El principio del siglo XXI nos plantea cada vez con más urgencia y seriedad la reflexión sobre la cuestión de los entornos virtuales, sobre todo, si pensamos que en los últimos años el devenir tecnológico ha marcado un nuevo compás al ritmo de las sociedades, y con ello a las condiciones sociales desde las cuales se crean nuevas formas de comprender la conformación de la subjetividad.

En nuestros días los temas sociales sobresalientes no pueden obviar la condición sobre la noción de virtualidad, y es que lo virtual se ha convertido en el adjetivo del ser humano y sus espacios cotidianos, pero ¿cómo se puede entender la condición de lo virtual? Parece que normalmente cuando usamos esta palabra nos referimos a lo que “parece ser, pero en verdad no es”. Lo anterior nos sitúa ante la discusión sobre el estatus ontológico de lo virtual, asimismo esa definición de uso común nos pone frente al entredicho sobre la recepción psicológica que produce lo virtual en el ser humano. Fenómenos tecnológicos como los videojuegos de realidad aumentada, redes sociales, simuladores y plataformas de aprendizaje son algunos de los resultados palpables de lo virtual en la vida diaria.

No obstante, aquello que es figurado y que puede ser o no real, esto es, lo aparente, ha sido una constate a lo largo de nuestra historia. Desde el concepto de verdad hasta la práctica de la magia, la categoría de lo aparente nos ha acompañado. Los descubrimientos ópticos de la física pertenecen al espectro de lo aparente, los mismo que las intervenciones quirúrgicas para modificar el cuerpo y hacerlo bello, pero entonces ¿qué es, pues, lo específico de la virtualidad actualmente?, ¿por qué nos causa tanta fascinación?

La respuesta obvia es que la tecnología es lo característico de la virtualidad. Es en esta relación en donde la virtualidad cobra su sentido actual. Sin embargo, si intentamos desmenuzar la obviedad antes señalada podemos apuntar que la virtualidad de los tiempos tecnológicos constituye un espacio visualmente fascinante desde el cual podemos desentrañar la potencialidad del deseo y la fantasía. En ese sentido, la virtualidad, constituida por su cualidad tecnológica, es quizá la manera en la que nuestra humanidad puede morar en la fantasía y los deseos de manera fáctica.

Lo anterior bien podría decirse sobre las películas, los libros, las obras de teatro y en general de la producción artística. Así, la fantasía y el deseo se han materializado desde hace mucho tiempo. Hoy día, la materialización de la fantasía y el deseo parecen estar transitando hacia un lugar en donde lo concreto puede ser desplazado, es decir, para traer a la presencia lo que sólo la fantasía y el deseo crean ya no es necesario utilizar materia alguna sino propiamente asistir a la creación de tecnología que pondera la imagen como elemento principal. Se manipula pues un espacio flotante en donde el límite está puesto por el mismo desarrollo tecnológico, desarrollo evidentemente material pero cuyos resultados no son propiamente físicos.

Definir la realidad nunca ha sido sencillo, pero en tiempos recientes la llamada realidad virtual tiene como principal sustento la producción de imágenes. El componente primordial de la realidad virtual está en el software. Las posibilidades de este último en cuanto a sus impactos en la manera de entender un escenario totalmente ficticio, pero experimentado como real son infinitas.

Quizá la complejidad de la realidad virtual no sea la forma en que prescinde de un correlato material concreto, sino la forma en que se percibe un mundo proveniente del mero deseo y la fantasía, que desde luego se vive como si fuera real. En sentido estricto, se reniega de la realidad al mismo tiempo que se genera una vivencia de la realidad deseada; es justo ese efecto sobre nuestras psiques lo que hace a la realidad virtual tan efectiva y más que seductora, ya que la hace posible.

Es innegable que el concepto de realidad virtual evoca diferentes maneras de comprenderla, y probablemente la forma en que se vive a partir de ella en el mundo sea el reto que encaremos en el próximo siglo.

Sobre El Autor

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.