“Deja para los demás la gloria y la fama; tú busca la realidad del poder”.

Julio Mazarino

A partir de Nicolás Maquiavelo, la política adquirió el matiz de la amoralidad, lo que le permitió a los actores políticos obrar de diversas formas, ya no “buenas” o “malas”, sino efectivas; y es que a fin de cuentas no sirve de nada una intención, si no se tiene el poder de ejecutarla.

El también italiano, Julio Mazarino, quien fuera sucesor del Cardenal Richelieu, fue la viva expresión del poder político. A lo largo de su vida se desempeñó en diferentes cargos que le hicieron valerse de su astucia y habilidad política, como: diplomático, servidor del papa, militar, secretario pontificio, primer ministro francés y educador del Rey Luis XIV, considerado el rey más grande de la historia de Francia y mejor conocido como el Rey Sol, para el cual escribió, a especie de manual, un Breviario de los políticos.

En este texto plasma toda su sabiduría, dando consejos para obtener favores, arrancar secretos, lograr estimación y fama, etc., pero sobre todo para adquirir y conservar el poder; y, ¿quién no anhela el poder, ya sea político, económico, o de cualquier otra naturaleza? Aquel que tiene el poder simplemente: puede, ¿qué? Lo que le plazca, ya sea “bueno” o “malo”; pero quien no tiene poder no llegará lejos.

El poder da posibilidades de ser y hacer. Hoy en día el poder político es bastante criticado, pues ha permitido la acción de unos cuantos, generalmente los adinerados, mientras que ha limitado la de muchos otros: los pobres; cuando teóricamente la política buscaba permitir el desarrollo de las potencias de todos los “ciudadanos”. Sin embargo, esto no es motivo para despreciar el poder o estigmatizarlo bajo el estandarte de la maldad y la injusticia, sino que, tendríamos que afirmarlo y apropiarnos de él para comenzar a recibir sus bondades, pues como dice Nietzsche, el poder es la fuerza para hacer aquello que la voluntad desea.

En su Breviario, Mazarino abordará los principales temas que podían y aún pueden ser de utilidad para aquél que pretende tener éxito político. Comenzando por recomendar un análisis de uno mismo, pues quien no se conoce bien, tampoco conoce sus virtudes y menos sus debilidades. ¿Cómo podrá esperar entonces controlar un “reino” o una situación adversa, si no es capaz de controlarse a sí mismo? El auténtico control implica no sólo el conocimiento, sino la mesura y la discreción, incluso un absoluto mutismo. No hay que dar a nadie nunca, elementos que puedan ser usados en contra nuestra.

Que tu semblante no exprese jamás nada, ni el menor sentimiento, sino una perpetua afabilidad. Y no sonrías al primero que llegue y muestre por ti el menor entusiasmo.

El vicio y la tosquedad son malos para conservar el poder. La imagen puede construir y derrocar reputaciones y las reputaciones pueden hacer y destruir imperios; por ello un buen político deberá cuidarse de no caer en los vicios, ya que éstos le quitan poder, como lo hacen con cualquier individuo, que cegado por su pasión es capaz de lo más bajo.

Cada vez que aparezcas en público, lo cual debe ser con la menor frecuencia posible, condúcete de manera irreprochable, porque un solo error ha arruinado a menudo una reputación de manera definitiva.

La búsqueda del poder implica una vigilia constante, una búsqueda exhaustiva… pues aquel que lo desea deberá convertirse en su perpetuo pretendiente, a quien el ser amado sólo le corresponderá en la medida de su esfuerzo y dedicación constante. Ningún débil o perezoso (o peor aún, un débil perezoso) ha llegado por mérito propio a obtener el poder y aquél que lo ha obtenido, si no es lo suficientemente fuerte, no podrá conservarlo largo tiempo, ya que éste implica una tenacidad e inteligencia extraordinarias para elegir lo que más convenga, tanto a la conservación del poder propio, como de la paz y ciertos privilegios hacia los otros, ya que un poder que beneficia a uno solo será imposible de mantener. Un hombre no es poderoso en sí mismo, si su fuerza no es respaldada por un discurso contundente, un grupo sólido de seguidores, una imagen vigorosa, un capital que le permita la acción y un pueblo que le respete. Por ello, un buen político deberá tener un comportamiento bastante racional, lo suficiente para poder planear estrategias, aprender a reconocer a los enemigos y ser capaz de detenerlos antes de que ellos detengan sus empresas. Así como para soportar con cabalidad las presiones y temores que implica cualquier forma de poder; además de la falsa amistad que ofrecen aquéllos que pretenden favores y el odio que se generará entre adversarios que deseen el poder que se ha conquistado.

Ten la seguridad de que todas las muestras de odio que manifiesten son auténticas, porque en el odio, a diferencia del amor, no se conoce la hipocresía.

No obstante las adversidades para llegar y conservar el poder, sus frutos pueden ser los más dulces y un hombre que pretenda el bienestar común como la justicia deberá aprender a ensuciarse un poco las manos para poder conquistar empresas más nobles. Pues a final de cuentas con poder es posible acabar con guerras (tal como hizo el propio Mazarino), liberar pueblos, alimentar hambrientos, impulsar las ciencias, las artes y la cultura, etc. El poder es, después de todo, la posibilidad de conducirnos de acuerdo a nuestros propios principios e intereses.

 

Imagen 3

Tal vez también te interese: 20 frases del Breviario de los políticos.

 

 __

Notas y bibliografía

Mazarino, Julio. Breviario de los políticos, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM-Senado de la Républica (LX Legislatura), México, 2006.

Deleuze, Gilles. Nietzsche y la filosofía, Barcelona, Anagrama, 2008.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.