Justo en la obscuridad

más perpetua,

en la orilla del precipicio

veo tus ojos:

 

dos símbolos inciertos,

hermosos enigmas

que se esconden.

 

Justo en el limbo,

en donde nada nace,

surgen tus manos

en mi rostro:

 

dos fragmentos de vida

recorriendo sutilmente

lo que resta de mí.

 

Y en ese abismo,

en ese umbral insondable,

por un breve momento

se abre paso el amor.

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