Borrón y cuenta nueva. Punto y aparte.

Correcciones a largo plazo, letras inconclusas por trabajo, pensamientos y palabras, delirios. La sombra se pierde en el sentido, los dioses se esconden detrás del mundo y sus figuras juegan a creer, a tomar la existencia en vertebras de fe, en la columna del mundo que se quiebra. La ironía se modifica, somos papel que se moja en la lejanía, en la sequedad del ser, de las palabras, las fieles palabras…

Corre veloz el tiempo, devora todo lo que toca: ayer ya fallecido y mañana que reposa. Justo ahora floto en el abismo de la incertidumbre, aquel abismo en donde no fuimos ni seremos, donde sólo creemos que somos, siempre sin saber. Y redacto fragmentos de existencia, me cobijo con la etérea marea, en la evanescencia de la noche, mientras mis manos enloquecen.

Duelen los huesos, como si se salieran del cuerpo buscando rebasar la vida, bailando por el mundo con movimientos absurdos y patéticos. Me miro, miro mis pensamientos bailar también, anticiparse y manifestarse, como si trataran también de escapar; y a veces efectivamente escapan para ser de nuevo aprisionados por las letras, esas que me construyen palacios en el aire, que me crean bellas princesas, amores corteses medievales.

Suenan las cuerdas, ya no hay mas espera, me elevo entre metales y esferas, con el polvo entrando en mis ojos y la tierra filtrándose en mis venas. Y así me poso, desnudo, sobre la cálida orilla de mis sueños y me vuelvo un hombre de barro, un modelo de quimeras, de seres antropomórficos jugando a ser hombres e intentando ser fieras.

Y miro de nuevo hacia arriba, los dioses de nuevo a la deriva, palabras que se escapan de mi boca en el silencio de la noche, en el silencio de la existencia. Soy creador de seres divinos, mi espíritu se aferra y me transforma en otros ojos, en otras manos, en otras letras… ¡soy la letra ajena! la borrosa marca en el papel en blanco, la marea sin mar, la tierra sin tierra, y aún así tan enterrado. Entonces acepto mi nueva forma, me miro en el espejo del ser, en donde rebotan mis letras; me aferro a la vida dejando huellas para no perderme, dejando rastros de mi antiguo mundo, de mi antiguo palacio en el aire; y trago las ruinas del imperio para hacer nuevas ruinas, para crear nuevos mundos: la nada a partir de la nada, correcciones en el limbo, borrones y manchones en el papel fragmentado, pues así como la hoja nunca es hoja sin el manchón de la tinta, el hombre nunca es hombre sin el borrón de la vida.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.