Resumen:

La publicidad partidista es, sin duda, un fenómeno curioso que ocurre mayormente en cada elección presidencial y que resulta prácticamente ineludible cuando se lleva a cabo de manera masiva ¿Pero será posible que la imagen politizada, en este sentido, pueda influenciar en nuestras posturas?

La imagen está cargada de múltiples significados. Puede provocar, causar euforia o causar hastío. Somos el ser de la imagen. Hoy, en pleno siglo XXI, ya no podemos concebir nuestro mundo sin imágenes; somos el Homo Videns del que hablaba Giovanni Sartori, y para prueba de ello basta un botón. Basta prender la televisión para descubrir que estamos contaminados hasta “las manitas” de imágenes publicitarias. Un bombardeo constante es desatado cada corte comercial, mientras vemos nuestra serie o programa favorito, y en verdad es inevitable no prestar atención a la publicidad que emiten los medios. ¿Pero qué ocurre cuando una imagen se utiliza más allá de sus fines mercantiles, como estrategia política?

Desde hace algunos meses –y como ocurre cada 6 años– hemos notado cómo se ha incrementado el nivel de publicidad de los candidatos a la presidencia de la República Mexicana. El radio, la televisión y el Internet están ya completamente saturados de propaganda política que tiene la pretensión de generar o hacer cambiar de postura a los partidarios de los distintos grupos políticos. ¿Pero en verdad dicha estrategia es funcional? Al parecer estamos tan sobre-cargados de imágenes que es poco probable, sin mencionar que nuestras posturas, creencias y pensamientos están determinados por otras tantas circunstancias.

¿Votaremos por la imagen más repetitiva? Lo importante es caer en cuenta de que, ineludiblemente, estamos rodeados de “bombas” visuales que de cierta manera logran tener una repercusión en nuestras decisiones, ¿pero no acaso nuestras decisiones siempre se ven mermadas por algo? De alguna manera estamos sujetos, condicionados, a ciertos factores sociales, culturales e históricos. Entonces, más bien cabría preguntarse si las estrategias políticas tienen sentido e importancia referente a nuestra decisión, y si en vez de dar tanto énfasis a la publicidad partidista no deberíamos realizar una profunda reflexión que nos permita discernir qué es lo que en verdad queremos y necesitamos. Por un lado, analizar detenidamente las propuestas de cada candidato, y por el otro, elegir de la manera más congruente posible la postura que creemos más válida.

La publicidad política es un hecho irrefutable, basta salir de la casa para encontrar en posters y pancartas el rostro del algún candidato en las paredes. No nos queda más que lidiar con toda esa basura visual y ponernos a pensar en qué es lo que verdaderamente queremos como país, como ciudad, como personas, y si de verdad merecemos un gobierno como el que, hasta la fecha, nadie, ni un presidente, ni los diputados y senadores, ni nosotros, el pueblo, ha podido sacar adelante, pese a la crudeza y pesimismo de la frase.

Sólo queda esperar que las instituciones pertinentes respeten la decisión “democrática” que cada uno de nosotros ejercemos, pero eso es otro cantar. Una imagen habla más que mil palabras, pero la voz del pueblo puede más que cualquier imagen, o al menos es lo que quisiéramos pensar.

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