Resumen:

El hombre, con su pretensión de lograr avances y mejoras en el desarrollo humano, ha producido contaminantes tóxicos y peligrosos, por lo que ha sido necesario realizar acuerdos internacionales para el desarrollo de proyectos que generen la correcta destrucción de dichos residuos, con el fin de disminuir sus efectos nocivos en la salud y en el medio ambiente.

Desde la aparición de las primeras civilizaciones, los hombres hemos transformado los ecosistemas y, en la mayoría de los casos, abusado de los recursos naturales; sin embargo, las intensiones humanas no han sido propiamente destruir el planeta ni colocarse en situaciones de riesgo o peligro ambiental, más bien al contrario, generalmente el interés común, además del económico, ha sido el desarrollo de las tecnologías y ciencias con el propósito de mejorar la calidad de vida. Desafortunadamente las buenas intensiones no siempre resultan inofensivas y, debido a la falta de conocimientos y la avaricia, hoy en día nos vemos frente a un grave problema mundial: la contaminación y el calentamiento global. El medio ambiente y los ecosistemas han sufrido daños importantes, debido a que no fuimos ni hemos sido capaces de equilibrar el crecimiento poblacional con un correcto cuidado del planeta.

Tras la revolución industrial la generación de residuos y contaminantes creció de manera exponencial, sin ningún límite real hasta hace muy pocos años. A la par crecieron las poblaciones convirtiéndose en grandes ciudades, y los servicios que requerían estas metrópolis fueron abastecidos sin una completa reflexión, conocimiento ni organización, que proyectaran correctamente sus efectos a futuro. Actualmente existen en el mundo contaminantes producidos por el hombre hace más de 30 años, que aún siguen siendo un problema, ya que continúan generando daños enormes a los ecosistemas y graves enfermedades a todos los seres vivos. El problema con los contaminantes generados por el hombre es que, por su estabilidad molecular, resulta muy difícil destruirlos, además de que viajan largas distancias fácilmente.

Al tipo de residuos antropogénicos y peligrosos se les conoce como: Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs), estos residuos se caracterizan por ser compuestos de difícil degradación, tener propiedades tóxicas generadoras de enfermedades, además de ser sustancias bioacumulables que pueden ser transportadas fácilmente por el aire, el agua y las especies migratorias. Estos contaminantes son altamente peligrosos por su fácil movilidad y gran alcance; al no degradarse, pueden llegar muy lejos de su lugar de liberación, acumulándose en ecosistemas terrestres y marinos. A esta categoría de residuos pertenecen los Bifenilos Policlorados (BPC’s), una mezcla de compuestos orgánicos clorados individuales, sin olor ni sabor especial.

Hasta los años 80’s, los BPC’s se emplearon en la fabricación de: transformadores, cables, motores y condensadores eléctricos, interruptores y capacitadores; en ingredientes de pinturas, barnices, ceras para pisos, resinas, lubricantes, aditivos, etc. Durante la mayor parte del siglo XX se usaron con mucha frecuencia, por su capacidad aislante y resistencia a las altas temperaturas. Actualmente ya no se fabrican, pero sus efectos persisten y aún es latente el peligro de que continúen dispersándose si no se tienen las precauciones necesarias en el mantenimiento de transformadores antiguos, ya que por su alto costo y durabilidad, algunos siguen funcionando. Por otra parte, existe el peligro de que se rieguen desde tiraderos clandestinos o descuidados, propiciando el contacto con la población.

La mayoría de la gente tiene bajos niveles de BPC’s en el cuerpo, puesto que, casi todo el mundo ha estado expuesto a ellos por su fácil dispersión. El ser humano puede entrar en contacto al usar tubos fluorescentes, televisores y refrigeradores fabricados hace 30 años o más, comiendo alimentos contaminados —principalmente pescado, carne y productos lácteos—, respirando cerca de desechos tóxicos, tomando agua contaminada, o durante la reparación y mantenimiento de transformadores.

Los BPC’s no se encuentran de manera natural en el ambiente, se depositaron en el agua y el suelo durante su manufactura, uso y disposición, por fallas en su transporte, fugas de transformadores e incendios de productos que los contenían. Estos compuestos se acumulan en peces, mamíferos acuáticos y pequeños organismos, al igual que en otros animales que se alimentan de éstos, por lo cual los BPC’s se transfieren, también, a los últimos receptores de la cadena trófica. Sus efectos en la salud dependen de la dosis, la forma y la duración de exposición; de igual manera, intervienen las características y hábitos personales, y en todos los casos el contacto con estas sustancias implica un alto riesgo de contraer enfermedades a mediano o largo plazo. Los efectos más comunes, causados por el contacto con BPC’s, son daños en la piel como acné o salpullido, y alteraciones en la sangre. Además, se ha comprobado su relación con el desarrollo de ciertos tipos de cáncer como el de hígado, piel y del tracto biliar.

Gracias al descubrimiento de los daños adversos que causan dichos contaminantes, varias naciones y organizaciones internacionales se propusieron hacer algo al respecto, y a partir de la década de los 90’s se han realizado varios convenios, como el de Basilea, Rótterdam y el de Estocolmo, sobre los COPs. Mediante estos convenios se acordó la reducción de BPC’s y su correcta destrucción, con el principal objetivo de disminuir el peligro de su exposición en la población humana. El riesgo generado por estos contaminantes es muy alto, su manejo inadecuado propicia su disgregación y maximiza sus efectos dañinos. En México, se prohibió su producción hasta 1980, un año después que en EUA; sin embargo, se siguieron fabricando en varias partes del mundo durante casi 10 años más. Finalmente en 1988 comienza la regulación, en nuestro país, de los residuos tóxicos.

En 2006, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), realizaron una fase exploratoria para identificar y desarrollar un proyecto específico para la eliminación de Bifenilos Policlorados. En abril de 2009, se inicia el proyecto “Manejo y Destrucción Ambientalmente Adecuados de los BPC’s en México”, con fondos del GEF, la SEMARNAT, y la SENER. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, considera esencial este proyecto y cree que es un gran paso para alcanzar el desarrollo sostenible, tanto en México como en el mundo.

Lo que se intenta lograr a partir de estos convenios es posibilitar la utilización de tecnologías amigables con el medio ambiente, mejorar la calidad ambiental y la salud humana, intentar reestablecer el equilibrio ecológico y mantener un buen nivel de vida en los países, cualquiera que sea su grado de desarrollo. Al mismo tiempo, es de suma importancia educar correctamente a la población para lograr mejores resultados, ya que como mencionó el Sr. Ban Ki-moon, los “grupos vulnerables en los países en vías de desarrollo, como los niños, las mujeres, los pueblos indígenas, los pobres y los trabajadores, sufren impactos desproporcionados de la exposición a sustancias químicas, debido, entre otros factores, a los altos niveles de exposición del agua, la comida, la ubicación de la vivienda, las circunstancias laborales, así como la falta de comprensión de las necesidades de protegerse a sí mismos y a otros de los riesgos químicos”. [1]

[1] Fragmento tomado de la página del “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. México”. http://www.undp.org.mx/spip.php?article2157

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