Me la he pasado deshilando prendas, órganos y músculos; he vivido destruyéndome los años, el tiempo, las dosis y las sobredosis. He nacido sin categorías, sin metáforas, ni significados. Detrás de mi no hay nada más que ilusiones de hombres macabros, debajo de nosotros no hay tampoco nada más que estratos olvidados y viejos, cascarones de pollos que ya están muertos. Nunca volveré a ser yo misma, nunca los hombres viejos sabrán quienes son. Descubrirán que si algo hay en mí, es un umbral de aire fresco, de frío y fuego, un paso, un medio.

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