Quizá no sea humano: mi deseo es pintar la luz al reflejarse 


sobre la pared de un edificio.

Edward Hopper

Advertencia

Siempre me ha entusiasmado el que en la obra de ciertos pintores todo lo percibido se reduzca al lienzo y, de alguna manera, el lienzo se reduzca a lo percibido; trasgrediendo las dimensiones del mundo se les supera al añadirles una manifestación interna, que sólo gracias a la organización del artista logra mostrarse; así se suplanta la realidad por algo más profundo: la conciencia de la superficie. Lo que el pintor vuelve evidente en esos cuadros es que todo es superficie, aún nuestra noción de lo real, incluso el peso que nos arrastra hacia el abismo; sólo así el pintor puede trascender la apariencia y demostrarnos que el mundo es un resplandor y nosotros somos sólo espectros que proyectan esa luz, el prisma infinito de su manifestación.

Es por eso que los poemas que aquí presento no son transcripciones exactas de las obras que los originaron, en algunos casos incluso parecería que he olvidado el vínculo con aquello que los motivó, pues busco representar una letra más antigua: el principio luminoso que se manifiesta a través de ellos y los anima.

Adrián Soto

David Caspar Friedrich

 

Paisaje transfigurado

(Der Morgen)

 

Qué belleza me revela la niebla

cuando baja de la montaña e inunda el valle;

el horizonte reluce como un oculto misterio:

es la luz del sol que palpita y se transfigura tras la bruma matinal,

como el nacimiento de los ángeles

que caen cual gotas turbias al mundo.

 

Horizonte negro

(Morgennebel im Gebirge)

 

Estas lejanas montañas que miro

son los ecos brumosos de otras cimas

que resuenan inmensos en la roca;

y si me acerco a ellas con profundo anhelo

marchan, se alejan, montañas tras montañas azules…

como un eco va expandiéndose en la noche.

 

Ésta debe ser la forma de un dios:

cuando el horizonte se hace negro

y cae abismalmente sobre las montañas.

 

Dispersión de la luz 


(Gebirgslandschaft mit Regenbogen)

 

Tras la lluvia tardía

observo el cielo confuso

perfilar la penumbra en la montaña.

 

Nubes oscuras se dispersan

y las partículas de humedad refulgen

ante el sol que se retira:

un espectro de luz se abre

brillante en el aire…

 

Pienso entonces que cada ser es un cristal

que proyecta la luz y la refracta:

un arco luminoso

suspendido

sobre la lúgubre oscuridad de la montaña.

 

Sombras tras la tormenta blanca 


(Klosterruine im Schnee)

 

Encontré un trono oscuro sobre la nieve,

estaba hecho completamente de cuervos

como la resonancia de un dios antiguo,

sus sombras ardían en la nieve hasta calcinarla.

 

Di un paso en seco

y los cuervos se dispersaron en un aleteo de luz…

en aquel lugar no existían más ecos.

 

Sobre El Autor

Poeta, ensayista y traductor. Ha publicado la biografía Quetzalcóatl, la efigie de luz en Editores Mexicanos Unidos, y el prólogo al ensayo “La Cristiandad o Europa” de Novalis en la colección Pequeños Grandes Ensayos de la Dirección General de Publicaciones de la UNAM, así como los ensayos “El transporte trágico” y “El pasajero espectral” en la revista Quehacer editorial, además de “Un breve recorrido por la montaña romántica”, y “La incubación de lo siniestro”, éste último sobre la novela Mandrágora de H. H. Ewers, en la revista electrónica Punto en Línea; también ha publicado poemas, traducciones y ensayos en las revistas Hotel, Aeda Lamm, Literalgia, Quehacer editorial y el Periódico de Poesía de la UNAM. Se ha especializado sobre todo en romanticismo alemán y en literatura japonesa contemporánea.

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