–Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo –dijo el Sombrerero–,

no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

Con más de 100 millones de copias vendidas y 97 traducciones, Alicia en el país de las maravillas (originalmente titulada Alice’s Adventures in Wonderland) se ubica como uno de los libros más populares de todos los tiempos. Esta novela fue publicada el 24 de mayo de 1865 por la casa editorial Macmillan, en Nueva York, aunque Lewis Carroll, el autor, pretendía hacerlo en su natal Inglaterra; lo ocurrido fue que el primer tiraje tenía un defecto de impresión que no le pareció aceptable a John Tenniel, el ilustrador[1]; ese tiraje fue enviado a América y, a tal distancia de los lagos y jardines de Oxford[2], Carroll tuvo sus primeros lectores. Algunos meses después, en el otoño del mismo año, las peripecias de Alicia, la pequeña que persigue al conejo blanco y cae por la madriguera, ya se esparcían entre los ingleses, alcanzando el gusto de jóvenes y adultos. Se sabe que Oscar Wilde y la reina Victoria eran asiduos lectores de esta obra.

Al día de hoy, la historia de Alicia en el país de las maravillas ha sido llevada al cine, el teatro, la ópera, el ballet, los comics, la animación y, es considerada uno de los mejores ejemplos del sinsentido literario: género que apela al uso incorrecto del lenguaje, a modo de juego, que provoca el doble sentido, la broma, el humor. La trama de Carroll se desarrolla sobre todo mediante el juego de la lógica; invierte o invalida argumentos usuales, de manera formal, y así se conduce por un mundo del sinsentido, efectivamente, donde las liebres toman el té y los veredictos preceden el juicio.

Un dato interesante es que el nombre verdadero del autor es, Charles Lutwidge Dodgson (matemático, lógico y escritor), quien publicó la obra bajo el seudónimo “Lewis Carroll”. A continuación un par de fragmentos del relato en cuestión, a modo de recomendación, ahora que se cumplen 151 años de la creación de Alicia en el país de las maravillas.

–¡Oh, mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién os pondrá ahora vuestros zapatos y vuestros calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado lejos para ocuparme personalmente de vosotros. tendréis que arreglároslas como podáis… Pero voy a tener que ser amable con ellos – pensó Alicia–, ¡o a lo mejor no querrán llevarme en la dirección en que yo quiera ir! Veamos… les regalaré un par de zapatos nuevos todas las Navidades. Tendrán que ir por correo. ¡Y qué gracioso será esto de mandarse regalos a los propios pies! ¡Y qué chocante va a resultar la dirección!

 …

–Minino de Cheshire –empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba–. Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

–Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.

–No me importa mucho el sitio… – dijo Alicia.

–Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.

– … siempre que llegue a alguna parte – añadió Alicia como explicación.

– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el Gato –, si caminas lo suficiente!

Notas.

[1] Posteriormente, Alicia en el país de las maravillas sería provista de color por figuras tan notables como Salvador Dalí, Ralph Steadman y Max Ernst, entre otros.

[2] Lugar en que Carroll fuera inspirado, una tarde de verano de 1862, para crear las aventuras de Alicia.

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