Resumen

Resulta incoherente que en un Estado democrático en donde se prima la libertad de los sujetos se prohíba el consumo de drogas, en este caso, el uso recreativo y médico de la marihuana. Tal parece que la prohibición de la marihuana redunda en una serie de problemas relacionados no sólo con las malas prácticas políticas (corrupción) sino que repercute en la calidad de vida de los ciudadanos, y a su vez, irónicamente, afecta tanto a consumidores como a no consumidores de marihuana. Empero, el dato que suele escaparse con cierta frecuencia es la libertad que cada individuo posee para consumir o no un producto como la Cannabis.
 
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“La reforma de las leyes sobre marihuana puede ser la primera porque, aunque no hay buenas razones para legalizar otras drogas recreativas, hay muy buenas razones para cambiar la legislación sobre esta droga”. Cynthia Kuhn

 

 

Actualmente en México las políticas con respecto a la utilización de las drogas son un problema que necesariamente debe tratarse en una sociedad que carece de elementos reales para discutir una posible legalización de éstas. No debemos olvidar que desde hace por lo menos doce años el gobierno mexicano ha implementado una estrategia política frontal en donde la prohibición ante la producción, distribución y consumo de drogas es un tema sobresaliente en la agenda nacional.

La posición del gobierno mexicano dicta un total rechazo hacia el problema que supone la pregunta “¿qué hacer con las drogas?”. Dicha estrategia produce una cantidad enorme de problemas dentro de los que destacan: la violencia, la salud y la seguridad pública. No obstante, la política adoptada por el gobierno mexicano puede ser falsa ya que el modelo de Estado que hemos adoptado en México debe responder a los intereses de los ciudadanos, es decir, parece contradictoria una práctica paternalista en donde se olvida la autonomía de los ciudadanos con respecto al problema que supone el uso de las drogas. En sentido estricto, la prohibición ante el consumo parece anular la libertad de los ciudadanos del Estado Mexicano. Lo anterior bien puede responder a una visión paternalista del mismo Rodolfo Vázquez, que comenta al respecto: “Se ejerce una acción paternal por parte del Estado cuando éste, por medio de la normatividad jurídica, intenta evitar que un individuo se haga daño a sí mismo.”[1]. Así pues, el paternalismo es una actitud de quien se asume como figura de autoridad para imponer su criterio de qué es lo correcto y bueno para los demás.

Por otro lado, la droga más común y de fácil acceso a diversos sectores socioeconómicos en México es la marihuana. Entre otras cosas, el uso, la venta y la prohibición de la droga antes mencionada atraviesa e involucra una serie de dogmas respecto a los consumidores, con lo cual se genera una tendencia de estigmatización hacia los mismos. La idea central de este breve trabajo es que si se legaliza la marihuana entonces se puede establecer una regulación en el consumo y la distribución. De tal forma, una de las primeras interrogantes que salta a la vista es: ¿qué efectos tendría la legalización de la marihuana para la sociedad mexicana?

Antes de considerar la respuesta a la pregunta anterior es necesario contextualizar el problema desde una breve historia de la marihuana.

No es sorpresa alguna que el uso de la marihuana sea tan antaño o incluso más viejo que la escritura, ya los chinos en el año 28 a.C. documentan la utilización y consumo del Cannabis por sus diversas propiedades, dentro de las que destacan el uso de sus fibras para desarrollar diversos textiles (sogas, telas, etc.), sus efectos curativos, pero sobre todo sus efectos psicoactivos o intoxicantes[2].

No obstante, la historia de esta planta es larga y por demás interesante. La percepción que actualmente se tiene sobre el uso de la marihuana resulta variada para consumidores y no consumidores. Generalmente la política imperante, incluso a nivel mundial, resulta en la prohibición. Por ejemplo, el caso de la utilización de esta droga como un desafío a la cultura establecida y de carácter represor en los Estados Unidos en la década de 1960 es, quizá, el referente más ampliamente difundido sobre el consumo y la imagen de los consumidores, con lo que ello signifique actualmente.

