El erotismo se define como el amor sensual, es decir, el amor de los sentidos o el amor físico. En el arte, cualquier exaltación de ese amor se considera erótica.

Al hablar de este tema es prácticamente indispensable mencionar a uno de los autores de la antigüedad cuya obra retrata la visión que se tenía de este fenómeno en el helenismo. Longo trató a profundidad este tema en su Dafnis y Cloe, una de las primeras novelas eróticas que ha llegado a nosotros.

El tema que trata dicha novela es el descubrimiento del amor por dos pastores. Para comenzar, en el prólogo, el autor especifica que su fuente de inspiración fue una pintura que describe someramente, pero que ampliará durante toda la obra, por lo que ésta podría considerarse una gran descripción de ese cuadro.

Dafnis y Cloe relaciona las estaciones del año con el desarrollo psicológico de los personajes y con los acontecimientos que los rodean. Empieza narrando la forma en que los dos niños fueron encontrados: habían sido expuestos por sus padres y recogidos por unos pastores. Dafnis había sido amamantado por una cabra y Cloe (dos años después), por una oveja, a la manera de Rómulo y Remo. Sus respectivos padres adoptivos, tanto Lamón y Mirtale como Drías y Napé, decidieron criarlos y, por designio de Eros, hacerlos cabrerizo y pastora. Dafnis tenía 15 y Cloe 13 años cuando empezaron a pastorear (al inicio de la primavera). En esa estación los muchachos comenzaron a descubrirse y enamorarse uno del otro, pero sin saber qué les ocurría (al modo de Medea en Las argonáuticas). Durante el verano, el ardor mutuo aumenta y en otoño comparten la vendimia. Durante el invierno, no pueden verse a causa del mal tiempo, pero el muchacho trama un plan y así logra ver a su amada. En la siguiente primavera, aconsejados por Filetas, un viejo muy experimentado, avanzan en el campo del amor y logran no sólo besarse, sino también se atreven a acostarse desnudos, pero su ingenuidad no les permite llegar al acto sexual. Es así como aparece Licenio, una mujer que instruye a Dafnis en el campo del amor por medio de engaños; pero, a pesar de esto, el muchacho no quiere yacer con Cloe para evitarle los sufrimientos que podría traerle la pérdida de su virginidad y prefiere contener sus deseos. Por esa época, le surgen numerosos pretendientes a Cloe, y Dafnis se cuenta entre ellos, pero su desventaja es la pobreza. Finalmente, encuentra la manera de comprometerse con ella. Durante el verano, Dafnis hace lo posible por contenerse y en el otoño comparten la vendimia nuevamente. Es en esta estación cuando se descubre que el padre del muchacho es el dueño de esas tierras (Dionisófanes), y el de la muchacha, otro hombre noble y rico. Finalmente logran llevar a cabo sus esponsales y su unión sexual es completamente lícita, preludiando los valores cristianos.

A lo largo de toda la obra podemos notar el influjo de varios autores: desde Homero (por la serie de aventuras que se dan en la novela, a la manera de La Odisea) hasta el de los contemporáneos del autor como Apolonio, Teócrito e, incluso, Menandro. Las descripciones más ricas y detalladas son las referentes a los sentimientos, al erotismo ligado a ambos personajes y al cambio de las estaciones. Al tema central, el autor añade algunas amplificaciones que regularmente hablan de alguna aventura, o más bien desventura, de los enamorados, ya que, al modo de Menandro, les pone trabas para poder llegar a un final feliz, incluso para los antagonistas. La historia se desarrolla en un ambiente completamente pastoril, de modo que los muchachos están en continuo contacto con las divinidades campestres; así aparecen amparados por las ninfas y Pan, y por Cupido, quien, a pesar de no pertenecer a este contexto, los ampara por el amor que se profesan. Por otro lado, podemos decir que este género, al igual que La historia verdadera de Luciano, contemporáneo de Longo (ca. s. ii), tiene como finalidad el placer, dejando a un lado los temas de profundidad.

Nuevamente, como en otros autores de la época, podemos notar la evasión de la realidad que se vive en esos momentos. El autor nos hace imaginar un mundo casi fantástico y un amor casi inalcanzable, sale de las esferas de la realidad para colocarnos en un universo donde el amor (ya sea el amor hacia la pareja, la familia, los dioses o al modus vivendi) vence cualquier obstáculo. Probablemente la época era tan desalentadora que este tipo de mundo idílico sólo se podía ver en la pintura o en la literatura. Incluso en el tratamiento del ambiente religioso podemos notar esta evasión de la realidad ya que, también en esa época, se vivía una profunda crisis religiosa. Aquí, los dioses actúan benévolos y complacientes y los personajes se comprometen con ellos, pero la realidad era muy distinta.

Finalmente, hay que hablar de la influencia que tuvo Dafnis y Cloe en autores e historias posteriores, pues recuerda al Amadís de Gaula, con sus aventuras y amores, algunas historias en la obra de Shakespeare e infinidad de novelas y cuentos modernos y contemporáneos. Por último, se debe mencionar que es una obra que se pudo disfrutar en la antigüedad y que se puede disfrutar el día de hoy, porque su tema es sencillo y ameno, además oculta de una manera magistral las influencias de otros autores, por lo que puede leerse como mero entretenimiento sin notar que viene de una lengua, lugar y tiempo tan distante.

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