Son las tres de la mañana. La tibia forma de uno de tus pies me dice del calor, pero no es cierto. Hace frío. Se siente frío el suelo y se sienten frías la paredes, pero tú, con ese pie lleno de sueños e inconciencia me hablas del calor. Tu tono te delata interna, sintiendo igual que si asomaras un periscopio al mundo que acaba en ser caleidoscopio de tu piel; tu pie parece estar despierto en tu vigilia negra por estar dormida tú, sin evitar sentir que hemos dejado la ventana abierta. Las sábanas casi te tienen.

Asomas igual a una señal un pie que mira al corredor de las pantorrillas y las piernas, la cortina te acaricia. El tiempo pasa con la piel, pasa una hora; pasa el sueño vigilando a la vigilia tersa y la inconciencia bebe luz para brindar su propio tono al sueño de tus pies: tu pie se mueve; las puntas de tus dedos asomados desde antes de la tibia sábana responden en su diálogo con esto, quizá imaginando increíbles cortometrajes de agravios, de habitaciones, de tempestades…

Te desnudaré. Te quitaré las sábanas a ver si el aire se contagia de tu pálpito y tu guardia, a ver si tanto llega a reflejarse en tu completa desnudez, a ver qué dice el pleno de tu piel si le vigilo yo a mi vez: desde muy cerca.

Sobre El Autor

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.