Actualmente la migración es un problema muy grave. La postura político-económica se vuelve común cuando señala que la migración es una consecuencia de la globalización y de un capitalismo salvaje que requiere sobreabundancia de mano de obra y que, por tanto, le exige migrar a otros territorios. Por supuesto, la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades, anuncian ya la necesidad de emigrar y ofertar la mano de obra.

Pero, en general, la migración no es un tema simple. Más allá de la explicación político-económica de la migración actual, es decir, de la migración como problema, intervienen muchos factores tanto en la causa, como en la realización. La migración es un problema complejo y dinámico, de ahí que sea necesario considerarle en su movimiento constante, compuesto de elementos interrelacionados, como totalidad inconmensurable; clara prueba es la riqueza en temas de discusión con relación a la migración: modos de pensamiento, geografía, problemas sociales, económicos, políticos y personales, movimientos artísticos y culturales, delincuencia organizada, narcotráfico, etcétera.

En general, la migración no sólo puede comprenderse como problema social. Más allá de la «migración como problema», comprendemos la migración como modo de pensamiento; por eso, escribir sobre migración desde la filosofía quiere decir, por tanto, exponer la transgresión del territorio en el pensamiento. Si es verdad que la migración responde a un modo de pensar, se vuelve inoportuno no tomar en cuenta que con la migración social y efectiva, es decir, con la migración como problema, no interviene una transgresión mayor y profunda en el pensamiento; partiendo de lo anterior, no sería extraño que un filósofo se preguntara, como podría hacerlo Friedrich Nietzsche, no por la causa, sino por las motivaciones reales de la migración o, mejor dicho, por su «procedencia».

Antes de incurrir en falta elaborando una pregunta esencialista, tenemos que reconocer que la llamada «migración como problema» esconde en el fondo un inconveniente conceptual, donde se asume una autoctonía pura y plena. Es así como el territorio se comprende como jerárquico, compuesto como fundamento, subjetividad, propiedad; por tanto, no sería extraño pensar que por lo mismo siempre nos hemos considerado como los conquistados, como los que se encuentran lejos de la Tierra Prometida, o como los tercermundistas que vienen a invadir territorios ajenos, es decir, como los otros, los extraños, los que están siempre afuera.

En efecto, qué sería de la migración sin la transgresión del territorio comprendido comoorigen, sin la impugnación de la originalidad del lugar. Así, la migración social exige movilidad en las relaciones de poder, es la actividad política que impugna elfundamento o, mejor dicho, el sistema capitalista, con la huída de individuos que conforman un Estado y con la huída de la riqueza en remesas. La migración en general comprende el territorio como «relación», porque no hay territorio sin un intercambio, sin una desapropiación, puesto que el territorio no tiene origen, no es origen; se equivocan los estudios sobre migración social que suponen totalidades de grupos de individuos, totalidades cerradas, para explicar la incidencia entre grupos: en la relación no hay jerarquías, ni tampoco elementos definidos que componen una totalidad.

Más allá de ser un problema, un síntoma o una consecuencia, la migración es una característica humana que permanecerá por el deseo de cambio y desapropiación.

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