, lo hacen por las ganancias económicas que produce. El sistema capitalista ha tenido el poder de absorber muchas cosas y entre ellas al deporte, y en especial ha absorbido al deporte más famoso del planeta…  ¿No será acaso que el fútbol es el deporte más famoso porque el capitalismo así lo ha propiciado?

Sea como sea, es un hecho que los grandes capitales juegan un importante papel en el deporte y en especial en el fútbol; ya no sólo se trata del ethos del deportista y la pertenencia a una entidad social como un club o un Estado-Nación.

[1] Diógenes Laercio. Vida y obra de los filósofos ilustres.

[2] Platón. República III.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.