Trece niños se columpian en el aire. Doce sueltan carcajadas descomunales, desatadas, mientras los miran sus padres. El restante se desliza lentamente, diferente, con mucho cuidado; aparentemente sonríe, ríe sardónicamente. De pronto se vislumbra un cometa en el cielo, los doce niños lo miran y en la quietud un niño cae al suelo. Corre la sangre, se oyen gritos y el niño muere.

Doce niños se columpian en el aire. Once ríen libremente, once gozan. El que falta siempre se detiene, se desliza más despacio; ríe sardónicamente, doloroso, casi hiriente. De repente en el piso una grieta se abre, los once niños la miran y uno cae. Lagrimas, gemidos; el niño muere tendido.

Once niños se columpian en el aire. Diez juegan a contar en retroceso, juegan en receso, se divierten. El otro no se contonea salvajemente, sólo se mece; se ríe sardónicamente, sus ojos gotean cuando los otros ríen, el corazón casi se le sale. En ese momento pasa cerca un tornado, los diez niños lo miran y uno es revolcado. Ojos en blanco, manos frías, el pulso se detiene; el niño muere.

Diez niños se columpian en el aire. Nueve cantan canciones pasajeras, pintan con sus voces el mundo, se pierden entre bordes. El restante no entiende a los demás, su mirar es distinto; ríe sardónicamente, lentamente y doloroso, corrosivo. De pronto un ave de dos cabezas pasa volando, los nueve niños la miran, la simbolizan, y un niño cae. Se acaba el aire, todos los colores se disuelven; el niño muere.

Nueve niños se columpian en el aire. Ocho se miran los unos a los otros agitados; algunos tosen, otros gritan. El que falta se queda callado, se mira las manos, lo mira todo; se ríe sardónicamente, estigmatizado. De repente se oye un grito alargado a lo lejos, los mismos ocho lo oyen y un niño cae al suelo. Dientes en el piso, convulsiones y torrentes sanguíneos; el niño muere.

Ocho niños se columpian en el aire. Siete entonan canciones numéricas en orden, se columpian al mismo tiempo, se repiten. El restante no es regular, intenta el desacuerdo; ríe sardónicamente, placentero, único. De pronto pasa un hombre con bombones coloridos, los siete niños se alborotan, lo miran, y un niño cae perdiendo el sentido. De nuevo sangre, raspaduras fuertes y fracturas; el niño muere.

Siete niños se columpian en el aire. Seis miran al cielo cuando uno mira, seis sonríen cuando alguno sonríe. El restante se enoja, dice, blasfema; se ríe sardónicamente, con eco, con resonancia, irónicamente. En algún momento un relámpago cae del cielo partiendo un árbol, los seis niños se asustan, los seis lo miran y un niño cae. Paroxismo, ojos verdes; el niño muere.

Seis niños se columpian en el aire. Cinco creen que vuelan libremente, creen que se columpian en pequeñas libertades. El otro niega ser libre, se columpia ligeramente, sosteniendo las cadenas de su columpio; ríe sardónicamente, dudando siempre, pensando. De pronto un platillo volador deciente, los cinco niños lo miran sorprendidos y uno cae. Palabras dolorosas, huesos rotos, caras atónitas; el niño muere.

Cinco niños se columpian en el aire. Cuatro se comportan atrevidos, cuchichean. El restante simplemente se agacha si los demás miran el cielo; ríe sardónicamente, ríe de los otros, carcajea precipitadamente. De repente aparece una televisión enfrente, los cuatro niños la miran y uno de ellos cae. Dolor de agujas, fuerte fiebre; el niño muere.

Cuatro niños se columpian en el aire. Tres dicen frases diferentes, cada uno usa un color de ropa y come dulces de repente. El restante no dice nada, está desnudo y pasa de hambre; se ríe sardónicamente, felizmente agobiado, decadente. De pronto un dulce cae al suelo, los tres lo miran y uno cae. Manos entumidas, sangre en la piel, palidez; el niño muere.

Tres niños se columpian en el aire. Dos suben y bajan divertidos, sienten mariposas en el estómago, sienten alas. El que sobra de pronto se detiene, se queda pensando y se sostiene; ríe sardónicamente, a su modo se divierte, se extiende. De repente un elefante rosa pasa de largo, los otros dos niños lo miran asombrados, los dos lo miran alejarse, y uno de ellos cae. Articulaciones en exceso flexionadas, contracciones, y el niño muere.

Dos niños se columpian en el aire. Uno ríe y el otro enfurece, uno llora y el otro se ríe; ríe sardónicamente, complacido, extenuante. De repente la luna sale, los dos la miran y en aquella distracción, un niño cae. No hay reacción alguna, el niño muere.

Un niño se columpia en el aire. Mira el cielo pensativo, se desliza despacio para no caer, mira todo distinto. De pronto frente a él pasa el mundo entero: las estrellas, los colores, las aves. El niño lo mira todo detalladamente, lo comprende; ríe sardónicamente, expresando el dolor del diferente, la soledad del extraño, el sufrimiento del valiente. Entonces deja de columpiarse, baja lentamente del columpio y contempla a los otros niños en el piso. Uno por uno los toca con su pequeña mano, regresando la vida a cada uno, transfigurando su alma. Y en el frío de la media noche, todos los niños reviven. El niño extraño sonríe. Los doce corren a subirse cada uno a su columpio, y se columpian de nuevo. Los doce sueltan carcajadas descomunales, desatadas, mientras los miran sus padres. Se mecen todos iguales, todos iguales se miran, cantan, y gritan, y el niño restante lo entiende. Regresa a su columpio con pasos calmados, se columpia diferente; se calla cuando gritan, se ríe cuando callan, ríe sardónicamente para siempre. Y sí, sabe que duele ser distinto, pero que vale la pena cuando se juegan juegos atrevidos, como el de revivir a la gente.

Trece niños se columpian en el aire…

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