Las manecillas avanzan y el instante parece inmóvil. Los pasos de atrás y los de adelante se suspenden en un tremendo y extraño vacío, el ahora se confunde con esos pasos inexistentes. Todo se desvanece: vapores, humo… Un muerto ha nacido ahora. Ilusiones, camino, sombras, no son más que ficciones de fragmentos: individuos separados, siempre lejos. De tiempo te has pintado el rostro y de horas se ha vuelto tu corazón cansado, de momentos se hincharon tus venas llenas de sangre enardecidas por los desgarramientos de los glóbulos; ellos se han formado de segundos, de partes de lo eterno; son pedazos de momentos como son las manos a los brazos. Tiempo entre dos orejas se ha escuchado, se ha creído cierto pero no era tiempo, no era paso ni culminación, era yo: corrupción, gastos de latidos por minutos, un destello.

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