“Alumno:   El mismo [Sócrates] observaba los cursos y los

ciclos de la luna, después, ya de noche,

una salamandra desde el techo lo defecó

mientras  él  estaba boquiabierto”.

[Aristófanes, Las nubes., 171-173]

Sócrates es el filósofo obligado a estudiar para los que escogimos la vocación filosófica. El estudio de su pensamiento es demasiado complejo, desde su visión del hombre, el estudio primordial de la ética, su conceptualización de la virtud y la famosa cuestión de si es posible enseñarse.

Es conocido, por casi todos, que Sócrates fue condenado a muerte y obligado a beber cicuta por orden de un juicio al que fue sujeto. ¿Cuál fue el crimen que cometió el hombre más sabio y justo, según la opinión de Platón[1]?, las acusaciones fueron dos: la impiedad y la corrupción de menores.

¿Quiénes lo acusaron?, un sector de la sociedad ateniense nombrado “los conservadores”[2], aquellos eran los que seguían las viejas opiniones de la kalokagatía épica, reflejada en los poemas de Homero. Homero reflejaba en sus obras que la belleza y la bondad iban de la mano, por lo cual la virtud era hereditaria. Sócrates estuvo en contra[3] de estas opiniones.

¿Qué pensaban aquellas personas conservadoras, Melito, Anito y Licón, quienes hicieron las acusaciones formales en contra de Sócrates?, Platón nos muestra que estos tenían un profundo desprecio hacia las conclusiones socráticas, en especial a la crítica de la posible herencia de la virtud.

No es de mi interés reflejar la vasta herencia socrática, ni mucho menos detenerme en las causas de su juicio, sino el recomendar una brillante comedia titulada las nubes del jocoso Aristófanes. ¿Qué tiene que ver el poeta cómico Aristófanes con el filósofo Sócrates[4]?, la respuesta es simple, las nubes es una comedia donde se parodian los pensamientos y actitudes del filósofo ateniense.

Aristófanes nos muestra a un Sócrates mugroso, harapiento, desarreglado, que se la pasa perdiendo el tiempo en canastos flotantes mientras reflexiona y lo pican las chinches,  y, sobre todo, nos muestra los dos crímenes por los que fue condenado: la impiedad —pues en las nubes Sócrates niega la voluntad de Zeus en el mundo y lo sustituye por el trueno— y la corrupción de menores, pues Filípides contradice y falta el respeto a su padre gracias a las enseñanzas socráticas.

El fin de la obra es un tanto negro y aterrador, pues Estripsiades, padre de Filípides, quema la casa de Sócrates con el propósito de matarlo, ya que es un peligro para la sociedad ateniense. Las nubes nos reflejan tres aspectos fundamentales en la vida de Sócrates: sus dos acusaciones, sus ridiculizados hábitos cotidianos y su condena de muerte.

El texto de Aristófanes es demasiado jocoso, una muy buena recomendación para tener una lectura llena de risas. Asimismo, una buena lección de cómo los entregados a la  filosofía debemos cuidar nuestros actos y pensamientos, no por ser condenados a muerte, sino para no ser ridiculizados; o bien, aprender de Sócrates, quien en la presentación teatral de las nubes estaba en primera fila muriéndose de risa[5].

 

 


[1] Cfr. Platón, Fedón, 118a

[2] Ute Schmidt así nombra al sector de la sociedad ateniense que acusó y condenó a Sócrates. Cfr. Menón, “introducción”, UNAM (BIBLIOTHECA SCRIPTORVM GRAECORVM ET ROMANORVM MEXICANA)

[3] Cfr. Ibíd., passim

[4] Una opinión muy arraigada en las nubes de Aristófanes es que la parodia no es hacia Sócrates, sino a los sofistas. Lo cual me parece erróneo, por las líneas siguientes en el texto.

[5] Séneca¸ De la constancia del sabio. XVIII

Sobre El Autor

Lic. en Filosofía, UNAM. Estudiante de Letras Clásicas.

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