(Para una poeta)

Ya estás aquí… Ahora, olvida lo que sabes, olvida lo que has visto, lo que eras o lo que hacías.

No le temas a la ausencia, aférrate al pecado.

 

Morimos amor.

Morimos del pensamiento

y de los orgasmos en aquella

vieja noche de dolor.

 

Cuando tu voz forzaba sin piedad

el sarcasmo silencioso del viento.

Y los cuerpos excitados sobre la mesa

se acostumbraban al calor de las velas.

 

¿Nos recuerdas?

Encadenados, uniendo nuestros cuerpos

en múltiples orgías de sangre,

mientras yo flagelaba tu piel desnuda.

 

Esa piel que llevas con olvido fortuito,

con cicatrices, quemaduras,

con semen y orina.

 

Oculta tu cuerpo,

tápalo con mi aroma y olvida…

Ahora sólo vivirá el recuerdo.

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