Luna: Desde el fondo de mi pecho se desprenden las palabras. ¿Y qué te digo? Letras en la espuma, sobre la niebla constante, sobre las dunas.

Quisiera contarte mis penas con el alma entre claveles, con los ojos hundidos en la bruma; quisiera darte relatos de hadas que se esconden tras las plantas, tras las flores, pero los ojos son traidores. Aquellos que transforman luces en colores no son más que dos intentos de mirar el mundo, de entenderlo; el sol los tapa, los tapa el viento y nunca miran sin mirar.

¿Acaso ya no quieres escuchar? Veo que te escondes, no está de más, a los locos como yo no hay que darles razones, ni mirarlos atentos, ni entenderlos, sólo hay que encontrarles las pasiones. Sin embargo, seguiré diciendo, tal vez aún escondida me escuches.

La vida me ha entregado corazones; los miro, los toco, los envuelvo con el alma, con esperanzas de amores eternos, con enseñanzas, pero ¿quién me enseña a mí? Si miro de los frutos sólo los colores, si de líneas hago formas, si siento al mundo con los ojos, ¿cómo saber si no lo deformo?

Qué grato tenerte, en ti rebotan mis letras, mis pensamientos. Tú no juzgas, no preguntas, yo te halago, tú me buscas y me das tu consuelo. Sé que hoy eres la misma ante mis ojos, aunque los ojos son un par de traicioneros; sé que te buscan mis palabras, sé que nos vemos.

Quisiera que en el mundo nuestros ojos se enlazaran para siempre, que la vida consistiera en un prolongado instante en la terraza, quisiera no más velos; quisiera sin querer, como siempre, quisiera queriendo como quiero, como amo, como siento.

Hoy te me has escondido, no es para menos, a los locos como nosotros no hay que darles motivos, sólo hay que mirarlos a los ojos, mantener los ojos fijos y dejar que el mundo corra, que se nos llene de suspiros.

Imagen por: Héctor Mancilla Díaz

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