Sin embargo, el uso del Cannabis se encuentra asociado a una larga lista de prejuicios y desconocimiento por parte de consumidores y no consumidores. Pocos saben que ésta droga pasó de ser sinónimo de estatus y elegancia entre los intelectuales, artistas y burgueses de la Francia de 1840 a ser una droga de clases bajas a principios del siglo XX, para finalmente representar, como antes se mencionó, un referente de la contracultura al ser percibida en los inicios del siglo XXI como un problema social, político y de salud.

¿Por qué esta droga en particular ha tenido dicha suerte? Tal parece que la respuesta más sencilla apunta a que es una droga de fácil producción y distribución que genera grandes ingresos al mercado ilegal. Podemos argumentar, con cierta certeza, que el carácter ilegal de la misma se traduce en una serie de problemas implícitos que favorecen otros problemas como son la corrupción (lavado de dinero y grandes ganancias económicas), violencia, problemas de salud (sobre todo para los consumidores, ya que los diferentes estándares de calidad representan un grave problema). Empero, el dato que suele escaparse con cierta frecuencia es la libertad que cada individuo posee para consumir o no un producto como la Cannabis.

En un país como México, la prohibición de esta droga atenta contra la libertad que los ciudadanos poseen para elegir, consumir o abstenerse[3]. La lógica del gobierno en relación con este tema es clara: “toda droga y sus efectos son intrínsecamente malos, por ello nadie debe consumirlas”, con lo cual el Estado mexicano asume una posición paternalista ante tal situación (lo mismo sucede en el tema del aborto y la eutanasia, por ejemplo).

En ese sentido, todo ciudadano tiene derecho a consumir lo que le venga en gana siempre y cuando no afecte a terceros, es decir, el consumo de una droga puede justificarse desde la simple libertad que tienen los sujetos. Por eso, los consumidores pueden asumir los efectos tanto positivos como negativos implícitos en el uso de una droga. Para el caso de la marihuana podemos afirmar que: “[…] cuando un individuo decide libremente consumir drogas, porque lo consideran un bien que les deriva satisfacción, sólo él o ella asumen el costo directo de sus actos […]”[4]. Partiendo de lo anterior, podemos establecer que las drogas son bienes ya que representan de diversos modos un valor, al menos eso es así para los consumidores. ¿Cómo podría una droga ser un bien?[5] Si nos insertamos en una lógica de mercado, como de hecho lo exige el modelo capitalista, resulta que un bien es aquella cosa que se produce y comercializa bajo una oferta y demanda, que además se sustenta en la satisfacción de una necesidad.

Por otro lado, el tema medular no es la posibilidad de legalizar el consumo de todas las drogas, pues sería absurdo suponer que todas las drogas pueden ser legales. De hecho, la posibilidad de la legalización surge bajo la idea de que es posible regular el consumo del producto que se pretende sea legal. El uso legal de la marihuana puede ser posible, aunque no lo parezca; la verdad es que lo anterior se ha logrado con relativo éxito con otras drogas como el tabaco y el alcohol.

Tanto el alcohol como el tabaco producen una serie de consecuencias negativas para la sociedad, incluso tanto o más que el consumo de otras drogas como la marihuana; no obstante, son legales. El problema con una droga como la marihuana se percibe sólo desde un discurso que pretende recalcar las consecuencias negativas de su producción y consumo.

Ahora bien, si pensamos que la marihuana es una droga menor que genera ingresos menores a las redes de narcotráfico estamos muy equivocados. Por el contrario, la marihuana es una de las drogas más consumidas a nivel mundial. México, por ejemplo, produce aproximadamente el 20% de la marihuana que se consume en el mundo. Para el comercio ilegal lo anterior representa una buena parte de sus ganancias.

Mientras el gobierno mexicano se empeña en emprender y promover una estrategia política contra las drogas (sexenios panistas) o en matizar el problema mediante la corrupción descarada (como lo hace el partido actual) el problema del narcotráfico y la violencia, que no es un tema menor, continuará creciendo y afectando directamente a la sociedad. Las afectaciones van desde la violencia exacerbada hacia la población hasta la alteración y precios altos en las drogas para los consumidores, así como la explotación de comunidades rurales (lo cual es una situación específica de la producción de marihuana).

