El sol de la tarde ilumina el muelle, final de la superficie y principio de un azul profundo que insinúa abismo. La inmensidad del mar y el cielo se funden en un solo espectro luminoso, en una única figura, en un mismo azul intenso que sólo me representa olvido. La distancia es la misma hacia los lados. Mis ojos no vislumbran ya la lejanía de su pasado, y aún no alcanzan nada en su futuro; sólo ven mar, hacia todas partes una tierra distante y ajena… soledad.

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