Qué decir de esa pequeña parte del universo manual; qué anotar sobre la núbil cómplice detrás del arte, la guerra, el sexo… Ella, inmersa en su cutícula, se inunda junto a un mar invisible, presente y ausente como abismo, pasados los caminos que conducen al final de la piel. Intuye un sitio inconmensurable más allá del hombre, después de la playa del cuerpo, y responde con un tono sutil. Una uña evidencia, podría decir, un vertiginoso roce con la contingencia  y, a la vez, algo del modo en que soñamos al mundo.

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