Con todo y las desventajas que supone la prohibición de la marihuana, ésta sigue siendo ilegal, pero ¿podría su legalización resarcir o revertir los efectos negativos de la prohibición? Seguramente no, ya que el narcotráfico y la corrupción estarán incrustados en la estructura social mexicana aun cuando la marihuana sea legal. Sin embargo, se puede sostener que la legalización de esta droga tendría más efectos positivos para la sociedad mexicana.

¿Cuáles serían los efectos de la legalización? Una de las primeras ventajas de la legalización está en la posibilidad que tendría el Estado para instaurar un comercio formal, lo cual supondría tres ventajas claras: A) Al establecer un comercio formal se genera una nueva industria, lo cual representa, en el caso de la marihuana, la captación de ingresos que antes no se percibían debido al comercio ilegal, lo que supone mayor presupuesto para otras actividades. B) Al fijar una regulación en el consumo, lo mismo que con el alcohol y el tabaco, se establecen límites a los consumidores en cuanto al acceso (menores de edad), cantidades y establecimientos. Es un hecho que el modelo de regulación no será perfecto, pero al menos no será abierto como cuando es ilegal. Y C) la disminución de la violencia e inseguridad para la población mexicana; esto es una consecuencia directa, pues al ser la marihuana una de las entradas más fuertes de la delincuencia organizada se cortaría de tajo uno de los brazos de la misma. Al mismo tiempo, la legalización de la marihuana beneficiaría a los consumidores ya que estos tendrían acceso a un producto de calidad tanto para uso recreativo como terapéutico (en el caso de este último la marihuana tiene muchos efectos medicinales, por ejemplo, como tratamiento paliativo contra el dolor en cáncer, VHI-SIDA, glaucoma, artritis etc.).

A manera de conclusión, parece que para nuestra sociedad pesa más el hecho del prejuicio y la desinformación que los posibles efectos positivos de la legalización. En gran medida, un gran obstáculo para este tema, como en muchos otros, es el acceso y el nivel educativo de los ciudadanos. Una sociedad con nuestras características, en principio, carece de elementos reales para debatir y pensar un problema como éste, pero debemos preguntarnos si tal condición proviene de una inmensa carencia intelectual o es resultado del desinterés generalizado producto, quizá, de actores e intereses más o menos claros. Lo anterior es evidente para todo aquel que se atreva a reflexionar un poco. Para finalizar, me gustaría traer a cuenta las siguientes palabras: “En conclusión la legalización de las drogas es el camino a seguir. Proseguir con la política de la ilegalidad, además de coartar la libertad individual que le impide a cualquier individuo decidir qué bienes desea consumir, involucra a la sociedad en una guerra muy costosa y, lo más importante, una guerra imposible de ganar”.[6]

Bibliografía

Escohotado, Antonio. Historia de las drogas 3. Madrid, Alianza Editorial, 2004.

Katz, Isaac. “Algunos aspectos económicos de las drogas” en ¿Qué hacer con las drogas?, Rodolfo Vázquez compilador. México, Fontamara, 2010.

Kuhn, Cynthia et al. Drogas. Lo que hay que saber sobre las más consumidas, desde el alcohol y el tabaco hasta éxtasis. Trad. Clorinda Rea. México, Debate, 2011.

[1] Vid. Vázquez, Rodolfo. “¿Es éticamente justificable penalizar la posesión de drogas para consumo personal?” en ¿Qué hacer con las drogas?

[2] Cfr. Kuhn, Cynthia. Drogas. Lo que hay que saber sobre las más consumidas, desde el alcohol y el tabaco hasta éxtasis, p. 209

[3] La libertad para consumir bien puede ser un gran supuesto, pues implica la noción de un sujeto responsable. Sin embargo, lo importante no es partir de que sólo es una condición teórica, ya que si teóricamente renunciamos o desconocemos este supuesto básico para hacer y actuar políticamente, en el fondo, somos incapaces como sociedad de reconocernos como sujetos de derecho.

[4] Katz, Isaac. Algunos aspectos económicos de las drogas, p. 77

[5] Cfr. Katz, Isaac. Algunos aspectos económicos de las drogas, passim.

[6] Ibíd., p. 88

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