Noche, cálida y poética noche en mis manos, entre tus labios palpitantes y tus yemas de fuego. Creció de tu boca el fruto exquisito de mi deseo, me deslicé despacio por tu frágil cuello, como la gota de lluvia se desliza por el capullo de la mariposa, por el pétalo delicado de la flor. Crecí y me volví enredadera que dio de vueltas por tu cuerpo, por tus dóciles hombros, por tus bellas caderas. Y también me volví agua, agua fluyendo.

Me adentré en la marea de tus ojos y navegamos juntos hacia el fin del mundo, en donde el tiempo se detiene y las almas se encuentran; me volví el mar en tu boca y el cielo entre tus piernas, arena en tus manos y viento en tu piel que siempre quema. Y así me perdí, mientras la noche devoraba nuestros deseos en carne viva, muriendo despacio en tu aliento tibio, creciendo como árbol que extiende sus ramas, buscando tocar alguna estrella.

Así crecí, por tu alma y por tu cuerpo, fui semilla que germinó en tus labios y floreció en la tierra fértil de tu sexo, de tu cuerpo, en la tierra húmeda del placer y del ensueño: la tierra fértil de tu ser…

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