El nombre de la rosa es una novela histórica y de misterio, escrita por Umberto Eco y publicada en 1980. El texto generó un alto impacto, provocando desde críticas hasta grandes reconocimientos y premios, por lo que la historia fue llevada a la pantalla grande en 1986 por el director Jean Jacques Annaud. La película también tuvo mucho éxito y consiguió varios premios en distintos festivales internacionales.

Los acontecimientos se sitúan a finales de la Edad Media en una abadía de frailes benedictinos ubicada en los Apeninos italianos, famosa por su gran biblioteca y porque serviría de cede para un importante debate entre frailes franciscanos y los delegados del Papa. La novela gira en torno a una serie de muertes ocurridas en la abadía, que despiertan las supersticiones de los monjes, quienes las consideran como un presagio del Apocalipsis; estos sucesos se dan en la víspera de la reunión entre los líderes franciscanos y los delegados del Papa para discutir si la doctrina de la pobreza apostólica es o no, una herejía.

El franciscano Guillermo de Baskerville –personaje principal de esta historia–, a su llegada a la abadía comienza a investigar las misteriosas muertes acontecidas, junto con su discípulo Adso de Melk. Entre ambos, gracias al intelecto y perspicacia del maestro, descubren que el enigma nada tiene que ver con el fin del mundo, sino con un libro envenenado: El segundo libro de la Poética de Aristóteles, debido a que en él hay bases que ponen en duda la forma de vida contemplativa y seria que llevaban los benedictinos. La trama se complica cuando la Santa Inquisición toma parte en el asunto, enviando al inquisidor Bernardo de Gui, quien es enemigo de Guillermo y trata de iniciar un proceso en su contra.

La novela está muy bien documentada en textos y datos históricos de la época, y sus personajes basados en figuras reales. Guillermo de Baskerville está inspirado en el filósofo nominalista Guillermo de Ockham, quien estudió a fondo la doctrina de la pobreza apostólica; al mismo tiempo, a este personaje el autor le imprimió notables cualidades de investigador y una aguda inteligencia. Varios caracteres son tomados de la vida real, tales como Bernardo de Gui, quien fuera un verdadero inquisidor durante los años 1307 y 1323, y Ubertino de Casale (1259-1330), quien fue un monje franciscano de la Toscana, al igual que el teólogo y general de la orden franciscana, Michel de Cesena (1270-1342).

Sin duda esta obra es una joya no sólo desde el aspecto literario, sino también como una interpretación histórica, crítica y filosófica de la última etapa de la Edad Media: época que fue marcada por las crecientes disputas entre el papado y los críticos de la Iglesia, que aumentaban exponencialmente puesto que la Iglesia se encontraba cada vez más alejada de sus principios y centrada en la acumulación de riquezas y poder. Al mismo tiempo, refleja el impacto que tuvo para la época el gran filósofo de Estagira: Aristóteles, quien sirvió de base teórica en grandes teorías medievales, sustentadas por renombrados escolásticos como Tomás de Aquino; sin embargo, sus textos representaban a la vez un peligro para algunas tradiciones que había adquirido la Iglesia, por lo cual eran ocultados y, de ese modo, lamentablemente, muchos de ellos desaparecieron para siempre.

 

 

 

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