Resumen: La falta de tiempo, propia del ritmo de vida de las grandes ciudades, ha convertido al estrés en una enfermedad crónica y constante, sufrida por personas de todas las edades y condiciones.

Estrés es una palabra que se ha vuelto bastante común en los últimos años, sobre todo en las grandes ciudades. Todos los días escuchamos el lamento de alguien que se siente estresado o somos nosotros mismos los que empleamos dicha palabra para definir nuestro estado anímico y psicológico. El ritmo de la vida moderna, la globalización y el capitalismo nos han conducido a desarrollar sociedades “sin tiempo”, llenas de ocupaciones. Esto ha propiciado que la población se encuentre en situaciones agobiantes y de gran estrés.

La Organización Mundial de la Salud define al estrés como el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción. Mc Grath se refiere a éste como: un desequilibrio percibido entre la demanda y la capacidad de respuesta en el cual, el fracaso ante dicha demanda posee importantes consecuencias.

El estrés puede surgir a partir de cualquier situación, incluso de la más simple, pues es el resultado normal ante una serie de demandas que recibe cualquier individuo –sean sociales, laborales, personales, escolares…– a las cuales se siente obligado a responder de forma adecuada, pero que no sabe cómo afrontar, o no encuentra la manera de resolver todas a la vez. En la actualidad, el estrés que sufrimos (en las ciudades) con mayor frecuencia, tiene que ver, más con la falta de tiempo que con la incapacidad para solucionar problemas.

Vivir en las grandes urbes representa convertirse en un sujeto polifacético, que tiene que interpretar múltiples roles sociales, todos ellos cargados de estereotipos y limitaciones, que hacen más difíciles las interpretaciones. Los padres modernos se ven obligados a trabajar no sólo por circunstancias económicas, sino también por la presión social que ha conducido, tanto al padre como a la madre, a ser personas con un amplio desarrollo cultural y laboral, además de un buen ejemplo para sus hijos. A su vez los hijos sufren la presión de los padres y se ven sometidos a vivir bajo el régimen “temporal” de los adultos; sumado a ello deben responder ante la constante competencia con los otros niños y asistir a diversos cursos extraescolares; incluso los bebés deben acudir a clases de estimulación temprana para poder ser niños inteligentes y exitosos. Los jóvenes, por su parte, se enfrentan a un mundo en el que entre más preparados estén serán considerados mejores personas, a pesar de que eso no sea garantía de encontrar los mejores empleos.

La vida actual exige tiempo para realizar todas las actividades que dicta cada uno de nuestros diversos roles sociales, pero el día no resulta suficiente para llevarlos todos a cabo. Ver a los amigos o compartir con los seres queridos es uno de los momentos más deseados, pero el trabajo, las grandes “distancias” dentro de la inmensa urbe, los deberes domésticos y escolares, y el propio cansancio hacen que esos momentos sean cada vez más reducidos y de menor calidad.

Existen eventos de gran impacto en la vida de cualquier persona que pueden causar estrés, como: la enfermedad, la privación de la libertad, la pérdida del empleo, etc; sin embargo, la actualidad se ha encargado de acelerar los ritmos de tal manera que la gente sufre de estrés crónico y constante. No hace falta que ocurra nada relevante en nuestras vidas para sentirnos angustiados, ya que ser un hombre cosmopolita implica no tener tiempo suficiente, en consecuencia no poder afrontar exitosamente todas las situaciones que enfrentamos en la vida cotidiana, por ser demasiadas.

Quizá sea tiempo de pensar en todas aquellas cosas en las que se nos va el tiempo, revalorar nuestras actividades y considerar aquéllas que nos hacen felices como las más importantes. Es momento de que todos: padres, hijos, novios, amigos, jefes y empleados, empresarios y servidores públicos reconsideren el ritmo en el que se mueven las sociedades modernas y examinen si vale la pena sufrir tanto estrés a cambio de tan escasa felicidad.

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