El escritor Gabriel García Márquez (1927-2014) sigue convocando a cientos de personas y sus enseñanzas son noticia: en las próximas semanas llegará a México el libro Gabo no contado, del periodista colombiano Darío Arizmendi, que “va a ser una sorpresa para muchos lectores”, adelantó a La Jornada el director editorial de Penguin Random House México, Cristóbal Pera, al finalizar el homenaje que se rindió al premio Nobel de Literatura 1982 en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Han pasado casi ocho meses desde el fallecimiento de Gabo y el pasado sábado sus amigos se reunieron para platicar de él, de su compromiso social, de su obra literaria, de su pasión por el periodismo, el cine y la literatura, su trabajo como maestro en talleres de la Escuela Internacional de Cine de San Pedro de los Baños, en Cuba, y la creación de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Ocho personas que lo conocieron hablaron de él, sobre todo, como amigo.

Ahí estaban la periodista y traductora Pilar del Río, compañera del Nobel portugués José Saramago; los escritores Ángeles Mastretta, Jorge Franco y Senel Paz; Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes; Rebeca Grynspan, secretaria general Iberoamericana; Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, y los editores Doris Bravo y Claudio López de Lamadrid, quien fue el moderador.

Respuestas siempre rebeldes

Gabriel García Márquez “nunca olvidó su principal compromiso: imaginar mundos y contar historias, y a través de ello nos ofreció respuestas, respuestas siempre rebeldes. Aprendí que la historia de una persona es siempre la vida de alguien más”, dijo Rebeca Grynspan, quien subrayó que Gabo “es al mismo tiempo costeño, colombiano, caribeño, latinoamericano, iberoamericano y universal”.

Con la publicación de Cien años de soledad “Iberoamérica toda, pero en particular América Latina, fue otra, en ella el imaginario de nuestra región fue cartografiado con una precisión hasta entonces desconocida, se revelan sueños y pesadillas, nuestros atavismos y delirios, y desde entonces somos más conscientes de ello y el mundo nos conoce mejor”. añadió.

García Cepeda, en tanto, expresó que García Márquez “es sus libros, su historia y su inseparable compañera Mercedes Barcha (…) Era amigo de la humanidad, la cultura, el arte, de su tierra maravillosa, esa capacidad de fraternizar nacía de su amor por la vida. Su obra y vida son un generoso canto de amistad”.

Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago, habló de la amistad entre los dos premios Nobel, Saramago y García Márquez. Nunca hablaban de sus libros y se encontraron muchas veces en España, México, Argentina, “pero aquí en Guadalajara se podría decir que se consolidó la amistad, no siempre estaban de acuerdo, a veces discutían”.

Cuando Saramago leyó por primera vez Cien años de soledad, decía que fue para él como un traumatismo, tuvo que dejar de leerlo después de las primeras 50 páginas, “porque Saramago decía que ‘tenía que poner orden en su cabeza’”.

Pilar del Río habló también de la primera experiencia de ella al leer ese libro una jornada de verano en Granada. “La noche que lo acabé había habido una tormenta de verano, hacía viento, las puertas de arriba, que es donde se guardaban las cosas en una casa de campo, estaban dando portazos, volaban hierbas por la plaza, la noche era solitaria, como fría. En verdad pensé que el mundo se estaba terminando y que la soledad se estaba instalando en nuestros corazones y que nunca más se haría de día.

“Después de ese libro creo que ningún lector volvió a ser el mismo, que la lectura, como se ha dicho antes, nos enaltece”.

Fuente: www.jornada.unam.mx

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