El siguiente es un texto de Gerardo Hernández Guerrero y fue seleccionado por nuestro Consejo Editorial para formar parte de nuestro numero actual.

Gerardo Hernández Guerrero, de 28 años de edad, es originario del Estado de Guanajuato y Licenciado en Filosofía por el Ateneo Educativo de Formación Integral, donde se tituló con la tesina “El rizoma en la obra conjunta de Gilles Deleuze y Félix Guattari”. Dentro de sus interesas están: la filosofía, la teología, el cine, la literatura, la música, la poesía, la escritura y la gastronomía, entre otros. Ha participado en varios coloquios de filosofía y es miembro de la Comisión Filosófica de su Universidad.

¡Un milagro! –Pensó–. No lo podía creer, había decidido dejar de andar, su mente ya lo había aceptado, pero cuando lo decidió, su cuerpo (ese gran desconocido) se reveló, se afirmó y no le permitió detenerse. Lo que hizo fue invitarlo a seguir, es más, sintió que su cuerpo ni siquiera le pidió permiso, era como si hubiera decidido por sí mismo, como si de un autómata se tratara.

Quiso encontrar algún pensamiento oculto y perdido, o que hubiera pasado desapercibido y que fuera la causa de su seguir adelante; no encontró nada, sólo un silencio aterrador por parte de su pensamiento, lleno de terror. La intriga le invadió. Esto es… esto es ¡sorprendente! –se dijo así mismo–. Nunca antes su razón había quedado en silencio, siempre había tenido algo qué decir, pero ahora era diferente, ahora sentía que podía cerrar los ojos y no pasaría nada, su cuerpo sabía hacía donde se dirigía. Esto lo llenó de una inmensa calma y de una alegría inusual. Era la primera vez en toda su vida que tenía esta sensación.

Respiró con profundidad, sintió cada músculo de su cuerpo tensarse. El cansancio había desaparecido, el viento helado ya no lo parecía tanto, todo su cuerpo, todo él tenía ahora unas energías increíbles. Se sintió confortado.

No supo en qué momento volvió a abrir los ojos y se maravilló del espectáculo que contemplaba. Todo era distinto, era más claro y nítido, las formas bien delimitadas y perfectas embonaban de la mejor manera. El recuerdo de la oscuridad pasada era vago y evasivo ante esta nueva realidad; dio un paso adelante y se percató de que, en cuanto él se ponía en marcha, todo a su alrededor cambiaba y evolucionaba, casi como si él fuera el artífice de ese mundo maravillo y a cada paso que daba todas las formas se movían con él, se transformaban.

Se concentró en este nuevo mundo que había encontrado. Aguzó el olfato para descubrir los aromas más exquisitos e increíbles, con su oído captó toda una sinfonía de sonidos muy bien armonizados, descubrió que el mundo era como una gran caja de resonancia donde los sonidos se combinaban los unos con los otros hasta formar la melodía más pura y excelsa. Tocó y sintió, descubrió las sensaciones más novedosas al mismo tiempo que vislumbraba formas perfectas, las recorrió, las hizo suyas.

Contempló y, extasiado, descubrió colores nunca antes vistos, contrastes perfectos en todas las cosas, y para aumentar aún más su gozo encontró cómo cada objeto estaba ubicado en el lugar correspondiente, en el lugar adecuado. Sintió una paz y tranquilidad únicas; alcanzo, por unos instantes, la imperturbabilidad.

Se decidió y avanzó hacia este nuevo mundo de formas y de seres nuevos, buscó fundirse con ellos, ser uno con ellos; y cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que ¡él era ese mundo y cada componente de éste lo contenía a él, y él los contenía a todos! Lagrimas le corrían el rostro al no poder entender cómo era posible que esa realidad tan nueva y él tan viejo fueran un mismo ser; cada objeto y ser percibido era una extensión de él mismo, que lo potencializaba para llegar hasta donde él, con sus solas fuerzas, nunca alcanzaría a llegar. Agradeció haber descubierto un mundo al que pertenecía más que ninguno, un mundo que él, de ahora en adelante, podría llamar: mi mundo.

Sonó a lo lejos la alarma de un reloj que le recordó que era momento de regresar a la oficina. Dio un paso adelante y se dejó disolver en el mar, se volvió uno con su realidad.

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