ResumenHemos sido capaces de descifrar grandes complejidades del cuerpo, como el descubrimiento del genoma humano, pero no hemos podido aún distinguir el momento exacto en que un ser deja de tener vida (aunque esto puede ser cuestionado por médicos y neurocientíficos), cuestión que ha generado gran controversia bajo la cual aparece la eterna pregunta: ¿Qué es la muerte? La muerte es misterio perpetuo, es distancia, eterna lejanía.

 

Ajenos a la muerte, los hombres, aterrados por desaparecer, generalmente hemos intentado distanciarla, y respetarla. En algunas culturas la muerte es y ha sido signo de honor, elevación hacia lo supremo, integración con “El uno”. Sea el caso que sea, la muerte es en toda cultura una eterna duda. En épocas pasadas, la muerte causó grandes interrogantes en todos los niveles; sin embargo, la vida no había sido un problema tan grave para la ciencia como lo es hoy.

En la actualidad, los desarrollos tecnológicos han modificado y prolongado el curso normal de los cuerpos. Clínicamente los médicos toman a consideración varios criterios que les parecen suficientes para declarar a una persona muerta. Hemos sido capaces de descifrar grandes complejidades del cuerpo, pero no de distinguir el momento exacto en que un ser humano adquiere o deja de tener vida, cuestión que ha generado gran controversia en temas como el aborto, la eutanasia, la fertilización in Vitro e incluso la donación de órganos, pues ¿cuáles son las pruebas suficientes para declarar la “sentencia” de muerte?, ¿cuáles son los criterios para que los médicos o científicos se permitan conservar una vida?

La muerte ha sido siempre considerada como el fin de la vida. Comúnmente se denomina muerte a la pérdida del proceso homeostático del organismo, de forma irreversible. Pero el momento en que clínicamente se puede denominar a una persona muerta ha ido variando de época en época y de lugar en lugar. Las variaciones se debían, en el pasado, sobre todo a creencias religiosas y a ciertos conocimientos biológicos; sin embargo, en los últimos cincuenta años los descubrimientos e inventos tecnológicos han ido complicando el momento en que se puede declarar una muerte como definitiva.

Los registros de Hipócrates sobre la muerte se limitan a la observación de las características físicas de los fallecidos –sobre todo de sus facciones–, lo cual indica que en épocas primitivas únicamente se tomaban en cuenta los elementos más evidentes como: el enfriamiento, la rigidez y la putrefacción. De la edad media se tiene escasa información de los avances en la materia, ya que estaba prohibido realizar investigaciones al respecto y no es hasta el renacimiento que esta investigación toma fuerza.

En la Edad moderna se da por primera vez una definición de muerte como: el “paro cardiorrespiratorio”, concepto que fue reconocido y válido durante mucho tiempo. En ese entonces bastaba que la persona dejará de respirar y su corazón de latir, para declararla muerta. Las epidemias del los siglos XVIII y XIX condujeron a la población a llevar a cabo no sólo entierros masivos, sino también algunos prematuros, lo que creó un pánico en la población, por la posibilidad de ser enterrados vivos. Esta angustia se vio reflejada no sólo en los mecanismos de ataúdes con campanas, sino también en la literatura de Edgar Allan Poe. La inseguridad causada por el pánico alcanzó a la comunidad médica y esto dio paso a nuevas investigaciones, observaciones y estudios al respecto. Aquel miedo originó que las personas esperarán un tiempo antes de enterrar a sus seres queridos, velándolos con la esperanza de que mostrarán algún signo de vitalidad.

Es hasta el siglo XX que la ciencia y la tecnología revolucionaron el criterio de muerte. Los nuevos inventos tecnológicos y descubrimientos biológicos les permitieron a los médicos suplir con máquinas algunos órganos y funciones vitales, al grado que en la actualidad es posible: reactivar el corazón, mantener la actividad respiratoria, realizar transplantes de órganos e incluso clonarlos. Estos desarrollos científicos nos han permitido mantener un cuerpo con un funcionamiento “normal” gracias a diversos aparatos que le conservarán e impedirán su descomposición.

Las neurociencias han establecido la muerte a la par de la muerte cerebral, cuando este órgano no presenta ninguna respuesta a estímulos externos, hay ausencia de movimientos respiratorios, y un electroencefalograma nulo (lo que refleja que no existe ninguna actividad cerebral). Sin embargo, incluso esos cuerpos pueden mantenerse vivos en los hospitales gracias a los adelantos médicos. Entonces ¿será que la muerte se ha convertido en una decisión médica? y, ¿qué es la muerte más allá de la clínica?

Si tomamos el criterio universal de que la muerte es el final de la vida, podríamos incluso pensar que un buen funcionamiento corporal no basta para decir que seguimos vivos a un nivel humano, o que el hecho de que en la actualidad nuestro proceso regenerativo y funcional se atrofie hasta cierto punto sea la muerte, porque para nosotros no son suficientes las funciones orgánicas. Un hombre se considera como tal por poseer ciertas características como la capacidad creativa, racional, ética, etc. Todas las religiones, culturas y ciencias se han quedado sin descubrir, al día de hoy, lo que es la muerte con exactitud, pues ¿qué es la catatonia?, ¿qué es el Alzheimer sino cuerpo vacío?, ¿cómo es posible que un hombre se considere muerto cuando aún preserva órganos vivos?

Para algunos la muerte es una ilusión como la vida, sólo hay transformaciones. Para otros la muerte es simple ausencia. Para la bioquímica aún resulta un gran misterio la muerte exacta de cada célula. Pasamos la vida descomponiéndonos a fragmentos sin padecer ninguna nostalgia, hasta que, muy pasado el tiempo miramos hacia atrás y vemos las muertes en el espejo –pedazos de los  que éramos antes–. Mas la vida no regresa, el tiempo se aleja, y nos pierde a unos y a otros, hasta que el olvido nos borra para siempre de la memoria, hasta que no nos queda más que sufrir la cercanía de la muerte. ¿Qué es la muerte? Sabemos que es la pérdida de la vida, pero en realidad jamás llegaremos a tener certeza de lo que sea. La muerte es misterio perpetuo, es distancia, es eterna lejanía.

Referencias bibliográficas.

  • Dra. Elisa Antonia Dibarbora en Definición y criterios médicos de muerte: una mirada bioética. http://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/901/1/Definicion-y-criterios-medicos-de-muerte.-Una-mirada-bioetica. [22 de octubre de 2010].
  • Singer, P. “Los animales y el valor de la vida” en Los caminos de la ética ambiental, Jorge Issa y Teresa Kwiatkowska, comps., UAM, 1998.
  • Ritchie, C.W, Ames, D. Therapeutic Strategies in Dementia. Oxford. Clinical Publishing, 2010. [vol. 1]
  • GHERARDI, C. Vida y muerte en terapia intensiva. Estrategias para conocer y participar en las decisiones. Buenos Aires, Biblos, 2007.

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