Guy de Maupassant fue un gran escritor francés del siglo XIX. La variedad en el género de sus obras cambia de una a otra y basta con leer el Horla y Bola de cebo para afirmar lo que digo, pues mientras el horla es un cuento de terror que se cataloga a la altura de los cuentos de Edgar Allan Poe, Bola de cebo, por otra parte, es un cuento realista con sátira social. Quien leyera el horla y bola de cebo difícilmente deduciría que se tratan de obras de un mismo autor.

Probablemente el único puente que se puede encontrar entre sus obras es su estilo visceral de escribir, en los cuentos que he leído de Maupassant me queda esa sensación de vacío en el estomago, una sensación que crea un dilema entre no querer seguir leyendo por tener una fuerte impresión y la de querer terminar por la curiosidad de saber el desenlace.

En esta nota quiero abordar unas cuantas tesis de Maupassant que tratan sobre la muerte. Dichas tesis se encuentran en el cuento titulado: El loco, y como dato anecdótico Maupassant fue arropado por la locura debido a la sífilis que contrajo.

La muerte es una forma de la suprema fuerza que rige el universo, aquella fuerza es la destrucción. Todo lo que existe y fue creado está para ser destruido, ésta es la ley de la naturaleza, todo se crea, todo se destruye.

¿Qué es pues el ser?, se pregunta Maupassant. El ser es la creación que está destinada a ser destruida, intrínsecamente las cosas tienden a su destrucción, a ser nada. El hombre no se salva de la muerte, también es destruido, y por más que quiera ser inmortal en los recuerdos, en los libros, en las historias, nunca lo conseguirá, pues la muerte todo lo devora en su reino de finitud.

Cuando la muerte rige el mundo los asesinos no son criminales, son visionarios que han revelado el sentido de las cosas, que han entendido el motivo por el que hemos venido al mundo, y ese motivo es el ser destruidos. Por eso el asesinar es uno de los mayores placeres, pues se realiza la voluntad de la muerte.

Aferrarse a la vida es contranatura, de nada sirve luchar para mantearse vivo o para mantener la vida de los demás, el destino está escrito, no puedes ir contra la suprema fuerza del universo, te encuentras regido por sus leyes.

La necedad de los hombres ha intentado ir contra la muerte, los hombres se aferran a la vida y niegan su inminente muerte, le temen a su cruel destino. El hombre quiere ir contra la naturaleza, y para muestra de ello está la penalización de los homicidios. Las leyes del hombre pretender ir en vano contra la naturaleza de destrucción y muerte.

Maupassant hace llegar a conclusiones que a muchos nos parecen aberrantes. Sin embargo, nadie puede negar que la muerte todo lo devora.

Sobre El Autor

Lic. en Filosofía, UNAM. Estudiante de Letras Clásicas.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.