¿Cómo comprender eso que llamamos política?

Un amigo me decía el otro día que: “un pedacito de pan, para mi miseria… calmaría mi hambre”. Sus palabras me impregnaron de sorpresa. Tal afirmación podía ser motivo de un estudio para tesis doctoral. No obstante, pensé: ¿qué trataba de comunicarme con esas palabras? Y es que no encontré sentido alguno entre semejante tesis y el contexto de la misma, pues mi amigo terminaba su segundo plato de sopa maruchan, una especie de migas modernas. En fin… ahora les ofrezco un poco de lo pensado aquel día en que la miseria de uno, me reveló la miseria compartida por todos nosotros.

En los últimos tiempos somos testigos de la forma en que la injusticia, la corrupción y la impunidad atraviesan todas nuestras estructuras, instituciones y, finalmente, el entero social que habitamos. La insensibilidad y la indiferencia conforman un grupo de ‘variables especiales’ que también son parte de la complejidad que hoy vivimos. En ese sentido, parece que a los movimientos sociales en México les está vedado el éxito de sus reclamos por justicia social. Y es que en tiempos donde impera, cada vez con más fuerza, la disolución de la comunidad y el sentido humano que de ésta pueda emanar, también se nos hace sentir el drama de la imposibilidad del cambio. Un claro ejemplo de lo anterior se muestra en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

El Estado en México, al que algunos consideran Narco-Estado o Estado fallido, se ha convertido en el parangón de la pantomima. Sí, en el parangón de la pantomima puesto que rebasa los límites de las figuras cómicas. En consecuencia, los mexicanos, como sujetos sociales e históricos, hemos presenciado el nacimiento, el culmen y la decadencia de nuestra sociedad.

Sin embargo, un brevisímo recuento histórico sobre las luchas sociales en nuestro país evidencia el deseo de justicia sustentado en la fuerza del espíritu. Desde la Revolución mexicana, pasando por las diversas revueltas sindicalistas, el 68, el Zapatismo y, en tiempos recientes, el rechazo evidente hacia “el cambio panista” y “el nuevo PRI de Peña Nieto”, sólo se puede confirmar una historia repleta de infamias. Algunas situaciones ya son términos normales: desapariciones, matanzas; derrumbe del peso, endeudamiento social, pobreza; discriminación, analfabetismo, clasismo; la génesis de la híper violencia, represión estatal, narcotráfico, etc.

Por otro lado, y ya para finalizar, la cotidianidad de nuestras vidas llega a niveles absurdos, pues hoy cierto sector de la sociedad no es actor de su realidad. En cambio, parece dejar el sentido crítico en manos del más reciente filme de Luis Estrada, y el ya conocido Damián Alcazar. Así, la risa y el chiste son un escape ante la degradación que nos azota. Podemos ver que la aparición de esta película es la máscara perfecta para sostener y mostrar, ocultando: la política mexicana. El encubrimiento juguetón que ofrece la posibilidad de la máscara pretende obviar, reducir, disolver, ¡hacer nada –como diría un querido profesor– la tremenda y cruda situación social que hoy sobrevivimos y padecemos! Espero que la miseria no se cure con un pedacito de pan que nos quite el hambre…

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